Por qué ser una zorra es malo y ser un zorro es bueno
Por: El País
Junio 2015

"Siendo un zorro un hombre astuto, una¬†zorra es una prostituta. Y, por supuesto, nada tiene que ver un respetable hombre p√ļblico con una¬†mujer p√ļblica, una prostituta. Es que, adem√°s, un fulano es alguien sin identificar, mientras que unafulana es una prostituta; un golfo es un pillo, un juerguista, en cambio una¬†golfa es una prostituta; un cualquiera es un pobre don nadie, mientras que una¬†cualquiera es una prostituta; y aquel que no tiene un destino determinado y est√° perdido nos produce cierta aflicci√≥n, mientras que una¬†perdida es una prostituta. Y no teniendo lobo atisbo de menosprecio, una loba puede ser desde una¬†femme fatale, devoradora de hombres, hasta -¬°c√≥mo no!-¬†una prostituta... ¬°Qu√© obsesiones contin√ļan adheridas a nuestra cultura para que tantas palabras de uso com√ļn, en femenino, designen invariablemente a una prostituta! Y para rematar, cuando se quiere acentuar que algo no solo es malo, sino p√©simo, pues ya se sabe: esto es una¬†puta mierda o esto est√° de¬†puta pena".

Con estas palabras hace referencia Mar√≠a Irazusta (autora de¬†Las 101 cagadas del espa√Īol) al "insultante sexismo" en su √ļltimo libro, una biblia del insulto titulada¬†Eso lo ser√° tu madre (Espasa). Un cap√≠tulo que invita a reabrir el debate entorno al sexismo ling√ľ√≠stico, una pol√©mica que si bien no es nueva y lleva abord√°ndose en nuestro pa√≠s desde los a√Īos setenta, sigue precisando de mucha atenci√≥n y recuerda la necesidad de reflexionar cuando utilizamos determinadas palabras de las que se desprende una marcada discriminaci√≥n hacia las mujeres. Susana Guerrero Salazar, Profesora de lengua de la Universidad de M√°laga y autora de diversas publicaciones que abordan la relaci√≥n entre mujer y l√©xico, as√≠ lo ratifica a¬†S Moda: "La gente desconoce el tema del sexismo ling√ľ√≠stico y parte de muchos prejuicios. La mayor√≠a piensan que utilizar un lenguaje igualitario es desdoblar constantemente (queridos y queridas; amigos y amigas...). Pero eso es solo una de las muchas t√°cticas que existen y precisamente no es una de las m√°s recomendables.¬†Pensar que el lenguaje igualitario es el desdoblamiento es como decir que una gota de agua es el oc√©ano", afirma la experta.

Si insultar tiene el cometido de ofender a alguien d√°ndole donde m√°s duele, analizar el sinn√ļmero de palabras que en castellano sirven para tachar a las mujeres de putas (existen m√°s de 50 t√©rminos que van desde fulana a meretriz pasando por mujerzuela, lumi, ramera o pelandusca) nos ayuda a hacernos una idea de lo que la sociedad espera de ellas. La falta de pureza y decencia son el blanco principal de los improperios dirigidos a las mujeres porque son cualidades que tradicionalmente se les ha exigido poseer. Pero incluso cuando el agravio va dirigido a un hombre, terminan siendo las afectadas las f√©minas que forman parte de su vida. ¬ŅCu√°ntas veces son mentadas, por ejemplo en un campo de f√ļtbol, las madres y novias de los jugadores?, ¬Ņen cu√°ntas ocasiones utilizamos¬†nenaza, maricona o cualquier otra palabra en g√©nero femenino para aumentar el tama√Īo de la ofensa?

M√°s all√° de los insultos y tacos, la imagen estereotipada y negativa de las mujeres se extiende al refranero (La mujer que no es hacendosa, o puta o golosa), los neologismos o los eufemismos y llega a expresiones tan coloquiales y repetidas como "esto es un co√Īazo".¬†El hombre, sin embargo, sale bastante mejor parado. Sus genitales tienen connotaciones positivas ("esto es la polla", "esto es cojonudo" o "poner los cojones sobre la mesa"), los refranes reafirman su supremac√≠a frente a la mujere incluso hacen apolog√≠a de la violencia de g√©nero (A la mujer y a la burra, cada d√≠a una zurra), ciertas palabras tienen distintas connotaciones dependiendo del sexo al que hagan referencia (gobernante/gobernanta, verdulero/verdulera, secretario/secretaria) y hasta los animales salen ganando cuando se escriben en masculino (un gallo es un hombre fuerte y valiente, mientras que un gallina define a una persona cobarde, pusil√°nime y t√≠mida).

Todo ello alimenta el debate de si el castellano es o no un idioma machista. Guerrero Salazar lo tiene claro:¬†"La lengua espa√Īola no es machista, como no es racista, ni hom√≥foba. Es el uso que hacemos de ella lo que determina el car√°cter del discurso. Es una herramienta y, como tal, podemos utilizarla bien o no. Por tanto, reflexionar sobre la lengua desde la perspectiva de g√©nero sirve para aprender a evitar los usos sexistas". Aunque el Diccionario de la Real Academia Espa√Īola (DRAE) ha hecho desaparecer algunas de las acepciones machistas m√°s denostadas en su √ļltima edici√≥n (lo femenino ya no equivale a d√©bil y endeble; gozar ha dejado de ser "conocer carnalmente a una mujer" y se es igual de hu√©rfano tanto si se ha perdido al padre como a la madre), a√ļn hay infinitas referencias sexistas y palabras discriminatorias. Guerrero Salazar, al igual que m√ļltiples expertos en lengua, defiende que la soluci√≥n para poner fin a este problema no es suprimirlas de golpe y porrazo del diccionario. "Los cambios ling√ľ√≠sticos no deben obedecer a imposiciones, sino a la marcha natural de las lenguas vivas que, como tales, se adaptan a los cambios sociales. Por ello, han surgido tantas feminizaciones (bombera, arquitecta, m√©dica...), cambios de significados en las palabras (alcaldesa ya no es la mujer del alcalde, ni jueza la mujer del juez) que dan cuenta de la nueva manera en que estamos las mujeres en la sociedad. Pero¬†si zorra se emplea con un significado despectivo, el diccionario no puede obviarlo aunque deber√≠a poner una marca en la palabra que indique su uso despectivo. Otra cosa son las acepciones que se mantienen y que ya est√°n desfasadas. Esas s√≠ que deber√≠an suprimirse", argumenta.

En un momento en el que el debate feminista lo invade todo se hace fundamental reivindicar que el lenguaje, principal instrumento para expresar las ideas y reflejar la cultura de un determinado lugar en una situación concreta, vaya evolucionando y dejando en desuso las palabras que alimentan las diferencias entre hombres y mujeres. Si el diccionario es un reflejo de la realidad y del lenguaje que utilizan sus hablantes podemos empezar por "poner los ovarios sobre la mesa", utilizar zorra para destacar lo lista que es nuestra vecina del quinto sin importarnos con quien se acueste o darle un poco al coco e inventarnos una correspondencia femenina para palabras que no la tienen como hombría o caballerosidad. Quizá aparezcan registradas en la próxima edición del diccionario de referencia.

 

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