Tuffi Are, director periodístico corporativo de El Deber
Edición "Dat0s 218"
Por: Redacción Dat0s
Febrero 2019

¬ŅCrees en la definici√≥n que hace poco ha hecho una autoridad del Gobierno en sentido de que el trabajo de El Deber es equilibrado? En el Gobierno hay al menos dos lecturas diferentes sobre el desempe√Īo period√≠stico de medios de comunicaci√≥n que no pertenecen a la estructura de propiedad estatal, como es el caso de El Deber. La primera la hemos conocido de manera muy clara despu√©s del refer√©ndum del 21-F cuando una autoridad ministerial incluy√≥ al peri√≥dico en un supuesto "cartel de la mentira", en el contexto de una dolorosa derrota electoral atribuida en gran parte a una supuesta acci√≥n en l√≠nea y coordinada de un grupo de medios de comunicaci√≥n contrarios al Gobierno. El Deber nunca ha integrado ning√ļn cartel, ni tampoco ha coordinado acciones de campa√Īa pol√≠tica partidaria a favor o en contra de alg√ļn candidato o autoridad con medios que no forman parte de su estructura propietaria familiar. Sus principios son los mismos que rigen su labor desde hace m√°s de 65 a√Īos. Pasaron muchos gobiernos estos a√Īos y el diario sobrevivi√≥ a los distintos virajes ideol√≥gicos, a las dictaduras y a los contratiempos que ha vivido siempre nuestra joven democracia.

Por eso, quienes lo definen como parte de un supuesto "cartel de la mentira", desconocen esa conducta y la historia del país y recurre ya a un recurso poco novedoso y efectivo para afectar la credibilidad de un medio, que se mantiene intacta, pese a los errores que se producen en el ejercicio de una profesión tan noble y difícil.  Por otro lado, hay una segunda lectura dentro del Gobierno, un poco más cercana a la realidad, que es la del vicepresidente García Linera, que ha definido a El Deber como un diario opositor, pero que hace el esfuerzo de ser equilibrado, investigar y ofrecer la parte y la contraparte sobre un hecho o una declaración. Discrepo con la definición del vicepresidente de que este es un diario opositor. Este no es oficialista ni opositor, simplemente es un periódico con posición propia. Si está molesta al poder, no es algo que nos preocupa. El Deber ha sido siempre crítico con los poderes nacionales, regionales y municipales, antes y durante la gestión de los actuales gobernantes, entendiendo que estos pasan, pero los diarios quedan. Pluralidad en sus páginas y en sus plataformas es algo que siempre este medio hará el esfuerzo en tener. Rigor y precisión es un mandato ético en El Deber.

¬ŅCu√°les consideras que son los principales desaf√≠os para ejercer un periodismo confiable y cre√≠ble? Los desaf√≠os del periodismo confiable y cre√≠ble son y ser√°n los de siempre. Puede cambiar la tecnolog√≠a, pueden aparecer nuevos medios y plataformas. Sin embargo, el periodismo podr√° conseguir contenidos de calidad si hay garant√≠as democr√°ticas para ejercerlo, si cuenta con buena formaci√≥n de sus profesionales y, ante todo, si consigue independencia econ√≥mica. La independencia editorial¬†depende claramente de la independencia econ√≥mica. En estos tiempos, los tres factores peligran. Los desaf√≠os tienen que ver con conseguir mantener estas tres condiciones.

 

¬ŅCrees que el periodismo en el pa√≠s ha perdido vigor e influencia? El periodismo no ha perdido influencia ni la perder√°. Hay que entender, que la influencia de los medios tradicionales siempre fue, es y ser√° importante, pero tampoco hay que sobrestimarla. No es cierto que los diarios o los canales de televisi√≥n tradicionales han tenido tanto poder como que pueden causar la asunci√≥n o la ca√≠da de gobernantes. Esa fue siempre una conclusi√≥n presuntuosa y hasta soberbia. Tampoco es que los medios ahora son irrelevantes por el cambio del ecosistema de la informaci√≥n con la llegada de los nuevos medios digitales. Hay que relativizar la influencia de los viejos y los nuevos medios, pero tampoco hay que menospreciarla.¬†Eso s√≠, hay un interesante cambio de paradigma, ya que la hegemon√≠a de la producci√≥n y distribuci√≥n de informaci√≥n la han dejado de tener los periodistas para pasar en parte a los ciudadanos, lo que genera muchos resultados positivos, pero tambi√©n algunas inc√≥gnitas.

¬ŅCu√°l es tu opini√≥n sobre el advenimiento de las redes sociales, crees que le han quitado poder al trabajo del periodismo? Una pregunta que no gira solamente en el plano local sino mundial Las redes sociales le han permitido al periodismo aumentar su influencia y a los ciudadanos acceder a un espacio de conversaci√≥n p√ļblica, sin tener que necesitar √ļnicamente los medios tradicionales. Si se considera que en Bolivia el diario de mayor circulaci√≥n era le√≠do antes por 250.000 personas, considerando el √≠ndice de rotaci√≥n, y que ahora con un sitio en la home y una cuenta de Facebook o de Twitter puede ser seguido por casi 1.500.000 personas, su influencia creci√≥ de manera impresionante, as√≠ como aumentaron las oportunidades de que los lectores tengan una mayor incidencia en la agenda de los medios gracias a las redes. Ser√°, sin embargo, muy dif√≠cil que una sola persona supere con una cuenta en redes sociales la influencia de marcas que hace muchos a√Īos producen y emiten informaci√≥n confiable. Esto es claramente constatable en nuestro pa√≠s o en cualquier naci√≥n del mundo.

¬ŅCu√°l crees son los principales retos del periodismo en un a√Īo electoral? Un reto de los medios en un a√Īo electoral es evitar decisiones que comprometan el rigor period√≠stico, solo por afinidades o fobias ideol√≥gicas. Es impensable que un medio no tenga una mirada propia de los candidatos o de la pol√≠tica, porque, no ser√≠a un medio de comunicaci√≥n, sino solo una m√°quina. Hay dos momentos en que la verdad corre el riesgo de ser herida de muerte: durante una guerra y, o, en elecciones. Corresponde blindarse para aguantar duras presiones pol√≠ticas, partidarias, empresariales y hasta ciudadanas, que tratar√°n de empujar a los medios a apoyar o a combatir a alg√ļn candidato. Este a√Īo viviremos tambi√©n una campa√Īa in√©dita por la producci√≥n y circulaci√≥n de noticias falsas, sobre todo en las nuevas redes. Corresponde blindarse con la vieja receta del buen periodismo: dudar de todo, chequear y rechequear una versi√≥n.

 

 

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