Bolt, ansiedad, frustración y gloria
Por: El País
Agosto 2016
Fotografia: Getty Images

En su √ļltima victoria ol√≠mpica en solitario, el jamaicano corre para batir su r√©cord del mundo de los 200m, pero el cuerpo le dice no

Antes de la carrera, Usain Bolt baila salsa feliz, un ni√Īo. Por los pasillos, los √ļltimos turistas corren como locos, del bar a las gradas, batiendo r√©cords con grandes pintas de cerveza que no derraman. Es un d√≠a grande. Es Bolt.

El domingo, cuando la llama se apague, Bolt cumplir√° 30 a√Īos; el jueves corri√≥ como si los hubiera cumplido ya. Como quien sabe que la juventud y la plenitud atl√©tica se escapan para siempre y quiere atraparlas. Y cuando alarga la mano y la cierra, y piensa que ya las tiene de vuelta, como el iluso que no caza una mosca, cuando la abre de nuevo solo ve aire. El grito de frustraci√≥n de Bolt, ahogado por el clamor del estadio, naci√≥ cuando en su √ļltimo esfuerzo, antes de lanzar el pecho sobre la l√≠nea, gir√≥ el cuello como es su costumbre para mirar el cron√≥metro al borde de la pista. Es un movimiento que tiene tan entrenado como su t√©cnica de zancada, sus rodillas altas, el torso vertical, la cadera bien arriba, como todas sus mec√°nicas. Los m√ļsculos faciales ya empiezan a relajarse y √©l, anticipando el placer que le propondr√° el cron√≥metro, lleva la sonrisa presta. Soy el m√°s grande, quiere decir, quiere sentirlo. Es su alimento. El azucarillo que premia sus sacrificios. En su √ļltima carrera ol√≠mpica en solitario, en su √ļltima victoria, la sonrisa fue una mueca de dolor, un grito. Un gesto nada m√°s cruzar la l√≠nea. Unas gotas de lluvia que salpican. Que recuerdan que la pista estaba h√ļmeda. Un tiempo. 19,78s (-0,5 m/s). La misma marca que el d√≠a anterior, en semifinales. Por primera vez en su carrera, en la final no mejor√≥ la marca del d√≠a anterior. En su √ļltima prueba, esa costumbre era una obligaci√≥n.

Para alcanzar su tercer t√≠tulo ol√≠mpico consecutivo en 200m, y otros tres en los 100m, un logro tan imposible que nadie lo hab√≠a podido hacer antes y quiz√°s nadie podr√° hacerlo despu√©s, Bolt hab√≠a salido mejor que nunca, hab√≠a devorado la curva y con ella a uno de sus coristas, al norteamericano LaShawn Merrit, que corr√≠a por su interior, por la calle cinco, e intent√≥ seguir el ritmo desenfrenado de la ansiedad de Bolt, que buscaba, si no el r√©cord, una marca que dejara huella, no una victoria m√°s, una victoria aplastante. Desembarc√≥ en la recta con la ventaja de siempre, con algo m√°s incluso. El estadio estaba puesto en pie, mirando, alternativamente a la recta y al cron√≥metro. Esperando el momento de todos los Bolts en todos sus 200m, el momento en que los rivales desaparecen, exhaustos, en la lejan√≠a y, como propulsado por un resorte, siempre se dice que como el turbo de un coche, Bolt se lanza hacia adelante y acelera y acelera ya celera hasta la luna. Ese momento no lleg√≥. El p√ļblico grit√≥ porque Bolt, como siempre, gan√≥. Bolt grit√≥ porque en vez de irse lejos, sinti√≥ que detr√°s de √©l los secundarios se acercaban, reduc√≠an la ventaja.

"En la recta, el cuerpo no me ha respondido", dijo. "Me estoy haciendo viejo". Por primera vez en su carrera, quiz√°s, su cuerpo no hab√≠a respondido a los est√≠mulos que le hab√≠a lanzado. Bolt es el maestro del tiempo, pero no su due√Īo.

