El mundo mundial: El sexo de los √°ngeles
Por: Martín Caparrós/ The New York Times
Junio 2018
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Fotografia: Antonio Calanni/Associated Press

Todos gritamos ese gol. En ese bar del centro de Par√≠s √©ramos veinte o treinta y todos lo gritamos: franceses, americanos, africanos, √°rabes, alg√ļn polaco, dos o tres sudacas. No es f√°cil poner de acuerdo a tanta gente, pero hay algo que √ļltimamente nos re√ļne: en f√ļtbol -por lo menos- nos encanta que Alemania trastabille. Nos alegra que sea como los dem√°s, que no avance como si fuera su derecho, altivo, mentones levantados; nos alivia que se tenga que buscar la vida. Por eso, supongo, todos gritamos ese gol de M√©xico. Y, supongo, tambi√©n, porque era M√©xico: uno que no parece una amenaza, sino aquel que se merece, de tanto en tanto, pobre, una alegr√≠a.Y fue bonito, por eso, ver que segu√≠an y aguantaban, que aunque los teutones teutoneaban sin descanso, ellos pon√≠an alma y vida y resist√≠an e incluso, en esos contragolpes, podr√≠an haber metido otro. Y fue bonito verlos terminar ganando y festejar y desga√Īitarse de tantas desventuras: quiz√° esta vez s√≠ pasen el famoso quinto -que es, en realidad, los cuartos- pero, m√°s all√° o m√°s ac√° de eso, ya inscribieron una fecha en la historia. El 17 de junio de 2018 le ganaron al campe√≥n y candidato su primer partido.

Aunque es cierto que su victoria habr√≠a sido m√°s pura si no se hubiese inscrito en una serie rara: extrav√≠os de los candidatos. Argentina hab√≠a empatado con Islandia y m√°s tarde Brasil termin√≥ igual con Suiza. (S√≠, soy argentino, aunque a veces intente contenerlo. Y para un argentino, con perd√≥n, no hay mayor placer que ver que la selecci√≥n brasile√Īa puede sufrir la misma desgracia que la suya. Es pura envidia, un homenaje). Brasil no consigui√≥ ganarle a un batall√≥n de helvetas: habr√≠a debido, hizo mucho m√°s, pero no tuvo suerte y, en cambio, s√≠ tuvo a Neymar.

Neymar es un extra√Īo personaje: se necesitar√≠a un batall√≥n de cracks para conseguir la misma dosis de magia con la bola que puede hacer √©l solo, pero tantas veces lo hace por hacerlo. Lo hace para gustarse, para gustarnos, para venderse, para comprarnos, para vendernos algo; lo hace, pareciera a menudo, para conseguir que le peguen una buena patada; lo hace, pocas veces, para hacer goles o d√°rselos a un compa√Īero. Neymar es, como Cristiano, de esos que creen que cuando agarran la pelota su deber es producir treinta segundos de YouTube. Cuando jugaba en el Barcelona, bajo el cetro de Messi, era distinto, porque lo respetaba o lo tem√≠a; ahora, que juega solo, solo juega para su mayor gloria, y se la carga.

Pero los medios lo quieren porque produce chismes, fotos, piel, esc√°ndalos variados. Como quisieron, hace unos d√≠as, colgar a varios jugadores mexicanos. Porque el f√ļtbol, √ļltimamente, es un mundo de paquetes tan marcados.

Cuando yo era chico cre√≠amos que los futbolistas eran seres ang√©licos: ni templaban ni tiraban ni ninguna de esas cosas raras. O deber√≠a decir, en vez de ang√©licos: tremendos reprimidos. En los a√Īos sesenta y setenta se inventaron las largas concentraciones que ten√≠an, como una meta principal, evitar cualquier fornicio futbolero. Y es cierto que nadie pensaba mucho en eso: en esos tiempos, los jugadores no eran esos √°rbitros de la moda y modelos de belleza y pedazos de sexo que parecen ser ahora. En esos tiempos los jugadores parec√≠an seres m√°s bien toscos y asexuados y pernipeludos que importaban sobre todo por lo que hac√≠an dentro de una cancha, que no se quedaban con las m√°s preciadas, que no marcaban moda; a lo sumo, cuando ganaban su platita, trataban de vestirse como se√Īores finos; no como ahora, cuando lo fino parece ser vestirse como ellos.

Ahora son gu√≠as y modelos. Y adem√°s hay radios de deportes, diarios de deportes, televisiones de deportes, y hay que llenarlos con historias, as√≠ que sus vidas ya no son solo glamorosas y espl√©ndidas; son, tambi√©n, relato, y nos cuentan todos sus detalles. As√≠ supimos, hace unos d√≠as, que la despedida de ocho jugadores mexicanos consisti√≥ en una juerga con "treinta escorts VIP" en una casa de un barrio caro de la capital. Y los peri√≥dicos se indignaron y el p√ļblico se preocup√≥ y la naci√≥n conden√≥ a esos muchachos. Pero no porque pagaran a mujeres para comprarles sexo; porque tanto jolgorio disminuir√≠a sus chances en la Copa.

Y as√≠ supimos que el entrenador alem√°n Joachim L√∂w prohibi√≥ a sus jugadores que tuvieran sexo -ni siquiera conyugal- durante todo el campeonato. Y que el entrenador brasile√Īo Tite, en cambio, no tiene problemas con que lo hagan, siempre y cuando sea dentro de un orden: en un espacio especialmente habilitado en la concentraci√≥n, una visita conyugal en el mejor estilo c√°rcel VIP.

Son estilos, criterios que se enfrentan. Porque esta tarde Alemania perdió, Brasil empató, México ganó. La conclusión sería muy triste y ni pienso sacarla. Si usted quiere pensarla, sepa que estoy en contra.

 

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