La sorpresa de las mujeres de La Paz
Por: Jada Yuan / The New York Times
Abril 2018
Fotografia: Jada Yuan / The New York Times
Escenas de La Paz. En el sentido de las agujas del reloj desde la parte superior derecha: un plato en el restaurante Popular; mujeres en una fiesta celebrada en la Plaza San Francisco; un puesto de frutas en el Mercado Lanza; Lorena Calderón, estudiante de periodismo, en la línea verde del teleférico.

Quiz√° mi visi√≥n estuvo afectada por la falta de ox√≠geno mientras jadeaba y caminaba por las calles de La Paz, la metr√≥poli monta√Īosa que se ubica a 3640 metros sobre el nivel del mar, pero en mi primer paseo por la capital boliviana no estoy segura de haber visto a un solo hombre.

En cambio, las mujeres estaban por todas partes... y de manera gloriosa. La mayoría eran indígenas, de origen aimara y quechua, y proyectaban un resplandor genuino con sus alegres sombreros de bombín, faldas en capas y coloridos bolsos de tela en los que llevaban de todo, desde vegetales hasta bebés colgados de su espalda.

Lorena Calder√≥n, una estudiante de periodismo, dice que ese sombrero tradicional, tambi√©n conocido como bomb√≠n o sombrero de chola pace√Īa, es una reliquia de los ferroviarios brit√°nicos y data de la d√©cada de 1920. Por esos a√Īos lleg√≥ un pedido de sombreros que eran demasiado peque√Īos para las cabezas de los hombres, o el color incorrecto, por lo que el importador les a√Īadi√≥ adornos femeninos y se los vendi√≥ a las mujeres.

Bolivia tiene una poblaci√≥n ind√≠gena mayoritaria que, antes de la elecci√≥n de su actual (y primer) presidente ind√≠gena, Evo Morales, en 2006, era v√≠ctima de la discriminaci√≥n sistem√°tica. Esos sombreros se convirtieron en un signo distintivo de las cholitas (como se les dice a las mujeres ind√≠genas) que se identifican a trav√©s de su vestimenta. "Me siento linda cuando me lo pongo" y "es parte de mi identidad" fueron algunas de las respuestas que me dieron cuando les pregunt√© por sus sombreros que cuestan unos 500 bolivianos (cerca de 73 d√≥lares), lo cual es una peque√Īa fortuna.

Viaj√© a esta ciudad porque estoy en un recorrido de un a√Īo para ir a cada uno de los destinos de los 52 lugares para visitar en 2018 de The New York Times, y La Paz ocupa el lugar 38. Aunque esperaba comprar textiles de alpaca y sufrir de mareos por la altitud, jam√°s imagin√© que mi principal conclusi√≥n sobre ese lugar tendr√≠a que ver con el empoderamiento femenino por la gran importancia del trabajo de las mujeres en toda la cultura local.

Bolivia no es considerado un basti√≥n de la equidad de g√©nero. El pa√≠s tiene la tasa m√°s alta de violencia f√≠sica y sexual contra las mujeres en Am√©rica Latina, seg√ļn un estudio de 2012 realizado por la Organizaci√≥n Panamericana de la Salud. De manera rutinaria, el n√ļmero de feminicidios supera los cien al a√Īo. "Aunque en este momento hay un creciente movimiento feminista de la joven generaci√≥n milenial, a√ļn vivimos en una sociedad machista en la que los maridos asesinan a sus esposas", dijo Carola Andrade, una estudiante de fotoperiodismo, de 22 a√Īos, quien se ofreci√≥ a mostrarme la ciudad. "Pero antes era peor. Creo que con el tiempo lograremos un cambio".

Una peculiaridad de esa desigualdad es que casi todas las industrias turísticas en La Paz parecen ser dominadas por las mujeres. Mientras caminaba por el Mercado Rodríguez, uno de los mercados de comida más grandes de la ciudad, quizá pasé por unos 50 puestos, ninguno de ellos parecía tener un tendero. En otro gran mercado, el Mercado Lanza, todas las personas que vi vendiendo ensaladas de fruta o pan tostado con aguacate eran mujeres.

"Creo que nuestra sociedad nos ha educado pensando que hay cosas que no podemos hacer o que solo los hombres pueden o deben hacer. Eso es evidente en el trabajo, pero tambi√©n en el mercado", dijo Calder√≥n, de 24 a√Īos y quien se convirti√≥ en una de mis gu√≠as. "Yo dir√≠a que se debe a que los hombres se quedan en el campo para trabajar y las mujeres vienen a la ciudad a vender". Los hombres tambi√©n parecen dominar la mayor√≠a de los taxis y microbuses, un transporte grandioso -aunque confuso- por tierra que cuesta casi 30 centavos de d√≥lar por viaje.