A su espalda hab√≠a una persona hundida, Merrit, que hab√≠a llegado a por los 200m y los 400m y se fue con el bronce en la vuelta a la pista y un sexto puesto en la media pista con una marca mediocre para su potencial (20,19s). Hab√≠a una persona feliz, el franc√©s Christophe Lemaitre, renacido a los 26 a√Īos, liberado. Cuando pudo correr sin presi√≥n externa, nadie le exig√≠a nada, cuando nadie esperaba nada de √©l, cuando no ha vuelto a correr como hace unos a√Īos, cuando baj√≥ de los 10s y de los 20s, logr√≥ la medalla de bronce. Lo con 20,12s, la misma marca de Bruno Hortelano en series, por solo tres mil√©simas de segundo sobre otro europeo, el brit√°nico Adam Gemili, cuarto, y por seis sobre el inevitable holand√©s Churandy Martina. Hab√≠a un atleta agridulce, el canadiense Andre Grasse, el mismo que juguete√≥ con Bolt en semifinales para batir el r√©cord de su pa√≠s (19,80). En la final volvi√≥ a quedar segundo, pero con 20, 02s. "Estoy contento con dos medallas", dijo De Grasse, bronce en los 100m hace una semana. "Pero me podr√≠a haber ido mejor".

La frustraci√≥n por la ansiedad no calmada le dur√≥ segundos al jamaicano, pocos m√°s que le tiempo de sus 200m. Los automatismos funcionan as√≠. Una vez digerida la frustraci√≥n Bolt no pod√≠a ser tan cenutrio como para negarse la gloria de su despedida. "S√≠, pienso que ha sido la √ļltima", dijo. "Quiero decir que no volver√© a los Juegos".

"Soy el m√°s grande"

Son√≥ reggae en el estadio. Bolt bail√≥. Dio la vuelta de honor. Se rindi√≥ al griter√≠o del p√ļblico loco, que no le reclama marcas, que solo quiere verlo, tocarlo, fotografiarlo en las poses m√°s extra√Īas, m√°s divertidas.

"No necesito probar nada m√°s", dijo. "¬ŅQu√© m√°s tengo que probar?. Soy el m√°s grande". Solo Muhammad Ali se atrevi√≥ a decirlo. Solo a Muhammad Ali ten√≠a derecho a ese tratamiento, the greatest, que Bolt, tres medallas de oro en los 100m, tres medallas de oro en los 200m, el hombre m√°s r√°pido del mundo desde hace ocho a√Īos, reclam√≥ para s√≠. El p√ļblico, fren√©tico detr√°s de sus m√≥viles enfocados hacia la pista, se lo concedi√≥.

"Que Ali y Pelé me abran un hueco", dijo.

Sobre la l√≠nea meta pos√≥ bajo la llovizna, el agua escupida desde arriba, abri√©ndose de brazos, el m√°s grande, y haciendo su gesto, el rayo. Luego, se arrodill√≥. Bajo la cabeza y con los labios bes√≥ la pista azul de su √ļltima carrera ol√≠mpica en solitario.

Volver√° el viernes para el relevo, para la gran despedida, para la que quiz√°s, dado el potencial de Estados Unidos, sea su primera derrota.

"HE TRABAJADO SOLO PARA PODER DECIR QUE SOY EL M√ĀS GRANDE"

Ya en el momento de su despedida, despu√©s de besar la pista azul de R√≠o, el viejo Usain Bolt al borde de la retirada empez√≥ a reflexionar sobre la posici√≥n que ocupa en la historia mundial del deporte, el leitmotiv alrededor del cual ha girado su carrera desde el √ļltimo d√≠a de mayo de 2008, el d√≠a en el que bajo una tormenta anticipadora bati√≥ en Nueva York ante Tyson Gay el r√©cord del mundo de los 100m por primera vez. Desde entonces, desde hace m√°s de ocho a√Īos, Bolt ha sido el m√°s r√°pido de la historia. "He venido a R√≠o para probar al mundo que soy el m√°s grande, y lo he hecho", dijo despu√©s de cerrar con el 200m su segundo triple doble, lo que nadie ha conseguido antes: tres veces seguidas campe√≥n ol√≠mpico de 100m y de 200m. "Por eso he dicho que son mis √ļltimos Juegos. He trabajado toda mi carrera solo por este momento, para que se acuerden de m√≠ como el m√°s grande".

Su voz grave, amplificada y elevada, llena el gran sal√≥n de la zona mixta desde un gigantesco altavoz. El momento adquiere la p√°tina de una ceremonia religiosa. "He devuelto la emoci√≥n al atletismo. He devuelto a la gente las ganas de ver atletismo. He puesto al atletismo sobre un pedestal. No necesito hacer m√°s", dice Bolt, que recuerda su carrera limitada a pocas competiciones al a√Īo por diversas lesiones nacidas de la escoliosis de la espalda. "Sab√≠a que no estaba muerto, que podr√≠a volver. Estos a√Īos duros me han venido muy bien para cuestionarme muchas cosas, para reflexionar e intentar metamorfosearme en otra persona".

 

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