El etnofotógrafo aimara de los Andes
Por: El País
Junio 2017
Fotografia: DAMI√ĀN AYMA ZEPITA
Congreso en el socavón en la ciudad de Oruro, Bolivia, en 1938.

Dami√°n Ayma Zepita naci√≥ en 1921 en el municipio de Toledo, a casi 50 kil√≥metros del departamento de Oruro, en Bolivia. Hasta sus 15 a√Īos no conoci√≥ palabra alguna del castellano, era aimara cerrado. Tuvo una vida laboral polifac√©tica. Se desenvolvi√≥ como agricultor, ganadero, ayudante perforista en la mina y, en su etapa m√°s destacada, como fot√≥grafo, etn√≥grafo, documentalista y retratista. Su hijo, Julio C√©sar Ayma, dice que su padre era "bastante inquieto", siempre con la c√°mara colgada en el cuello. Asemeja a su progenitor a la figura del Quijote, el h√©roe cervantino, por sus ideales y atracci√≥n desinteresada por capturar con su lente la vida rural de la regi√≥n andina de Bolivia durante casi 50 a√Īos.

Desde 1936, cuando agarr√≥ su primera c√°mara a los 16 a√Īos, hasta 1985, Ayma fue incansable. Su hijo recuerda que su padre, a√ļn en sus √ļltimos d√≠as, a sus 77 a√Īos, se mantuvo activo con su c√°mara de la marca Zenit en mano. El primer contacto del personal del Museo Nacional de Etnograf√≠a y Folclore (Musef) con el trabajo del fot√≥grafo aimara fue en 1989. El entonces director de esa instituci√≥n, Luis Oporto, se encontraba en Toledo para registrar la fiesta de San Agust√≠n. No exist√≠an alojamientos en ese entonces, por lo que la autoridad del museo se aloj√≥ en la casa del retratista y se sorprendi√≥ por la calidad de las im√°genes que ten√≠a enfrente. Ese mismo a√Īo la instituci√≥n compr√≥ a Ayma una parte de su colecci√≥n.

Casi 28 a√Īos despu√©s, un equipo del Musef, a cargo de Milton Eyzaguirre, Yenny Espinoza, Ladislao Salazar y Fernando Miranda, se dio a la tarea de seguir los pasos de este fot√≥grafo emp√≠rico. La tarea los llev√≥ a recorrer m√°s de cinco departamentos de Bolivia para dar con la totalidad de su obra: cerca de 18.000 fotograf√≠as. Revisando cada imagen el personal del museo logr√≥ armar uno de los fondos fotogr√°ficos e historiogr√°ficos m√°s importantes de la regi√≥n andina y la cotidianeidad rural, que suma 5.172 unidades documentales en diferentes soportes y formatos visuales.

Otros fot√≥grafos de la √©poca trabajaban en la comodidad de sus estudios, controlando la luz a voluntad, teniendo a disposici√≥n todos los materiales para el registro y revelado de las im√°genes, explica Eyzaguirre. En cambio, Ayma estaba expuesto al sol intenso del altiplano, que durante su etapa m√°s helada es "terriblemente luminoso", al medioambiente y a los cambios dr√°sticos de luz. Cargaba equipos que pesaban hasta 30 kilos, enfrentando largas horas de viaje e incluso d√≠as para llegar a su destino. "Esta destreza es lo que llamar√≠amos pasi√≥n, la cual es el combustible que mueve a los grandes fot√≥grafos por a√Īos, a menudo, por caminos hostiles y solitarios, transportando una profesi√≥n pocas veces comprendida. Para un ind√≠gena humilde llegar a acumular en esos a√Īos tal cantidad de archivos fotogr√°ficos es simplemente admirable", opina sobre Ayma el fotoperiodista Marcelo P√©rez en un art√≠culo.

Trabajo comunitario

El material de Ayma está principalmente ligado a la captura del trabajo en las minas, los movimientos sociales y la agricultura con un énfasis "bastante interesante", dice Eyzaguirre, en el tema de la fiesta y la ritualidad.

En una entrevista a quien fuera uno de los primeros fot√≥grafos de origen aimara, realizada en 1989 -que el museo a√ļn conserva-, este cuenta la ra√≠z de su inter√©s en esos temas. Explica que la vida en el campo se basaba antes en el ayni, entendido en las comunidades ind√≠genas como la ayuda rec√≠proca en el trabajo comunitario, y la celebraci√≥n cada vez que llegaba la cosecha. "Son tradiciones que han ido desapareciendo. Como soy campesino, me gusta mucho la m√ļsica folcl√≥rica, no solo la de Bolivia, sino la de Argentina, Per√ļ y de otras naciones, y por eso he sacado esas fotos, que van a servir en algo a la raza que nosotros pertenecemos: aimaras y quechuas", agrega Ayma.

Son contados los fondos fotogr√°ficos que se preservan en la actualidad del contexto en el que viv√≠an las comunidades aimaras y quechuas hace 50 a√Īos. Fruto de su pasi√≥n y amor por sus ra√≠ces, Ayma vio la importancia de enfocar su mirada a estos pueblos para asegurar su futuro. "Quiz√° una de las cosas que m√°s llama la atenci√≥n es la capacidad de innovar, que demostr√≥ no solo con las c√°maras y las pel√≠culas, sino con t√©cnicas de movimiento y desenfoque -que incluso hoy en d√≠a no resultan del todo f√°ciles-, logrando escapar muchas veces de las restricciones de los formatos antiguos", a√Īade P√©rez.

Es as√≠ que caracter√≠sticas muy propias de las vestimentas, de las tradiciones, del folclore y de la arquitectura permanecen en la memoria hist√≥rica gracias al lente de este fot√≥grafo. Ya sea un retrato -que data de 1949- de la representaci√≥n de una √Īusta, nombre en quechua para las reinas o princesas del imperio Inca, o una foto de una festividad o una infraestructura extinta, destacan su dedicaci√≥n y capacidad como retratista a la hora de componer y prestar atenci√≥n a los detalles. Para Eyzaguirre, este cat√°logo es un homenaje a Ayma, inspirado tambi√©n en la obra del tambi√©n ind√≠gena Mart√≠n Chambi, famoso fot√≥grafo peruano que naci√≥ en 1881. "Ambos documentaron lugares y momentos que describen su entorno social, ambos reponen una historia alternativa, la historia no oficial", finaliza Eyzaguirre.

 

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