El mundo Mundial: ¡Viva el córner!
Por: Martín Caparrós/ The New York Times
Julio 2018
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Fotografia: Natacha Pisarenko/Associated Press

La gran √©poca de las Internacionales ha pasado. La Tercera Internacional, la Cuarta Internacional, la Internacional Psicoanal√≠tica, la Organizaci√≥n Internacional del Trabajo y otros entes m√°s o menos dinosaurios agonizan. Solo siguen pujantes la Federaci√≥n Internacional del F√ļtbol Asociaci√≥n (FIFA) y la Internacional del Chiste, esos se√Īores encerrados en el s√≥tano de un edificio de los a√Īos veinte de una calle arbolada que inventan sin parar los chistes que despu√©s distribuir√°n por todo el mundo.

Los chistes son los mismos en todos los pa√≠ses; solo cambian sus protagonistas. Los argentinos los contar√°n sobre gallegos, los espa√Īoles sobre leperos, los italianos sobre meridionales, los colombianos sobre pastusos, los franceses sobre belgas. ("Escuchen, muchachos, me acaban de contar el √ļltimo de belgas -anuncia el bromista consuetudinario cuando llega-. Pero hombre, yo soy belga -lo interrumpe uno-. No se preocupe, se lo cuento dos veces", reza el m√°s cruel, el metachiste).

Hoy, en la antigua Leningrado, la Bélgica infinitamente chistada tenía su mejor oportunidad de vengarse de Francia desde hace siglo y medio, cuando su rey Leopoldo le sopló media Congo. Y su partido fue un chiste.

Pero un chiste malo: hoy B√©lgica fue una Argentina que s√≠ hubiera funcionado. Una defensa vacilante, un mediocampo r√≠spido, una delantera amenazante pero inane y un jugador extraordinario que se cans√≥ de cambiar de ritmo y direcci√≥n y gambetear y deslumbrar con la pelota. El problema fue que Eden Hazard no encontr√≥ en De Bruyne y Lukaku -"el artillero belga de origen congol√©s"- la compa√Ī√≠a que precisaba y pele√≥ solo. As√≠ que, pese a controlar largos pasajes, B√©lgica llev√≥ poco peligro. Y el poco que llev√≥ choc√≥ contra un arquero soberbio: Lloris hizo dos o tres atajadas que lo consagran. Entre √©l y Subasic, el penalista croata, estar√° el mejor del Mundial.

Mientras tanto Francia, con Pogba, Matuidi, Mbappé y Griezmann, consiguió circular mejor la pelota, tocar con elegancia y eficacia, pero tampoco pudo acercarse franco al arco belga. Para eso, por supuesto, estaba el córner.

El c√≥rner ha sido tan despreciado √ļltimamente. El Barcelona, por ejemplo, impuso esa forma boba de desperdiciar los corners que consiste en salir jugando desde la esquina -y, muchas veces, terminar d√°ndole la pelota a tu cinco o tu arquero-. √öltimamente lleg√≥ a ser levemente antiguo, casi vulgar, echar un buen centro a la olla. Este Mundial se rebel√≥.

Esta es, en general y con perd√≥n, la copa de la pelota parada. De sus 158 goles, 69 vinieron de penales, tiros libres, corners, laterales. Es casi el 44 por ciento, mucho m√°s que lo habitual en Mundiales anteriores y en cualquier campeonato nacional. Si no fu√©ramos, por naturaleza, extremadamente prudentes, dir√≠amos que es un asquito: la prueba m√°s clara de un f√ļtbol que no sabe c√≥mo cocinar y ahora compra comida congelada.

De los cuatro partidos de cuartos, tres se abrieron con goles de c√≥rner y la semifinal de esta tarde encontr√≥ as√≠ su √ļnico gol: al empezar el segundo tiempo Griezmann centr√≥ con su precisi√≥n habitual y Umtiti fue a cabecear, como mandan las reglas, buscando la pelota, adelant√°ndose a toda la defensa.

As√≠ que Francia ya ten√≠a su gol, su mejor chiste. A B√©lgica le quedaban 40 minutos para empatar y salvar la semi: no estuvo ni cerca. En cambio los franceses armaron un par de jugadas de una belleza casi S√®vres, porcelana antigua. Mbapp√© empe√Īado en tirar tacos, Griezmann caracoleando, Giroud perdi√©ndose algunos de los mejores goles del Mundial con su pesadez perfectamente gala.

Mientras, el pobre espectador sudaca sufre: es duro ver f√ļtbol como experiencia puramente est√©tica. Intenta tomar partido -por Francia o por B√©lgica, digamos, para sentir el cosquilleo- pero no funciona. No encuentra la manera de apasionarse por uno o por otro. Entonces se transforma en un espectador tontamente exigente, uno que quiere que la violonchelista entre exactamente donde debe, que el gordo de los timbales no les pegue muy fuerte, que el director no insista con esos gestos excesivos, que los goles no sean de tiro libre: uno insoportable.

Son los problemas de venir de un pa√≠s con √≠nfulas futboleras pero malo. Uno que, ahora, empieza a jactarse de que fue eliminado por el futuro campe√≥n, y que "somos los √ļnicos que le hicimos tres goles" y que entonces tan malos no debemos ser.

Todo muy bonito. Mientras ciertos periodistas se transmutan en sirenas y cantan en falsete, los dirigentes de la Asociaci√≥n del F√ļtbol Argentino quieren echar a su empleado Jorge Sampaoli pero prefieren no pagarle el despido desmesurado que ellos mismos pactaron, as√≠ que no lo despiden sino que arman operaciones de prensa para desprestigiarlo m√°s a√ļn. No es f√°cil; lo intentan. Una selecci√≥n con un director t√©cnico que sus dirigentes quieren difamar a toda costa podr√≠a considerarse una rareza o, incluso, un chiste. Nada que la Argentina, orgullosa productora de esas cosas, no consiga sin esfuerzo aparente. La Francia, mientras tanto, se sigue riendo en un rinc√≥n: si quiere, dice, se lo cuento de nuevo.

 

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