El mundo Mundial: Seguimos ganando
Por: Martín Caparrós/ The New York Times
Julio 2018
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Fotografia: Damir Sagolj/Reuters

El 27 de mayo de 1982 la revista Gente publicó una de las tapas más famosas de la historia de los medios argentinos: "Seguimos ganando", decía, en referencia a la guerra de las Malvinas. Dos semanas después, el ejército argentino se rendía en Puerto Stanley. Hoy, los dos equipos sudamericanos que quedaban en Rusia -sobre cuya semifinal deseada escribí ayer- se quedaron afuera: seguimos ganando, ellos y yo.

Las derrotas se parecen solo en su final: no hay nada m√°s peculiar, m√°s distinto a una derrota que otra derrota. Hoy hubo dos historias diferentes: a la ma√Īana el retador, Uruguay, no consigui√≥ estar a la altura; a la tarde el favorito, Brasil, se cay√≥ de muy alto.

Uruguay ven√≠a complicada. Su equipo se bas√≥ en dos centrales mortales, un mediocampo mordedor y dos delanteros m√°s mortales todav√≠a. Pero la falta de uno de ellos -Cavani- volvi√≥ el trabajo del otro -Su√°rez- tan dif√≠cil: solo frente al mundo, el mundo, representado una vez m√°s por Francia, le gan√≥ sin gran esfuerzo. En ning√ļn momento Uruguay fue una amenaza seria; pudo parecer que Francia no lo conseguir√≠a, pero no que Uruguay s√≠.

Aunque en los primeros 45 minutos, Francia, que dominaba, que llegaba, tuvo la misma oportunidad de gol que Uruguay: el cabezazo de un defensor ante un centro de tiro libre. Solo que el francés Varane se lo metió al uruguayo Muslera y el francés Lloris se lo sacó al uruguayo Cáceres: ahí estuvo, al final del primer tiempo, la enorme diferencia.

En el segundo, Uruguay intentaba sin gran eficacia cuando le cay√≥ el golpe final. ¬ŅUstedes se acuerdan de la √©poca en que cre√≠amos en los arqueros? ¬ŅEn que, cuando la pelota iba derecho hacia un arquero, sab√≠amos que la atajaba? Bueno, tambi√©n esa √©poca es pasado: lo prueban De Gea, Caballero y varios m√°s. Los que saben nos explican que cada vez se hace m√°s importante que los arqueros "jueguen bien con los pies"; nadie habla de jugar con las manos.

Así que cuando Muslera consiguió no agarrar esa pelota casi fácil de Griezmann, el partido quedó visto y listo y solo le faltaba esculpir sus dos efigies: José María Giménez, defensor uruguayo, que, a falta de unos minutos, lloraba mientras jugaba su impotencia, y Antoine Griezmann, delantero francés, que, tras su gol inverosímil, se negó a festejarlo por respeto.

Griezmann tiene muchos amigos uruguayos, toma mate, habla casi de bó, se siente cerca. En estos días, cuando lo dijo, uruguayos de pro salieron a decirle que no se lo creyera, que él "no sabe lo que es el sentimiento uruguayo" -Luis Suárez-. Me sentí solidario: yo, que quería que ganara Uruguay, me había preocupado leyendo una nota de La Nación de Buenos Aires que explicaba "por qué los argentinos amamos a Uruguay y ese amor no es correspondido", y daba ejemplos. Citaba, entre otros, a unos que contaban que cuando la Argentina perdió la final del mundo en 2014 hubo festejos en Montevideo.

Francia, en cualquier caso, pas√≥. Su estrella de Bel√©n, Mbapp√©, jug√≥ incre√≠ble un cuarto de hora y se fue desinflando. Pogba y Griezmann, en cambio, se mantuvieron firmes. Francia rebosa de jugadores buenos y caros; tanto que, cuando faltaban tres minutos, su t√©cnico Deschamps mand√≥ al campo para hacer tiempo a un muchacho con cara de despistado que vale, seg√ļn el Barcelona, 120 millones de d√≥lares.