Sin embargo, la presencia constante de mujeres sin hombres me pareció increíblemente reconfortante. La ciudad tiene la reputación de incluir carteristas y ladrones (conductores falsos de taxis que llevan a los pasajeros a cajeros automáticos y los obligan a sacar dinero, por ejemplo). Ni una sola vez temí por mi seguridad.

Eso tambi√©n fue cierto en la Feria 16 de Julio, el mercado de pulgas m√°s grande de Bolivia, que se abre los domingos y los jueves en la ciudad vecina de El Alto, adyacente a La Paz. En su mayor parte ind√≠gena, El Alto se ubica en la sierra del Altiplano, arriba de La Paz, que fue construida sobre un ca√Ī√≥n monta√Īoso y no se parece a ninguna ciudad que haya visto antes. Los rascacielos forman una l√≠nea en el fondo del valle. Hay casas en todos los acantilados. Una cima llena de nieve, el Illimani, corona todo el paisaje, como un protectorado.

Un viaje a la Feria en el sistema de transporte Mi Telef√©rico, instalado en 2014, ofrece una vista de toda la ciudad por menos de dos d√≥lares por viaje. Tomamos la l√≠nea roja y luego la azul, solo para admirar la inmensidad del mercado. "Dicen que puedes comprar todo para armar un auto aqu√≠: llantas, partes de motor", dijo Andrade mientras pas√°bamos de un puesto al otro, donde los tenderos ofrec√≠an piezas oxidadas de metal. Resulta que en el mercado tambi√©n se venden autos completos, as√≠ como jugo de ca√Īa, trucha frita y camisetas polo nuevas de Lacoste por 14 bolivianos, o casi dos d√≥lares. Si quieres un feto de llama para ahuyentar la mala suerte, debes ir al Mercado de las Brujas en el centro.

A lo largo de mi visita, conoc√≠ a dos gu√≠as period√≠sticas, Andrade y Calder√≥n; una arquitecta, Bianca Irina Salazar, y Marisa Taha, de 30 a√Īos y una de las chefs de Gustu, el restaurante m√°s famoso de La Paz. Fundado por Claus Meyers, el propietario dan√©s de Noma en Copenhague, Gustu comenz√≥ como una escuela de cocina para ense√Īarles a los bolivianos c√≥mo utilizar los ingredientes locales de manera creativa. Taha fue miembro de la primera generaci√≥n de graduados de la escuela y estudi√≥ cocina en Copenhague; es la √ļnica empleada danesa.

Ella me explic√≥ el men√ļ del restaurante que incluye una brocheta de coraz√≥n de res que t√ļ mismo cocinas en una piedra caliente, cebiche de caim√°n y tacos de hormigas crujientes con una guarnici√≥n de manzana y lechuga. Tuve que cerrar los ojos y apretar la mano de Taha mientras los com√≠a. Mi veredicto es que no est√°n mal, pero yo crec√≠ en el campo as√≠ que tengo recuerdos infantiles muy v√≠vidos sobre insectos que volaban constantemente hacia mi cara o que sub√≠an a mi cama. No estoy segura de poder pasar por esa experiencia espeluznante de nuevo.

En ning√ļn lado es tan evidente el curioso dominio de las mujeres como en las luchas de cholitas, cerca del mercado El Alto en las noches de los domingos y los jueves "Las cholitas comenzaron a luchar porque quer√≠an demostrar que las mujeres son m√°s fuertes que los hombres. La regla m√°s importante es no arrojar cosas a las luchadoras, porque responden y no ser√° nada agradable", anunci√≥ Alba, nuestra gu√≠a, a bordo de un autob√ļs que llev√≥ a casi cuarenta estadounidenses a la secci√≥n VIP. El Alto tambi√©n fue el primer lugar de Bolivia en contratar a una polic√≠a cholita y una presentadora de noticias cholita.

Hace casi diecisiete a√Īos, Juan Mamani, un promotor de luchas, estaba buscando una forma de atraer a la audiencia y se le ocurri√≥ que las mujeres luchadoras con ropa tradicional ser√≠an tan buenas como su otra atracci√≥n: los enanos. Sin embargo, poco despu√©s las cholitas comenzaron a recurrir al cuadril√°tero como una forma de liberar las frustraciones causadas por las humillaciones sufridas en el mundo exterior y en casa. Terminaron por formar su propia liga femenina que visit√© esa noche.

El primer acto: hombres enmascarados que se lanzaban al suelo los unos a los otros. Despu√©s el anunciador present√≥ la atracci√≥n principal. La multitud enloqueci√≥. Por detr√°s de las cortinas, salieron cuatro bailarinas con faldas de hula, quienes abrieron paso a una mujer. Vest√≠a un bomb√≠n y un chal con flecos, del cual se deshizo, al igual que su oponente... despu√©s la multitud grit√≥ "¬°Beso! ¬°Beso!". Se lanzaron contra las cuerdas y tambi√©n al suelo; sus faldas se levantaban en una impresionante muestra de acrobacias coreografiadas y actuaci√≥n. Una llevaba una falda blanca que, seg√ļn lo que descubrieron mis compa√Īeras de fila, siempre significa que esa es la cholita "buena", mientras que el amarillo es para la combatiente "malvada".

