El otro Mundial de Rusia: las apuestas de f√ļtbol
Por: Ezequiel Fern√°ndez Moores / The New York Times
Julio 2018
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Fotografia: Carl Recine/Reuters

En la casa de apuestas de la avenida Taganskaya todos dejaron de atender las computadoras de sus jugadas y voltearon hacia los dos televisores gigantes, mientras gritaban: "¬°Davay! ¬°Davay!" ("¬°Vamos! ¬°Vamos!", en ruso).

La selecci√≥n rusa, en la que nadie cre√≠a antes del torneo, estaba por eliminar en penales a la poderosa Espa√Īa. Era la primera vez en su historia como Federaci√≥n de Rusia que avanzaba a cuartos de final de un Mundial. Los apostadores celebraron los penales convertidos por Fi√≥dor Smolov, Sergei Ignashevich, Aleksandr Golovin y Denis Cheryshev. Miraron al cielo cuando Igor Akinfeev le detuvo el penal a Koke (el tercero cobrado por Espa√Īa) y enloquecieron cuando ataj√≥ con la pierna izquierda el quinto disparo de Iago Aspas. Ese d√≠a los apostadores rusos perdieron¬†1,8 millones de rublos, casi 30.000 d√≥lares, una cifra notable para las casas locales. Pero eso poco importa en la casa de la avenida Taganskaya.

De entrada peque√Īa, con un gran cartel luminoso, luces verde chill√≥n y ubicada¬†a 500 metros de la estaci√≥n de metro, entre una fonda de comida y un caf√©, la casa pertenece a la First International Bookmaker Company, due√Īa del que presumen que es el primer sitio legal de apuestas en l√≠nea en Rusia.

Al entrar, a la derecha, hay una m√°quina expendedora de caf√© y otra de golosinas. En la pared, monitores para las apuestas y pantallas grandes con transmisiones deportivas. Las mismas filas se repiten a lo largo y a lo ancho. Al fondo, a la izquierda, hay dos mujeres cajeras detr√°s de un vidrio; son rubias, una m√°s corpulenta y la otra m√°s delgada, ambas tienen cerca de 40 a√Īos.

A quien no est√° registrado le piden el documento de identidad y lo escanean. El formulario incluye hasta el registro de residencia si el apostador no habita en Rusia. "Money", dicen para cobrar. Es la √ļnica palabra que saben en ingl√©s. Otra mujer, una apostadora, les ofrece ayuda a los extranjeros. Dice que hay que apoyar la tarjeta en un sensor conectado a las estaciones de apuestas. El extranjero lo hace y la cajera le pregunta a qui√©n, cu√°nto dinero y a qu√© evento va: "A Rusia, 1 000 rublos".

Días antes del inicio del Mundial, Global Sports Integrity, firma británica que aboga por la regulación y gobernanza en el deporte, avisó que era riesgoso apostar en los partidos de la selección de Rusia. "Sé que hay apostadores profesionales que no lo harán, porque no están seguros de que sean partidos limpios", dijo su director, Mark Phillips. Phillips recordó las denuncias de corrupción de la FIFA durante la votación de 2010 que le dio el Mundial a Rusia y también el escándalo de dopaje de los atletas rusos -muchos de ellos para los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, pero es un caso que, supuestamente, también afecta al menos a un jugador de la selección mundialista-.

Adem√°s, Phillips cit√≥ al grupo "f√°cil" que, seg√ļn dijo, le toc√≥ a Rusia en la fase inicial con Uruguay, Egipto y Arabia Saudita. Tambi√©n consider√≥ preocupante que, por primera vez en ochenta a√Īos, la Copa del Mundo se juegue sin √°rbitros brit√°nicos. La FIFA design√≥ un total de 99 √°rbitros y asistentes de decenas de pa√≠ses. No hay de Inglaterra, Escocia, Gales ni Irlanda del Norte. "Parece que fueron rechazados por Rusia. ¬ŅPor qu√©?", se pregunt√≥ Phillips.

El f√ļtbol ruso de la posperestroika y del capitalismo salvaje y tard√≠o de la d√©cada de los noventa incluye historias de partidos arreglados, jugadores con sus autos quemados, √°rbitros golpeados, dirigentes asesinados y la competencia entre los nuevos ricos: todo eso se cuenta en el libro¬†Football Dynamo. Su autor, Marc Bennetts, recurre a una frase atribuida a Fi√≥dor Dostoyevski para justificar tanto esc√°ndalo: "Si no hay Dios, entonces todo est√° permitido".

Los esc√°ndalos cesaron por un tiempo, pero¬†tambi√©n cay√≥ el nivel del f√ļtbol ruso que vivi√≥ como haza√Īa fugaz el tercer puesto de la Eurocopa 2008 y recuerda todav√≠a la Nochnoi Pozor (Noche de la Desgracia), como se llam√≥ a la derrota 7-1 ante Portugal en 2004.

Sin embargo, el clima de escepticismo, que se agrav√≥ en los √ļltimos a√Īos, cambi√≥ en el Mundial. En la casa de la avenida Taganskaya apenas hab√≠a un lugar libre para comenzar las apuestas. En las mesas vecinas sonre√≠an. Otros pocos intentaban ayudar.

Rusia no es f√°cil para quien es extranjero. El Mundial ha estado muy lejos de repetir los habituales episodios de racismo en los estadios. Pero otras dificultades han quedado expuestas, como lo intentaron hacer inmigrantes de Africa y Asia que el √ļltimo martes jugaron un partido en un espacio de la FIFA en la Plaza Roja para destacar la contribuci√≥n de las personas refugiadas en el pa√≠s. Jugadores de Siria, Afganist√°n, Congo y Nigeria, entre otros, jugaron bajo el auspicio de la organizaci√≥n antidiscriminaci√≥n FARE.

Pero el extranjero de la casa de apuestas en Taganskaya no es discriminado por su pasaporte o su piel: sufre porque nadie lo entiende. No se puede operar en otro idioma. Cada jugada, cuando se apuesta en f√ļtbol, ofrece oportunidades de nuevas apuestas y lo que se paga var√≠a seg√ļn las condiciones puntuales del partido.

Algunos miraban de reojo los juegos de tenis o f√ļtbol de ligas menores, pero la mayor√≠a apostaba por Rusia-Espa√Īa. Parec√≠an trabajadores de sectores sociales menos favorecidos, muchos de ellos con rasgos orientales, comunes en Rusia. El lugar no representa ning√ļn tipo de riesgo para nadie. Un se√Īor mayor, calvo, con identificaci√≥n de empresa de seguridad y pantalones militares, deambulaba entre los apostadores. Se escucharon lamentos y posibles insultos cuando Ignashevich meti√≥ un autogol y Espa√Īa se puso 1-0. Los apostadores ignoraron sus jugadas y miraban el partido.

"¡Botinki!" gritaba un joven: patea. Saltaron y festejaron cuando Gerard Piqué cometió un penal; uno claro. No había oportunidad de que apostadores ingleses o alguien como Phillips denunciaran que hubo fraude.

"Harasho, harasho" (bien, bien), gritaban cuando Artem Dzyuba anotó el 1-1. Salieron a fumar en el entretiempo y el local se llenó de espectadores, no de apostadores. Era una tribuna. El calor y los nervios crecieron cuando llegó la definición por penales.

De repente, la fiesta estall√≥ y el extranjero que apost√≥ 1 000 rublos por Rusia tambi√©n. Pero a √©l no le importaba el dinero. La apuesta hablaba de triunfo en los noventa minutos reglamentarios, no en los penales.

 

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