Las diez mejores series de 2018
Por: Jorge Carrión/ The New York Times
Diciembre 2018
Fotografia: Better Call Saul Credit Nicole Wilder/AMC

Cada a√Īo que pasa es m√°s dif√≠cil hacer una lista de las mejores series del a√Īo, porque la producci√≥n se ha multiplicado exponencialmente y se ha vuelto global, de modo que es casi imposible no ya verlas todas, sino simplemente ver las m√°s interesantes.

Por tercer a√Īo consecutivo (aqu√≠ puedes leer los art√≠culos de diciembre de 2016 y 2017) presentamos una selecci√≥n de las que podr√≠an ser las diez series m√°s representativas de este a√Īo que se acaba. Como novedades se puede destacar que por primera vez incluimos docuseries y una producci√≥n iberoamericana.

[Alerta: en este artículo no hay ninguna comedia, porque se rumorea que su autor no tiene sentido del humor]

10.-Counterpart (Starz)

Creada por Justin Marks y protagonizada por J.K. Simmons en el papel de un cenizo bur√≥crata llamado Howard Silk,¬†que un d√≠a descubre que¬†su alter ego es un tremendo agente secreto, Counterpart es una serie que hibrida el relato de espionaje con la ciencia ficci√≥n de universos alternativos, imaginando una suerte de muro de Berl√≠n subterr√°neo por cuyo paso fronterizo cruzan los agentes y diplom√°ticos de una realidad gemela a la otra (secretas ambas para el com√ļn de los doblemente mortales).

En su primera temporada el complot o las diferencias sociopolíticas y tecnológicas entre ambos mundos se vuelven, capítulo a capítulo, un sofisticado pretexto para explorar las sutilezas del amor, de la bondad, del cinismo o de la maternidad, a través de los personajes bifurcados en dos versiones de ellos mismos.

En el s√©ptimo, su mejor episodio, esa indagaci√≥n nos conduce en forma de retrospectiva a los a√Īos noventa, para que veamos la evoluci√≥n de¬†una agente¬†que fue adiestrada¬†desde ni√Īa para infiltrarse alg√ļn d√≠a al otro lado del espejo. En la mayor√≠a de las series actuales hay un fuerte acento emocional, cuya m√°xima expresi√≥n tal vez sea This is Us, una de las dos grandes herederas de Lost -tanto por su estructura temporal como por su √©nfasis en el pathos- junto con Fringe, que apost√≥ por actualizar el tema del doble tanto con personajes como con mundos y es la madre de Counterpart.

9.-The Fourth State (Showtime)

Para bien o para mal, Estados Unidos sigue siendo central en el imaginario global. Por eso Donald Trump eclipsa a otros presidentes tan turbios y peligrosos como él, desde Vladimir Putin hasta Jair Bolsonaro. The Fourth State es la mejor serie documental que se ha filmado sobre Trump, aunque en ella el multimillonario y político sea más el hilo conductor que el foco del relato. El foco es el diario The New York Times, que -de pronto y contra todo pronóstico- tiene que enfrentarse a la cobertura de una presidencia que considera al periodismo como un enemigo de la democracia (y no como lo que debe ser: su principal aliado).

En cuatro capítulos conceptualmente trepidantes, la realizadora Liz Garbus tiene acceso directo tanto a los reporteros estrella como a los directores de las sedes de Nueva York y de Washington. Escuchándolos y siguiéndolos no solo entendemos mejor los retos que acomete el país durante la que podría ser la peor presidencia de su historia, sino también los desafíos del periodismo en el siglo XXI (la transformación digital, los problemas laborales, la igualdad de género, las redes sociales o la incompatibilidad entre vida familiar y entrega total a una profesión muy demandante).

