Subastan el manuscrito del m√°s bello de los discursos del Nobel de Literatura
Abril 2013
Discurso Faulkner

20minutos.es.- No son simples folios, manuscritos y mecanografiados en papel con membrete del hotel Algonquinde Nueva York: es el original de uno de los m√°s bellos y profundos discuros de aceptaci√≥n del Nobel de Literatura. Lo escribi√≥ William Faulkner unos d√≠as antes de salir para Noruega, donde le entegaron el galard√≥n en 1950 por su "poderosa y art√≠stica contribuci√≥n √ļnica a la novela moderna estadounidense".

 

Junto con otros materiales del escritor (cartas, originales, fotos...), el manuscrito será subastado en junio en Nueva York en un lote que la casa Sotheby's calcula que alcanzará un precio de al menosdos millones de dólares, algo más de 1,5 millones de euros. Me importan muy poco la tasación y los intereses o necesidades monetarias de los herederos del escritor. Las palabras no mueren cuando son vendidas.

Cuando Faulkner escribi√≥ el discurso ten√≠a 48 a√Īos, ya hab√≠a publicado casi todas sus grandes obras -El sonido y la furia (1929), Santuario (1931), Palmeras salvajes (1939), buena parte de los relatos y s√≥lo se guardaba en la manga parte de la subyugante trilog√≠a de los Snopes-, sufrido la penosa condici√≥n de tener que ganarse la vida como guionista mercenario en Hollywood y bebido el whisky necesario, que fue mucho, para entender que "lo m√°s triste es que la √ļnica cosa que se puede hacer durante ocho horas al d√≠a es trabajar" y que "se puede confiar en las malas personas... No cambian jam√°s". Faltaban nueve a√Īos para el acccidente acuestre que le dej√≥ lisiado y roto y¬† doce para el infarto que lo matar√≠a en 1962.

El discurso de Faulkner en Estocolmo al recibir el Nobel -aquí está grabado en audio- fue pronunciado en voz trémula por una persona tímida e insegura pese a la apariencia tajante de su narrativa. Ya sabía, como declaró en alguna ocasión, que "un hombre es la suma de sus desdichas. Se podría creer que la desdicha terminará un día por cansarse, pero entonces es el tiempo el que se convierte en nuestra desdicha".

Ante los académicos suecos y la realeza vestida de culta, el escritor de la complejidad del alma -quizá el primer novelista postmoderno- habló en favor de la necesidad de documentar la tragedia existencial como escarmiento contra la necedad de la vida, enarboló la literatura como proyección de la defensa del ser humano y se negó a aceptar que nos sojuzguen mediante el miedo.

Copio parte del discurso. Es una de esas piezas que no tienen tiempo:

Creo que este honor no se confiere a mi persona sino a mi obra, la obra de toda una vida en la agon√≠a y vicisitudes del esp√≠ritu humano, no por gloria ni en absoluto por lucro sino por crear de los elementos del esp√≠ritu humano algo que no exist√≠a. De manera que esta distinci√≥n es m√≠a solo en calidad de dep√≥sito. No ser√° dif√≠cil encontrar, para la parte monetaria que entra√Īa, un destino acorde con los elevados prop√≥sitos de su origen.

Pero tambi√©n me gustar√≠a hacer lo mismo con el renombre, aprovechando este momento como pin√°culo desde el cual me escuchen los hombres y mujeres j√≥venes que se dedican a la misma lucha y afanes entre los cuales ya hay uno que alg√ļn d√≠a se parar√° aqu√≠ donde yo estoy.

Nuestra tragedia actual es un temor general en todo el mundo, sufrido por tan largo tiempo que ya hemos aprendido a soportarlo. Ya no existen problemas del esp√≠ritu; s√≥lo queda esta interrogante: ¬ŅCu√°ndo estallar√©? A causa de ella, el escritor o escritora joven de hoy ha olvidado los problemas de los sentimientos contradictorios del coraz√≥n humano, que por s√≠ solos pueden ser tema de buena literatura, ya que √ļnicamente sobre ellos vale la pena de escribir y justifican la agon√≠a y los afanes.

Ese escritor joven debe compenetrarse nuevamente de ellos. Aprender que la máxima debilidad es sentirse temeroso; y después de aprenderlo olvidar ese temor para siempre, no dejar lugar en su arsenal de escritor sino para las antiguas verdades y realidades del corazón, las eternas verdades universales sin las cuales toda historia es efímera y predestinada al fracaso: amor y honor, piedad y orgullo, compasión y sacrificio.

Mientras no lo haga así continuará trabajando bajo una maldición. No escribirá de amor sino de sensualidad, de derrotas en que nadie pierde nada de valor, de victorias sin esperanzas y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Sus penas no serán penas universales y no dejarán huella. No escribirá acerca del corazón sino de las glándulas.

Mientras no capte de nuevo estas cosas, continuar√° escribiendo como si estuviera entre los hombres s√≥lo observando el fin de la Humanidad. Yo reh√ļso aceptar el fin de la Humanidad.

Es f√°cil decir que el hombre es inmortal porque perdurar√°; que cuando haya sonado la √ļltima clarinada de la destrucci√≥n y su eco se haya apagado entre las √ļltimas rocas inservibles que deja la marea y que enrojecen los rayos del crep√ļsculo, aun entonces se escuchar√° otro sonido: el de su voz d√©bil e inextinguible todav√≠a hablando.

También me niego a aceptar esto.

Creo que el hombre no perdurar√° simplemente sino que prevalecer√°. Creo que es inmortal no por ser la √ļnica criatura que tiene voz inextinguible sino porque tiene un alma, un esp√≠ritu capaz de compasi√≥n, de sacrificio y de perseverancia.

El deber del poeta y del escritor es escribir sobre estos atributos. Ambos tienen el privilegio de ayudar al hombre a perseverar, exaltando su corazón, recordándole el ánimo y el honor, la esperanza y el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han sido la gloria de su pasado.

La voz del poeta no debe relatar simplemente la historia del hombre, puede servirle de apoyo, ser una de las columnas que lo sostengan para perseverar y prevalecer.

Tantas veces acusado de complejo por los admiradores de su rival Ernest Hemingway, tantas veces reducido a fórmula por necios académicos que analizan sus obras desde los dictados materialistas-asesinos de la Escuela de Frankfurt, Faulkner habló como hubiera hablado mi abuela, la abuela de cualquiera de ustedes, sobre obligaciones morales, alegría y desdicha, amanecer y muerte.

Con el dinero que acompa√Īaba al galard√≥n, el escritor ayud√≥ a establecer el premio PEN / Faulkner para j√≥venes con pasiones literarias. La fama que lleg√≥ con el Nobel, tard√≠a y falseada por los piropos de la publicidad, le quemaba las manos. Su hija supo del premio a los 17 a√Īos en una conversaci√≥n de instituto. El padre nunca le hab√≠a dicho que era la hija de un Nobel.

 

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