Copa Am√©rica: ¬Ņpor qu√© Chile nunca ha sido tan bueno como ellos creen?
Por: BBC Mundo
Junio 2015
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Alexis Sánchez y Arturo Vidal son los líderes de una generación que aspira a romper la sequía de copas.

Chile es un país sufridor en términos futbolísticos. Nunca ha ganado nada con su selección y el nivel de expectativa de sus aficionados varía tan drásticamente cada vez que juega que se podría medir en un barómetro tan largo como su propio territorio.

La Roja ha tenido grandes jugadores a lo largo de su historia, generaciones que han ilusionado a todo el pa√≠s, pero nunca ha podido combinar las variables para conseguir el tan ansiado trofeo que termine de confirmar su creencia de ser la "cuarta" potencia del f√ļtbol sudamericano.

La √ļnica raz√≥n tangible de este convencimiento popular es que¬†fue uno de los cuatro pa√≠ses fundadores del Campeonato Sudamericano de Naciones hace 99 a√Īos, pero la diferencia con las otras tres selecciones es abismal: Uruguay ha conseguido 15 t√≠tulos, Argentina 14 y Brasil 8.

Cuando salga este mi√©rcoles a la cancha del estadio Nacional en el primer partido de los cuartos de final de la Copa Am√©rica que juega como local, Chile no s√≥lo tendr√° enfrente a Uruguay, sino que tambi√©n a la historia y a la ansiedad de toda una afici√≥n que sue√Īa con que su selecci√≥n, La Roja de sus amores, consiga, ahora s√≠, su primer t√≠tulo continental.

Eterna deuda

Chile, junto a Ecuador y Venezuela, son los √ļnicos pa√≠ses que jam√°s ha podido alzar una Copa Am√©rica.

Peor a√ļn,¬†jam√°s ha salido campe√≥n en un torneo de f√ļtbol continental, en ninguna de sus categor√≠as, ni infantil, ni juvenil, ni femenino.

Las razones son varias, desde el desorden interno hasta la falta de una generación excepcional en todos los sectores del campo. Nunca pudo sacar provecho a su condición de local y las escasas oportunidades en las que llegó a una final terminó perdiéndola: frente a Argentina en 1955, contra Paraguay en 1979 (en partido extra de definición en cancha neutral) y ante Uruguay en 1987, en la Copa América de Argentina.

"Es algo que sólo se puede explicar desde la mente. Ni la suerte ni la categoría han sido factores para justificar esas derrotas", explica Elías Figueroa, uno de los mejores defensas de la historia.

La mente es algo que precisamente parece haber cambiado la actual generaci√≥n de futbolistas. Son jugadores que est√°n triunfando en el f√ļtbol internacional y reciben elogios en cualquier rinc√≥n del planeta.

Alexis S√°nchez y Arturo Vidal son los referentes de un grupo que ha crecido ilusionando un pa√≠s, desde aquel ag√≥nico empate contra Brasil en el sudamericano sub20 de Paraguay en 2007, el tercer puesto mundialista en Canad√° ese a√Īo y las clasificaciones a las Copas del Mundo de Sud√°frica y Brasil.

Si juntamos al hecho de que juegan en su casa y con un sorteo favorable -líderes en un grupo asequible y todos sus partidos en Santiago- el equipo dirigido por el argentino Jorge Sampaoli podría estar tal vez ante la mejor oportunidad de romper el maleficio.

El problema es que¬†Chile ya vivi√≥ una situaci√≥n similar y fue el desenlace de aquel torneo lo que marc√≥ para siempre su f√ļtbol.

La ilusión de 1955

"S√≥lo una vez antes en su historia Chile lleg√≥ a una Copa Am√©rica con tanta esperanza y estuvo tan cerca de ganar el torneo", record√≥ en BBC Mundo el reconocido periodista deportivo Aldo Schiappacasse, quien realiz√≥ un trabajo de investigaci√≥n sobre lo que pas√≥ hace 60 a√Īos.

"Fue el 30 de marzo de 1955 cuando, con una de las mejores delanteras de todos los tiempos, la selecci√≥n chilena lleg√≥ al partido final contra la Argentina de Labruna con la ventaja del empate.¬†La euforia que gener√≥ ese equipo y el sue√Īo de ganar el Sudamericano terminaron en tragedia", cont√≥ Schiappacasse.

El periodista enumeró a los protagonistas de aquel equipo dirigido por Luis Tirado.

