Bibi Anderssen (1935 - 2019). Con 83 años muere la musa de Bergman
Edición "dat0s 221"
Por: Redacción dat0s
Mayo 2019

El pasado 14 de abril los reflectores dejaron de brillar para una de las estrellas rutilantes del séptimo arte. Bibi Anderssen, más conocida como "la musa de Bergman", Una estrella de 83 años vio el interior de un túnel en el que viajó, después de una próspera carrera en el cine, de la mano de grandes directores.  Pasajera de un tranvía, Andersson recorría las estaciones de cada una de las cintas que en vida filmó junto al maestro, Ingmar Bergman y otros directores. Dentro de las más memorables actuaciones, la actriz sueca revivía a su personaje de enfermera, en Persona, donde acompaña a una exitosa celebridad, por un recorrido tortuoso emocional. A continuación se veía a sí misma en el papel de una dulce madre de familia, que ofrece las esperanzas a un forastero melancólico en El séptimo sello.

En otra estación, era una joven virgen que calma la pena de don Juan, en El ojo del Diablo. En Tres almas al desnudo era una madre pura y bella que traía al mundo a un nuevo ser. En la siguiente parada, era la enamorada de un médico, que se proyectaba como un fantasma del amor, en Fresas Salvajes. En El Toque enfrentaba la pérdida de una madre y la sorpresa de una traición. En La pasión de Ana discutía sobre su personaje junto a otros actores.

En un punto más distante del viaje, Andersson aterrizó en Hollywood, al compartir escena junto a Sidney Poitier, en el western,  Duelo en el cañón del diablo. También realizaría una participación importante en Quinteto de Robert Altman y aterrizaría en una historia de espionaje e intrigas en plena Guerra Fría, bajo la batuta de John Huston en La carta del Kremlin. Compartiría créditos  con leyendas como Paul Newman y Steve McQueen. A estas cintas le seguirían las comedias italianas de Alberto Sordi, además de su participación en películas de Alf Sjöberg y Vilgot Sjöman.

Con los años, Andersson se fue retirando del lente cinematográfico para convertirse en directora de obras teatrales de su natal Estocolmo. Así, en las tablas puso lo mejor de su experiencia bajo la dirección de dramas y piezas que llevarían a que su carrera adquiera un valor inestimable. En 1996 publicaría su autobiografía, titulada Un parpadeo. Hasta que en un punto del túnel el tranvía del recuerdo se detuvo para dar lugar a un derrame cerebral, donde los sentidos se obnubilaron y la sangre la dejó postrada en cama e imposibilitada en 2009, hasta sus últimos días,.

El pasado 14 de abril de 2019, la actriz cerró los ojos. Ya sin poder hablar y con una parte paralizada de su cuerpo, desde hace una década, partió a un más allá, al dar descanso a su alma cautiva. La musa etérea y platinada de Bergman se fue de este mundo, dejando en la tierra un legado de películas que la vieron encarnar la versatilidad y el riesgo, en cada uno de sus papeles.

 

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