8.-Succession (HBO)

Me imagino a Jesse Armstrong, el creador de Succession, reunido con su equipo de guionistas en el bar de un hotel de playa. Tras el sexto martini seco,¬†a alguien se le ocurre preguntar: ¬Ņy si mezclamos The Office con El rey Lear? Estalla una gran carcajada. Los rostros se van enfriando. Y comienzan a decir s√≠, s√≠, s√≠, con la cabeza. Porque esa es exactamente la f√≥rmula de la serie m√°s rara y por momentos inc√≥moda de 2018 (si me lo permite Killing Eve).

El argumento es el de la obra de Shakespeare -y el de tantas telenovelas-: un malvado y vigoroso anciano multimillonario, Logan Roy, tiene que decidir qué hace con su imperio económico cuando acusa los primeros síntomas de la senilidad, y sus cuatro hijos, Kendall, Connor, Shiv y Roman, empezarán a conspirar para encontrar su lugar en el reino que se avecina, ya sin monarca.

Pero en paralelo a esa historia de sucesi√≥n, encontramos varias tramas, ubicadas sobre todo en oficinas y en interiores de apartamentos, que por su humor ambiguo recuerdan a The Office (cuya primera temporada sin duda hubiera estado en las listas de mejores series de 2001, si en aquellos a√Īos se hubiera popularizado ya este tonto formato period√≠stico). El resultado es una memorable serie tragic√≥mica que se burla hasta lo indecible de los hijos de pap√°.

7.-El cuento de la criada (HULU)

A medida que pasan los meses, mi opinión sobre la segunda temporada de El cuento de la criada es cada vez menos favorable, a tal punto que si escribiera este artículo en enero o en febrero, tal vez habría desaparecido de la lista. Pero en estos momentos la arriesgada apuesta de Bruce Miller por el terror psicológico me sigue pareciendo ganadora.

En la primera temporada de la adaptaci√≥n de la novela de Margaret Atwood nos encontramos con una ficci√≥n dist√≥pica; pero en esta segunda, el g√©nero predominante es el del terror, con largas escenas que nos han torturado como ningunas otras de la televisi√≥n reciente. La direcci√≥n art√≠stica, el vestuario, la fotograf√≠a y las interpretaciones -lideradas por la extraordinaria Elisabeth Moss- contin√ļan en el nivel de excelencia de la galardonada primera temporada. La expansi√≥n narrativa hacia las colonias y hacia Canad√° tambi√©n est√° brillantemente resuelta.

Pero el capítulo final me sigue pareciendo muy discutible. Como nos explicaron Jordi Balló y Xavier Pérez en Yo ya he estado aquí, una vez que una serie ha creado un mundo se vuelve esclavo de él; pero insistir en la claustrofobia de Gilead durante diez temporadas me parece insostenible. A ver si sobrevivimos a la tercera.

6.-Fauda (Netflix)

Desde The Kingdom, de Lars von Trier, y Twin Peaks, de Mark Frost y David Lynch, las series de televisión han generado miles de universos podridos. Mundos de ficción violentos, oscuros, distópicos. Fauda radicaliza esa tendencia hegemónica, por ser una producción israelí: esa esquizofrénica realidad ha alimentado durante décadas una violencia cotidiana que lo contamina todo, que todo lo pudre y oscurece.

Creada por Lior Raz y Avi Issacharoff a partir de sus experiencias en la unidad Duvdevan del Ejército de Israel, la primera temporada fue escrita por Moshe Zonder y dirigida por Assaf Bernstein; mientras que esta segunda ha sido, en cambio, enteramente escrita por Amir Mann y dirigida por Rotem Shamir. Aunque el equipo creativo sea hebreo, en el elenco abundan los actores de origen árabe.