"La Roja ten√≠a un virtuoso centrocampista, Enrique Hormaz√°bal (apodado "el Cu√° Cu√°") que abastec√≠a a un habilidoso puntero, Manuel Mu√Īoz, y a dos temibles goleadores, Ren√© Orlando Mel√©ndez y Jorge Robledo"

"Con juego ofensivo y espectacular, el equipo no s√≥lo gole√≥ a Ecuador, Per√ļ y Paraguay, sino que tras empatar con Uruguay se perfil√≥ con el favorito para el pleito final".

Pero la ilusión de todo el país se apagó en pocos minutos.

"Miles llegaron hasta el estadio Nacional de Santiago para ver el duelo. Presionando para ingresar, los aficionados se exaltaron cuando por los altoparlantes se informó que ya no quedaban entradas a la venta y corrieron despavoridos cuando la policía hizo debutar el flamante carro lanza-agua recién adquirido. El resultado fue desastroso: siete personas muertas aplastadas contras las rejas y decenas de heridos de gravedad".

"Las autoridades decidieron jugar igual la final, que gan√≥ Argentina por uno a cero con gol de Michelli.¬†La tristeza de la derrota fue inmensa, pero no pod√≠a compararse con la devastaci√≥n que provocaron las muertes de los aficionados, en lo que hasta hoy es la peor tragedia ocurrida en un estadio de f√ļtbol en el pa√≠s".

Una larga cicatrización

Ese hecho marcaría a fuego la historia de la selección chilena en los torneos continentales, donde transitó siempre entre la ilusión desbordada y el desencanto profundo.

Esta misma escuadra -reforzada con el debutante puntero izquierdo Leonel S√°nchez- compartir√≠a el segundo lugar al a√Īo siguiente en el Sudamericano de Montevideo.

Una generación brillante que se disolvería en 1957, cuando en Lima incurrió en actos de indisciplina que significaron sanciones para varios jugadores, lo que mermó las posibilidades del equipo en las clasificatorias para el Mundial de Suecia.

La crisis fue necesaria para enmendar rumbos, ya que a partir de ese momento comenzó el proceso encabezado por Fernando Riera que culminaría con el tercer lugar en el Mundial de 1962, jugado en canchas chilenas.

Sin embargo, el f√ļtbol chileno no pudo aprovechar ese resultado para conseguir una regularidad y t√≠tulos internacionales.

Desde entonces han surgido grandes jugadores como El√≠as Figueroa, Carlos Caszely, Patricio Y√°√Īez, Iv√°n Zamorano o Marcelo Salas, pero cada vez que se han acercado a la cima del f√ļtbol sudamericano han vuelto a caer estrepitosamente.

El denominador com√ļn en la mayor√≠a de los casos ha sido la falta de disciplina.

Ocurrió tras los subcampeonatos de la Copa América en 1979 y 1987 y tras la clasificación al Mundial de 1998.

"Kamikazes"

En 2002 Chile lleg√≥ a ubicarse en el puesto 84 de la clasificaci√≥n de la FIFA y no fue hasta la aparici√≥n de la actual generaci√≥n de jugadores que pudo ascender y permanecer en la √©lite del f√ļtbol.

De los √ļltimos siete a√Īos, la Roja se ha ubicado en seis entre la 20 mejores selecciones del mundo, gracias primero al trabajo de Marcelo Bielsa y ahora de Sampaoli, quien ha administrado la herencia de su compatriota.

El técnico declaró antes del inicio del torneo que "Chile jugará esta Copa América con 11 kamikazes. 11 fanáticos que se jugarán la vida por la camiseta" en un discurso discordante con su intención de no generar expectativas desmesuradas.

Entre la afici√≥n nadie parece dispuesto a moderar el sue√Īo de la Copa Am√©rica, aun sabiendo el peso que eso significa en los hombros de¬†unos jugadores a quienes s√≥lo les vale ganar y dejar atr√°s un siglo de frustraciones y derrotas dolorosas.

"No creo que todavía pueda ser considerada la mejor generación. Cuando ganas algo es que puedes ser considerada la mejor", declaró a la BBC Figueroa.

"En el 62 fuimos terceros. Ellos todavía tienen algo que probar. Es una generación con muy buenos jugadores, todos juegan en Europa, pero deben ganar algo. Yo dejé un legado para todos ya que fui elegido tres veces el mejor jugador en Sudamérica. Si ellos ganan algo, perfecto".

El siguiente obst√°culo para alcanzar el objetivo es¬†Uruguay, el verdugo en la final de 1987, el que ha eliminado a cuatro pa√≠ses anfitriones en los √ļltimos 11 torneos y al que Chile no le ha podido ganar en 32 a√Īos en el campeonato sudamericano.

Esta vez, la promesa es que Chile contará con 11 kamikazes para lograr no sólo el triunfo contra la Celeste, sino su primer título continental.

 

 

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