El mundo mundial: La injusticia poética
Por: Martín Caparrós/ The New York Times
Junio 2018
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Fotografia: David Fernández/EPA, vía Shutterstock

Suelo pensar que el comunismo no era malo por s√≠ mismo: que lo arruin√≥ el hecho bastante fortuito de haber triunfado en Rusia -y no en alg√ļn pa√≠s menos brutal-. Pero tambi√©n es cierto que triunf√≥ en Rusia: que fue en Rusia donde millones de obreros y soldados y campesinos echaron a un d√©spota y creyeron que hac√≠an un mundo nuevo, que fue en Rusia donde m√°s millones todav√≠a murieron para que aquellos asesinos alemanes no pudieran quedarse con el mundo, y despu√©s los trucos de la historia consiguieron convencernos de que los malos son los rusos.

Rusia es el pa√≠s m√°s ambiguo. Ahora es un hervidero de mafias y magnates, y su jefe crey√≥ que, para lavar esa cara tiznada, les conven√≠a hacer un Mundial de f√ļtbol, as√≠ que lo compraron. El Mundial todo lo puede; como la Real Academia Espa√Īola, limpia, fija y da esplendor. Ahora mismo, sin ir m√°s lejos, hay miles y miles de personas que lamentan no estar en Mosc√ļ; no suced√≠a desde diciembre de 1917. Y esta tarde va a haber cientos de millones que van a ver un Rusia-Arabia Saudita, pen√ļltimo en la escala de partidos, justo por encima de un Moldavia-Fiji, por ejemplo, pero no por mucho.

Hoy se abre ese mes en que todo es lo mismo, pero nada es igual: la pausa que refresca, la rutina que nos hace creer que nos cargamos todas las rutinas. Y un cambio fuerte: durante un mes estaremos m√°s que pendientes de un conjunto de hechos que no importan en s√≠, sino por sus consecuencias. Un Mundial es pura teleolog√≠a, con perd√≥n: esos procesos donde lo que cuenta no es el proceso sino su resultado. Nos vamos a pasar un mes considerando todo en funci√≥n de lo que podr√° pasar o no pasar un d√≠a, el 15 de julio, en que dos de esos 32 -¬Ņequipos?, ¬Ņpa√≠ses?- estar√°n donde todos pretend√≠an.

Por eso, este mes repleto de intrigas y tensiones se resume casi f√°cil: ¬Ņconseguir√° Brasil su sexto t√≠tulo y se vengar√° del 1-7, en ese orden? ¬ŅDemostrar√° Alemania una vez m√°s que el f√ļtbol es un deporte donde juegan once contra once y ganan ellos? ¬ŅLograr√° Francia, lujo del mestizaje, imponer sus individuos que no parecen grupo? ¬ŅPodr√° Espa√Īa prosperar en la anarqu√≠a? ¬ŅAlcanzar√° por fin nuestro h√©roe lo que todos esperamos?

Una de las paradojas futboleras más curiosas es que, de los 211 países que juegan en la FIFA, solo ocho han ganado Mundiales, y no parece que vaya a haber pronto muchos más. El deporte más popular es el más aristocrático: un club privado con pocos socios verdaderos y multitud de socios aparentes, que los miran comer con la nariz pegada al vidrio.

La otra paradoja, en esa línea, es la facilidad con que se puede decir que alguien es el mejor de todos. Nadie podría asegurar que fulano o mengana es la mejor escritora o el mejor actor del mundo; nadie, que zutana o perengano es el mejor cirujano o la mejor ingeniera; todos, en cambio, sabemos que Messi es el mejor futbolista y solo se discute si es el mejor del mundo o de la historia, de vuelta espacio y tiempo.

Messi es un fen√≥meno que excede a Messi. Termin√© de entenderlo hace poco, una ma√Īana en Mali: ve√≠a m√°s y m√°s chicos con la camiseta del 10 del Barcelona e intent√© hacer cuentas. "Supongamos: en √Āfrica hay unos 300 millones de chicos de menos de diez a√Īos. Y yo dir√≠a -sin arriesgar ni un poco- que uno de cada veinte lleva una camiseta del Barcelona que dice, a sus espaldas, 10 y Messi. O sea que hay, en cada momento, en todo momento, solo en √Āfrica, unos 15 millones de messitos. Va de nuevo: hay, en cada momento, en todo momento, solo en √Āfrica, m√°s messitos que habitantes tienen Madrid, Barcelona y Valencia juntas".

Y entonces me preguntaba si él sabría -si sabe en serio, de esa forma en que uno sabe las cosas que realmente sabe- que en cada rincón del mundo hay un chico con una camiseta con su nombre, un chico que quiere ser como él. Y cómo será, en tal caso, vivir con esa gloria y esa carga.

Y además están los que lo apoyan más allá de himnos y banderas. "Que gane Messi aunque juegue con Irán", me dice un amigo bastante catalán y muy culé. Los messistas son así: vienen de los países más diversos y tratan de abstraer el hecho de que Messi juegue con Argentina -o lo toman como un mal menor-. Porque lo que ellos quieren es que se repare esta injusticia poética y que el mejor de la historia se convierta en un monumento indiscutible. Para eso le falta, sabemos, ganar un Mundial.

As√≠ que ese va a ser, para tantos de nosotros, el gran tema. ¬ŅTriunfar√° la justicia? ¬ŅLograr√° por fin el mejor jugador -del mundo o de la historia- la √ļnica victoria que le falta? ¬ŅO se instalar√° en su monumento como un personaje dram√°tico, aquel que consigui√≥ todo salvo lo que realmente quer√≠a? Quiz√° para su historia sea mejor: si gana nadie tendr√° m√°s nada que discutir, si no lo gana lo seguiremos debatiendo, hablando de √©l por los tiempos de los tiempos. Dudo que sea un argumento que hoy, 14 de junio, consiga convencerlo.

Leo Messi, en estos días, se juega su leyenda.

 

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