En su segunda entrega los protagonistas, un equipo de las fuerzas especiales de Israel formado por agentes que hablan¬†indistintamente en¬†los dos idiomas principales del pa√≠s, conocen a fondo la cultura palestina y pueden infiltrarse con facilidad en los Territorios Ocupados; sus antagonistas, miembros de Ham√°s y del Estado Isl√°mico, llevar√°n a sus √ļltimas consecuencias una l√≥gica enferma del asesinato pol√≠tico y de la venganza. El terrorismo de Estado se iguala al terrorismo sin Estado. La serie, binacional y biling√ľe, aunque finalmente israel√≠, retrata el sinsentido de una guerra que solamente produce m√°s guerra. Tras toda esa tortura, mentira y muerte, en la tercera temporada seguro que todo ir√° a peor.

5.-Wild Wild Country (Netflix)

Wild Wild Country ha logrado algo que tal vez ninguna serie documental había conseguido hasta ahora: ser tendencia y conversación mundial.

El proyecto de Maclain y Chapman Way se apoya en dos pilares poderosos: por un lado, horas y horas de grabaciones en v√≠deo de la vida cotidiana en la comunidad que Osho y sus c√≥mplices regentaron durante los a√Īos ochenta en una rec√≥ndita localidad de Estados Unidos donde conviven la meditaci√≥n din√°mica con las discotecas, la vida ut√≥pica con la videovigilancia, el turismo espiritual con las milicias de autodefensa; y por el otro, las entrevistas en el presente tanto a los vecinos ancianos de aquel pueblecito de Oreg√≥n, que de pronto vieron llegar a miles de j√≥venes descalzos a una de las fincas del condado, como a los l√≠deres supervivientes de aquel desaguisado, con la magn√©tica Sheela en su centro. Es ella, y no Osho, quien protagoniza la serie.

No podr√≠a ser de otro modo en la tercera edad de oro de la televisi√≥n, siempre fascinada por los soci√≥patas, psic√≥patas y compa√Ī√≠a. En cinco cap√≠tulos perfectos -y un sexto inexplicablemente dise√Īado como collage de videoclips- Wild Wild Country nos muestra la transici√≥n entre el movimiento hippie y la industria de la felicidad. Un gran documento.

4.-Fari√Īa (Antena 3 / Netflix)

Acostumbrados a los narcotraficantes colombianos y mexicanos de Narcos o Breaking Bad, los gallegos de Fari√Īa nos podr√≠an haber parecido descafeinados.

No asesinan; no ponen bombas; ni siquiera se traicionan brutalmente entre ellos. La historia de c√≥mo un pu√Īado de contrabandistas de tabaco se convirti√≥, durante la d√©cada de los ochenta, en una mafia que lleg√≥ a controlar la entrada a Europa de la mayor parte de la droga americana, sin embargo, consigue seducirnos mediante viejos argumentos desnudos de tiros en la nuca: el joven ambicioso que medra gracias a su determinaci√≥n y a su ingenio; el investigador enfermo que no cesa en su empe√Īo de vencer al mal; la extranjera que inocula en la comunidad tradicional ideas y costumbres distintas; el clan familiar como ecosistema conflictivo y las dificultades para mantener alianzas entre varios clanes, o el paso del caudillismo a la democracia.

Al contrario que en The Wire, Narcos, El Chapo, Breaking Bad y tantas otras series sobre narcotraficantes, en Fari√Īa los j√≥venes no acaban cometiendo parricidio. En Galicia, pese a los cambios, perviven los valores tradicionales. Esta ficci√≥n basada en hechos reales demuestra que se pueden conquistar p√ļblicos a trav√©s de la excelencia, sin necesidad de masacrar.

3.-Il miracolo (SKY)

Despu√©s de Gomorra y de The Young Pope, Il miracolo se puede leer como la s√≠ntesis de las dos grandes series italianas de los √ļltimos a√Īos. Porque la obra del escritor y director Niccol√≤ Ammaniti enfrenta la realidad sociopol√≠tica con la metaf√≠sica, a trav√©s de una instituci√≥n tan emblem√°tica como la Mafia o el Vaticano: la presidencia de la Rep√ļblica.

