Por qué Chernóbil nos fascina
Por: El País
Junio 2019
Fotografia: KOSTIN IGOR AFPFORUM/CONTACTO

No nos separa una fecha redonda del 25 de abril de 1986, cuando uno de los cuatro reactores de una central nuclear de Ucrania empez√≥ a arder; una acumulaci√≥n de vapor lanz√≥ por los aires su revestimiento, de 200 toneladas de hormig√≥n, liberando materiales radiactivos a diestro y siniestro; y el mito del "√°tomo pac√≠fico" gan√≥ un ant√≥nimo para la eternidad: Chern√≥bil. Sin embargo, la proliferaci√≥n de art√≠culos, las reediciones de libros y b√ļsquedas en Google relacionadas con este incidente, el mayor desastre nuclear de la historia, se est√°n disparando ahora, 33 a√Īos despu√©s. Se debe al √©xito de¬†Chernobyl, una miniserie de HBO basada en el libro¬†Voces de Chern√≥bil, de la ganadora del Nobel Svetlana Alexievich, que hoy emite el √ļltimo de sus cinco episodios. La obra -a la que solo el final de¬†Juego de tronos supera en audiencia dentro del cat√°logo de HBO- ha puesto estructura dram√°tica, tono de terror y buena factura a la historia, y resucitado en el proceso una de las cat√°strofes que m√°s han fascinado en la memoria reciente.

No se entiende el magnetismo de Chern√≥bil sin su misterio esencial: la energ√≠a nuclear, eso que la mayor√≠a de los mortales no acaba de comprender. Es bueno (no emite di√≥xido de carbono) pero a la vez pone a la humanidad en grave peligro. "Inspira terror porque la mayor√≠a de las personas desconoce su naturaleza, pero conoce alguno de sus posibles efectos, como el c√°ncer", explica el an√≥nimo ingeniero y jefe de turno de una central nuclear espa√Īola que opera la cuenta de Twitter @OperadorNuclear, que se ha convertido en los a√Īos en divulgador de estas cuestiones. "El miedo a la energ√≠a nuclear creci√≥ durante la Guerra Fr√≠a por su v√≠nculo inicial con las bombas at√≥micas y se foment√≥ por intereses de otras energ√≠as", a√Īade. La radiaci√≥n es un elemento casi de ciencia ficci√≥n. Es invisible, incomprensible para la mayor√≠a y capaz de alterar la esencia de nuestros cuerpos. Es un villano de cuento de terror.

Y ese villano ha tenido otros escenarios: los accidentes nucleares de Three Mile Island (Pensilvania, EE UU, 1979) y Fukushima (Jap√≥n, 2011). Pero Chern√≥bil es especial porque es el mejor retrato hasta la fecha de sus¬†modus operandi: c√≥mo es capaz de propagarse por los organismos y la sociedad. En¬†Manual for Survival: A Chernobyl Guide to the Future, la profesora del MIT Kate Brown describe as√≠ el tradicional desfile del D√≠a de la Victoria que las autoridades sovi√©ticas insistieron en celebrar en Kiev escasos d√≠as despu√©s despu√©s del accidente: "Las cr√≥nicas de ese d√≠a no muestran la acci√≥n de dos millones y medio de pulmones humanos inhalando y exhalando, actuando como un filtro org√°nico gigante. La mitad de las sustancias radiactivas que inhalaron los kievitas se quedaron en sus cuerpos. Las plantas y los √°rboles limpiaron el aire de radiaci√≥n. Cuando las hojas de los √°rboles cayeron en oto√Īo, tuvieron que tratarse como residuos radiactivos".

Que se estuviera celebrando el Día de la Victoria en Kiev, a unos 130 kilómetros de la central nuclear, arriesgando la salud de cientos de miles de personas, recuerda que hay otro gran villano en la historia: unas autoridades poco preparadas para la situación que acaba de desatarse y que conspiraron para esconder el peligro en el que se encuentra la población. No es solo que los bomberos no estuvieran entrenados para enfrentarse al fuego del reactor. Se quitaron los cascos, acalorados, y, a la media hora, estaban vomitando con enormes dolores de cabeza. Uno de ellos, deshidratado, bebió agua radiactiva y se quemó el esófago. Es que al día siguiente nadie en Prípiat, la ciudad en la que se encontraba la central, sabía en qué infierno estaba metido. Un vecino salió a tomar el sol, al ver que cogía moreno con velocidad. Acabó en el hospital. La orden de evacuar la ciudad solo llegó el 15 de mayo, y Prípiat ya estaba vacía para entonces. Los ciudadanos habían velado por sus intereses mejor que el sistema corrupto. Serhii Plohky, profesora de historia de Ucrania en Harvard, alerta en su reciente Chernobyl: History of a nuclear catastrophe que la moraleja real de Chernóbil no son los peligros de átomo, sino los del autoritarismo.

Pero Brown alerta que no podemos ver Chernobyl como un relato soviético. También Hiroshima y Nagasaki sufrieron situaciones parecidas, y el autor de aquellas detonaciones, Estados Unidos, estaba en el bando contrario de la Guerra Fría. Tampoco podemos verlo como algo pasado. Estados Unidos tiene hoy cien reactores; China 39 centrales. El 75% de la energía de Francia es nuclear. Chernóbil es aquel accidente que ocurrió, pero también es el mundo que hemos construido.

 

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