Narciso y la autocrítica. Las consecuencias del fenómeno selfie
Por: United Explanations
Enero 2015

Para analizar las formas de interacci√≥n social, y los medios de expresi√≥n de la identidad, el soci√≥logo canadiense¬†Erving Goffman compara en La presentaci√≥n de la persona en la vida cotidiana (1959) la vida social con la dramatizaci√≥n y el teatro, tomando los elementos que componen a este √ļltimo. En la obra hay unos actores, que se ponen una m√°scara dependiendo de la imagen que quieren dar o el rol que representan. Los actores dan cierta informaci√≥n de manera controlada, y emanan otra de manera incontrolada, intentando que su representaci√≥n resulte convincente. Y todo esto se da en un medio o escenario que puede o no ser manipulado para corresponder con la impresi√≥n que su audiencia obtiene, con la intenci√≥n de controlar las impresiones que generan en su p√ļblico (Goffman, 1981).

Si bien la obra de Goffman se concentra en las relaciones presenciales, es perfectamente aplicable al mundo virtual, y es lo que hace en el artículo "Goffman y las redes sociales" el periodista Javier Serrano-Puche (2012).

La banalización de la imagen

La fotografía inmortaliza instantes y detiene momentáneamente la fugacidad del tiempo. Requiere estar en el lugar y el momento adecuado, y hasta la llegada de las cámaras digitales exigía elegir con precisión el objeto, el momento exacto y los detalles técnicos, pues la cantidad de fotos era limitada.

Hoy la fotografía ha sufrido una profunda transformación en la que se ha reemplazado esa limitación por el almacenamiento invisible, y se ha integrado la cámara a dispositivos de uso extendido; hoy para hacer fotos basta un teléfono y mucha gente carga ya una cámara consigo todo el día. Podemos, pues, decir que la fotografía se ha democratizado.

Con la aparici√≥n de las redes sociales y su progresiva adaptaci√≥n al tama√Īo bolsillo (ya se accede m√°s a ellas a trav√©s de dispositivos port√°tiles como¬†smartphones ytablets) la posibilidad de atestiguar con efecto inmediato la presencia en un lugar o acontecimiento y de hacerla validable por los dem√°s se ha convertido en algo normal y cotidiano, susceptible de reflejar la popularidad en la red.

Sin embargo, a menudo la b√ļsqueda de la aprobaci√≥n social es lo que motiva la publicaci√≥n de ciertas fotograf√≠as, y lo que lleva a presentar una imagen idealizada de su "yo".

La sacralización de la apariencia

Lo que hace poco más de un siglo sólo se conseguía a través de los autorretratos ha hecho mucho más frecuente un proceso en el que el sujeto adquiere capacidad reflexiva para verse a sí mismo y para dar sentido a la realidad social que le rodea (Rizo García, 2006 en Serrano-Puche, 2012).

"La fotografía, en cuanto representación del cuerpo, sigue siendo una forma privilegiada de representación de la identidad".

El selfie se ha popularizado con una gran rapidez, y como en los perfiles de las redes sociales, permite elegir de entre un repertorio de fotografías aquella en la que la propia imagen guste más, llegando a presentar versiones mejoradas de uno mismo. Se cuida un ángulo y una pose, resaltando lo que gusta y ocultando lo que no; se proyecta por un instante la imagen de quien se quiere ser.

Convierte por lo tanto al sujeto en un modelo idealizado de si mismo y mistificado por su círculo. Logra que le sean atribuidas cualidades específicas o excepcionales. El selfie inmortaliza un momento, y permite compartirlo, aunque lo haga jugando a seducir y provocar el deseo de una audiencia determinada.

La modernidad l√≠quida, como define¬†Bauman (2000) la actualidad por la velocidad e imprevisibilidad de los cambios, se caracteriza por generar un vac√≠o en los sujetos, que carentes de una estructura s√≥lida, deben construir su identidad en lo que autores posmodernos llaman los procesos de personalizaci√≥n. Y estos implican a su vez la disoluci√≥n de unas fronteras claras entre lo p√ļblico, lo privado y lo √≠ntimo (Serrano-Puche, 2012), llevando a las personas a sentirse protagonistas ante la observaci√≥n externa.

Cuenta la mitología grecorromana que Narciso murió ahogado tras caer al arroyo en el que miraba, absorto, su reflejo, y que en el lugar en que murió apareció la flor que lleva su nombre. Hoy, el uso del término "narcisismo" se ha extendido en los estudios sociales para referirse precisamente al fenómeno de la satisfacción de la identidad a través del consumismo hedonista, y al trabajo por la imagen pretendida y la percibida por los demás.

Pese a haber sido cuestionado en medios como el¬†Washinton Post, en Estados Unidos los cirujanos pl√°sticos han detectado un aumento del 25% en la demanda de operaciones est√©ticas en¬†los √ļltimos dos a√Īos, as√≠ como una reducci√≥n en la edad de las pacientes; en Espa√Īa el incremento se sit√ļa en un 18% y el fen√≥meno selfie es mencionado como reclamo en anuncios de cirug√≠a.

De semejante aumento se puede inferir que más que a problemas físicos de nacimiento o como consecuencia de accidentes, se trata de un aumento en la percepción negativa de uno mismo, es decir, que hay un fortalecimiento de los complejos y un debilitamiento de la autoestima y la aceptación a partir de la imagen que se ofrece al mundo.

Lejos de morir en el culto al "yo", improbable, la historia nos da lecciones que, aunque vengan en forma de metáfora deberían ser tomadas mínimamente en cuenta, como que no hace falta ahogarse para florecer.

 

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