La historia tiene un detonante extraordinario: una virgen de pl√°stico que llora sangre aparece en el sur del pa√≠s y es trasladada a un almac√©n secreto de la capital. El presidente, por supuesto, no sabe c√≥mo gestionar esa peque√Īa crisis que pone en jaque a la entera realidad.

Drama familiar, ficci√≥n pol√≠tica, relato realista con un √ļnico elemento sobrenatural, Il miracolo radiograf√≠a las contradicciones de sus personajes en el contexto de un pa√≠s que no resuelve sus tensiones fundamentales: la del Estado con la Iglesia y la de las ciudades con el campo. Y confirma a Italia como una nueva potencia en la producci√≥n de series de alta gama (junto a Espa√Īa o Canad√°, y en franca competencia con las tradicionales Gran Breta√Īa, Israel o los pa√≠ses n√≥rdicos).

2.-The Good Fight (CBS)

Dentro de alg√ļn tiempo los historiadores analizar√°n en paralelo la presidencia de Trump y la serie The Good Fight y no dar√°n cr√©dito de c√≥mo esta ficci√≥n supo acompa√Īar, comentar y cuestionar en tiempo real los diversos movimientos del presidente estadounidense, de sus escindidos aliados republicanos y de sus desorientados opositores dem√≥cratas.

Pero más allá de los casos concretos -sobre visas y migración y prostitutas rusas y posibles juicios políticos-, lo que esta segunda temporada de la serie ha conseguido recrear es una atmósfera imposible. Una atmósfera paranoica. Un ambiente tragicómico. Una realidad carnavalesca que camufla un horror insoportable (y que convierte la serie, sí, en una casi comedia).

Porque en gran parte de los capítulos, más allá de alguna carcajada puntual, estás siempre con una sonrisa en la boca que en cualquier momento se deshace en indignación o en tristeza. Así, en esta serie muy entretenida y muy inteligente, el matrimonio King inyecta grandes dosis de ironía y de sarcasmo en la preocupante realidad estadounidense, a modo de balones de oxígeno para sobrevivir.

1.-Better Call Saul (AMC)

Pocas veces las segundas partes fueron mejores que las primeras y, sin embargo, eso es lo que está ocurriendo con las que podrían ser las dos mejores series de este 2018: The Good Fight (secuela de The Good Wife) y Better Call Saul (precuela de Breaking Bad).

La segunda obra maestra de Vince Gilligan y Peter Gould se centra en las miserias de Mike, el expolic√≠a que comienza a colaborar con el poderoso e implacable narcotraficante Gustavo Fring, y -sobre todo- en las de Jimmy McGill, el timador aficionado y abogado de mediopelo que se resiste a asumir su vocaci√≥n ilegal. Si durante las tres primeras temporadas el pulso con su hermano, el ejemplar Chuck McGill, provoc√≥ algunas de las escenas m√°s sutiles y memorables de la historia de la televisi√≥n; en esta cuarta el duelo es explorado con una ambig√ľedad sublime, que conduce a la transformaci√≥n de Jimmy en el Saul Goodman del futuro.

The Good Fight y Better Call Saul tienen otra caracter√≠stica en com√ļn: sus creadores no est√°n recibiendo por sus nuevas propuestas los grandes premios de la industria televisiva que sin duda merecen. Pero sus telespectadores les agradecemos todas esas horas de ficci√≥n √°cida, inteligente, inolvidable.

[Seguro que para much√≠simos lectores tambi√©n podr√≠an estar en la lista de las diez mejores series de 2018 estas otras diez -s√≠, seguimos sin comedias, por el motivo ya mencionado-: Bron Broen, The Americans,¬†The Haunting of Hill House, The Deuce, Trust, Bodyguard, Sharp Objects, The Terror, Wanderlust y Killing Eve (que son comedias extra√Īas, pero comedias al fin y al cabo, pedimos perd√≥n por la contradicci√≥n)]

 

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