La otra caja fuerte era Brasil, en turno tarde. Neymar, Coutinho, Marcelo, Thiago Silva y compa√Ī√≠a llegaban con etiqueta de impagables, aureola de campeones y una alegr√≠a vocinglera. B√©lgica, en cambio, ven√≠a m√°s callada pero hab√≠a hecho doce goles en sus cuatro partidos. Tiene un gran arquero, una defensa s√≥lida y recia, un medio campo peleador pero ordenado, un 7 r√°pido y disparador, un 9 enorme y h√°bil y potente -Lukaku- y un 10 que hoy dio un recital de toques y corridas y gambetas: Eden Hazard. Brasil llevaba diez partidos con un solo gol en contra: a los 31 minutos ya ten√≠a dos m√°s.

De ah√≠ en m√°s, el partido fue un ensayo sobre la impotencia. Los brasile√Īos no pod√≠an creer que su arte y voluntad no fueran suficientes; no lo fueron, y se empecinaron. Coutinho se empecinaba en patear cada vez que ten√≠a un belga encima; Neymar se empecinaba en quedarse con todas las pelotas y volar por los aires; Marcelo se empecinaba en echar centros para nadie; Gabriel Jesus se empecinaba en ser la nada.

Hacia el final, unos minutos, pareci√≥ posible: era espejismo y belgas muy cansados. Un viejo chascarrillo dec√≠a que Brasil deber√≠a llamarse Belindia porque es una mezcla de B√©lgica y la India; hoy solo fue la India. B√©lgica, en cambio, s√≠ fue B√©lgica: un pa√≠s peque√Īo, dividido, rico, civilizado, gris, cerveza y cielos bajos, cuyo gran m√©rito es haberse pasado casi dos a√Īos sin gobierno y demostrado que hay tantas cosas peores. En Kaz√°n, donde tambi√©n quedaron fuera Alemania y Argentina, B√©lgica mand√≥ a Brasil a Brasil, / um pa√≠s tropical, / aben√ßoado por Deus y todas esas cosas.

Muchos lloran, tantos otros festejan: los alemanes hablan de schadenfreude, el placer de ver que a otro le va mal -y uno se pregunta por qu√© son los √ļnicos que tienen una palabra para eso-. Pero el que puede haber hecho un gran negocio es, como siempre, el Real Madrid: hoy Neymar le costar√≠a muchos millones menos que anteayer. A menos que se decidan por Hazard, que ya debe costar tanto m√°s que el mes pasado. Total que, m√°s all√° de fortunas y favoritismos, Brasil, la ¬Ņgran potencia futbol√≠stica del mundo? va a cumplir diecis√©is a√Īos sin acercarse a una final mundial. Y se viene el debate sobre por qu√© el f√ļtbol latinoamericano ha perdido tanto espacio.

En los √ļltimos tres torneos, el √ļnico sudaca que lleg√≥ a la final fue Argentina en 2014 -y este domingo 15 tampoco habr√° uno-: ser√°n cuatro finales con siete europeos y un solo sudamericano. Es posible que parte de la respuesta est√© en esta divisi√≥n internacional del dinero futbolero que lo concentra todo en un rinc√≥n de Europa. Pero debe haber m√°s: hace unos a√Īos Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia ya mandaban a todos sus buenos a estos mercados y, sin embargo, cuando los reun√≠an en sus selecciones, impon√≠an y se impon√≠an. Ya no. Ahora parece que solo nos quedan las glorias gastadas, las banderas ra√≠das, la memoria. Algo pasa y, hasta ahora, no lo hemos mirado -o pensado- demasiado. Las buenas escuelas, los juveniles cuidados, los torneos bien organizados, la vida m√°s f√°cil deben tener algo que ver: habr√° que verlo.

Mientras tanto, nos quedan unos d√≠as para apasionarnos por pa√≠ses tan caros a nuestros corazones como Suecia y Rusia y Croacia y compa√Ī√≠a limitada. Soy, cada vez m√°s, un especialista en derrotas: de c√≥mo contar c√≥mo pierden los que yo querr√≠a que ganaran. No es el mejor trabajo, no es el que hab√≠a imaginado. No, por lo menos, al hablar de f√ļtbol. Seguimos ganando.

 

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