Enfrentamiento tras enfrentamiento, el guion siempre era el mismo. Generalmente la mala le daba una paliza a la buena, y despu√©s la buena se recuperaba y venc√≠a a la mala. En general, el √°rbitro se met√≠a demasiado y tambi√©n terminaba en el suelo... pero se lo merec√≠a. Cualquier estadounidense sentado en la primera fila recib√≠a un beso de una de las luchadoras. Cualquier botella al alcance de las artistas terminaba en sus manos, y las participantes les escup√≠an su contenido en el rostro a los asistentes. Los lugare√Īos, sentados en gradas un poco m√°s lejos de la acci√≥n que la secci√≥n VIP, suelen lanzar botellas de pl√°stico al ring. Algunos incluso saltaban de sus asientos e intentaban integrarse a la acci√≥n. Creo que fue la mejor noche del viaje porque, sin importar c√≥mo se desenvolv√≠a el enfrentamiento, una mujer siempre ganaba.

La belleza del Salar de Uyuni

"Les digo a todos los que vienen aquí que vayan a Uyuni", dijo Andrade sobre las salinas más grandes del mundo, un terreno increíble de 10.359 kilómetros cuadrados de tierras planas cubiertas de depósitos minerales de lagos prehistóricos, a unos 3663 metros sobre el nivel del mar.

Los recorridos de tres d√≠as se llenan con meses de anticipaci√≥n, pero el trayecto de un d√≠a que encontr√© en Kanoo Tours fue un deleite asequible. Comenz√≥ con un vuelo de 137 d√≥lares temprano por la ma√Īana (adquirido en las oficinas de Boa Airlines), y para las diez de la ma√Īana ya estaba en un veh√≠culo r√ļstico con otros cinco viajeros y nuestro gu√≠a que hablaba espa√Īol (por 40 d√≥lares al d√≠a; la mitad del precio de uno que hable ingl√©s).

Nos detuvimos para tomar fotos en el Cementerio de Trenes, un lugar de trenes abandonados de principios del siglo XX, pero la mayor parte del tiempo la pasamos sorprendidos por los vastos terrenos de sal, cubiertos de agua superficial, y tan espejeantes y quietos que era dif√≠cil notar d√≥nde terminaba el suelo y comenzaba el cielo. Podr√≠as reconocer el paisaje como el escenario del planeta con suelo blanco y rojo de La guerra de las galaxias: Los √ļltimos jedi.

El autob√ļs de regreso a La Paz,¬†con wifi incluido, cost√≥ 39 d√≥lares por lo que el precio total del viaje fue de poco m√°s de 200 d√≥lares. Si hubiera tomado el autob√ļs tambi√©n de ida, habr√≠an sido cerca de 110 d√≥lares.

Consejos pr√°cticos

  • Bolivia fue el √ļnico pa√≠s suramericano que visit√© donde algunos viajeros deben tener una visa de entrada. No te preocupes: puedes obtener una en el aeropuerto. Trae impresa tu informaci√≥n de hotel y vuelo, una copia de tu pasaporte, fotos y 160 d√≥lares en varios billetes bien cuidados (vi c√≥mo la encargada rechaz√≥ casi todo el efectivo de la mujer que estaba frente a m√≠). De ser necesario, hay ventas de medicamentos para la altitud cerca de las bandas de equipaje.
  • La frontera entre Chile y Bolivia donde est√° el Salar de Uyuni se encuentra en una zona donde no hay se√Īal de internet ni de celular. Para tomar fotograf√≠as con efecto de espejo, ve durante la temporada h√ļmeda, entre diciembre y marzo. Trae zapatos impermeables; la sal parece algod√≥n, pero es doloroso caminar sobre ella. Ponte bloqueador solar en todas partes y usa un sombrero. Prep√°rate para un descenso dr√°stico de temperatura. Trae todo lo que necesites para tomar muchas fotos y dale la c√°mara a tu conductor; son excelentes fot√≥grafos. S√ļbete al toldo de la camioneta durante la puesta de sol: jam√°s lo olvidar√°s.

-----------------------------

Jada Yuan fue elegida de entre miles de solicitantes para ser la viajera encargada de visitar los 52 lugares que recomienda el Times para este 2018. Síguela en Instagram: @alphajada.

 

Comentar
Imprimir
Enviar Articulo

Comentarios sobre el artículo
El contenido de los comentarios es de entera responsabilidad de los usuarios y no reflejan necesariamente la linea editorial de la revista Datos.
Nombre
E-mail
Comentario
Copie el código de seguridad:
 »» 
SUSCRÍBASE AHORA
Ingreso Suscritos
Lo más leido en:
Bolivia
Artículos Relacionados:
An√°lisis
Actualidad