Brasil impredecible: ¬ŅF√ļtbol o protesta?
Por: Eric Nepomuceno - P√°gina 12
Junio 2014

Las manifestaciones contra la realizaci√≥n de la Copa del Mundo en Brasil no tendr√°n las dimensiones de las que sacudieron al pa√≠s hace un a√Īo, cuando se llev√≥ a cabo esa especie de previa del Mundial que es la Copa de las Confederaciones. En aquella ocasi√≥n, todos en Brasil, lo que incluye a gobierno y oposici√≥n, se sorprendieron con las dimensiones y con el grado de violencia de manifestaciones que llevaron a centenares de miles de brasile√Īos a las calles de las ciudades del pa√≠s.

Adem√°s, el gobierno logr√≥ ahora organizar un esquema de seguridad apto para garantizar el orden y aislar a eventuales brotes puntuales de violencia. Los responsables de la realizaci√≥n del evento pueden tranquilizarse, al menos en lo que se refiere a la cuesti√≥n del orden p√ļblico. Esa conclusi√≥n y ese anuncio partieron, por supuesto, del gobierno. Porque nadie m√°s se animar√≠a, en el actual escenario, a decir lo mismo. Faltando menos de diez d√≠as para que empiece la Copa, la contabilidad de las √ļltimas semanas registra un n√ļmero creciente de huelgas que, pese a ser convocadas por disidencias francamente minoritarias de sindicatos, logran paralizar las principales ciudades brasile√Īas. En al menos un caso -Recife, capital de Pernambuco- una huelga policial produjo, hace dos semanas, un escenario de guerra, con saqueos, asaltos por todas las partes, comercio cerrado, clases suspendidas.

Es verdad que las marchas y manifestaciones convocadas espec√≠ficamente para protestar contra la realizaci√≥n de la Copa y contra los gastos abusivos vienen mostrando, al menos hasta ahora, un poder de movilizaci√≥n bastante reducido. Pero es igualmente verdad que huelgas inesperadas y que tienen por bandera temas tan vagos como "mejores condiciones de trabajo" se multiplican por doquier, y con fuertes consecuencias sobre el cotidiano de la gente. Algunas, como la de los transportes p√ļblicos de R√≠o y de San Pablo, sorprenden por su capacidad de literalmente paralizar las dos mayores ciudades sudamericanas. Y est√°n los maestros de escuelas p√ļblicas, y los guardias privados de seguridad de los bancos, y un largo y en permanente ebullici√≥n etc√©tera.

No hay un solo indicio creíble y palpable de que ese panorama cambie para mejor de aquí al jueves, 12 de junio, cuando Brasil y Croacia disputarán el partido inaugural de un torneo que irá a durar un mes.

En ese intervalo seguir√°n las denuncias, muy bien respaldadas por datos concretos, indicando que hubo robo expl√≠cito en la construcci√≥n y reforma de estadios, cuyos valores han sido francamente manipulados. Seguir√°n las quejas de que la fortuna invertida en la realizaci√≥n del Mundial deber√≠a haber sido destinada a sanar problemas cr√≥nicos en la salud p√ļblica, en la educaci√≥n, en el transporte.

Por m√°s que el gobierno muestre, y con raz√≥n, que los recursos invertidos en la Copa son √≠nfimos en comparaci√≥n con el PIB nacional, esa cr√≠tica persistir√°. Es que los brasile√Īos tienen toda la raz√≥n del mundo para protestar contra la p√©sima calidad de esos y otros servicios p√ļblicos. Cuando se tiene, por un lado, a un gobierno que, pese a todas sus buenas realizaciones, no logra establecer un canal de di√°logo con la opini√≥n p√ļblica, y por otro, a un conglomerado de medios de comunicaci√≥n que se esmeran para ocultar lo bueno y reforzar lo malo de ese mismo gobierno (y, a falta de errores concretos, inventa otros, abstractos), se llega a la receta casi perfecta para establecer un clima generalizado de confusi√≥n. Y si se agrega a ese cuadro un sistema pol√≠tico basado en el trueque de intereses mezquinos, y no en convergencia de propuestas, la perfecci√≥n es alcanzada.

De aqu√≠ a mediados de julio habr√° Copa y tensiones, desde las habituales en esa disputa que involucra al f√ļtbol, pasi√≥n nacional absoluta, hasta las otras, las tensiones causadas por esa rara expectativa de que algo serio y grave podr√° ocurrir en las calles de cualquier ciudad del pa√≠s m√°s futbolero del mundo.

Luego vendr√° la campa√Īa electoral, y despu√©s las elecciones, y sabremos qui√©n habr√° de gobernar nuestros estados, quienes ser√°n los se√Īores legisladores y quien presidir√° a todos nosotros hasta 2019.

Todo eso parece muy lógico, muy bien programado.

Pero hay una pregunta que nadie contesta: ¬ŅD√≥nde est√° la alegr√≠a de la v√≠spera, que siempre fue caracter√≠stica de los brasile√Īos a cada Mundial? ¬ŅD√≥nde las calles coloridas para esperar a la fiesta? ¬ŅD√≥nde aquella esperanza casi infantil de que otra vez dejaremos bien clarito que cuando se trata de f√ļtbol somos los mejores no del mundo, pero de todas las galaxias?

Por d√©cadas y d√©cadas, el pa√≠s vivi√≥ el sue√Īo de volver a ser escenario de un Mundial. Bueno, el torneo empieza dentro de escasos d√≠as. Es, o deber√≠a ser, la mayor fiesta del planeta, esperada desde hace al menos 64 a√Īos.

¬ŅHabr√° fiesta?

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