Espa√Īa sin cabeza
Por: Martín Caparrós/ The New York Times
Junio 2018
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Fotografia: Javier Soriano/Agence France-Presse ‚ÄĒ Getty Images

"Ya empieza, todo empieza. O todo, felizmente se termina: a partir de esta tarde, por un mes, millones y millones esperamos que ya nada de lo que nos importa nos importe, que nada nos preocupe de lo que nos preocupa; esperamos el regalo de una vida nueva -provisoria, es cierto, pero nueva- donde nada tendr√° m√°s peso que el tobillo de Messi, la pifia de Neymar...", escrib√≠, hace exactamente cuatro a√Īos, y ahora ya empieza, todo empieza. Quien diga que el tiempo no es c√≠clico, que no vivimos el eterno retorno, que no volvemos a ser los mismos cada cuatro a√Īos -a pretender que somos los mismos una vez cada cuatro a√Īos- nunca supo qu√© es el f√ļtbol.

Sol√≠an llamarlo Mundial porque participaban equipos de todo el mundo; ahora lo llaman Mundial porque sucede en todo el mundo. Cuando yo era chico, un Mundial en Inglaterra -¬°1966!- era algo que llegaba por una radio ruidosa, cargada de distancia; ahora ver√© partidos desde tres o cuatro pa√≠ses y dar√° igual, como si en todos estuviera all√≠, aunque nadie sabe d√≥nde es all√≠. Que los jugadores corran en Rusia o en Kuwait o en Groenlandia es un azar: el f√ļtbol ya no se juega en canchas sino en televisores. El universo -dec√≠a Borges que dec√≠a Pascal- es una esfera infinita cuyo centro est√° en todas partes y la circunferencia en ninguna. As√≠, igualmente extra√Īo, igualmente inquietante, el Mundial.

Que no est√° en el espacio sino en el tiempo: as√≠ como se difumina en los mapas, deja marcas muy precisas en la cronolog√≠a. Los mundiales son, al fin y al cabo, mojones que te van marcando la vida: yo no s√© bien d√≥nde estaba en junio de 2005 o 2007, pero s√© d√≥nde en junio de 2006, porque hab√≠a un mundial en Alemania, el primero de Messi, y lo recuerdo y recuerdo tanto alrededor. Ayer, como cada cuatro a√Īos, me puse a revisar esas marcas y descubr√≠ que mis recuerdos mundialistas son mayormente horribles.

Chapoteaba en la melancol√≠a cuando cay√≥ la primera bomba de Rusia 2018: el entrenador de Espa√Īa, Julen Lopetegui, un se√Īor vasco de 51 a√Īos con una carrera m√°s que discreta, acababa de ser contratado por el Real Madrid y se sumar√≠a a su nuevo club en cuanto terminase con el engorro del Mundial. El anuncio fue tontamente prematuro: despu√©s del campeonato habr√≠a sido una an√©cdota menor. Pero la prepotencia madridista pudo m√°s y lo dijeron ayer martes y enseguida sonaron las voces ultrajadas: que era una afrenta a los espa√Īoles, que se cagaba en la selecci√≥n para irse a un club, que era un vendido y un traidor y merec√≠a todos los males.

Habl√°bamos de f√ļtbol y ficciones:¬†una de las m√°s potentes se derrumbaba demasiado pronto. La fantas√≠a de que durante un mes la bandera se impone al capital ca√≠a en pedazos: el capital ganaba por goleada. Un empleo en uno de los clubes m√°s ricos del planeta le import√≥ al se√Īor Lopetegui m√°s que su puesto de abanderado. Su jefe, el presidente de la Federaci√≥n Espa√Īola de F√ļtbol, un tal Rubiales, contraatac√≥ a golpes de m√°stil y lo ech√≥ a patadas. Ahora mismo, le reprochan que no hizo sino empeorar las cosas: que era mejor tener un entrenador desamorado y fugitivo que improvisar alguno a las carreras. Quiz√° no entiendan que lo que intenta Rubiales al echarlo es rearmar esa ficci√≥n: que con la Patria no se juega, aunque la apuesta sea por millones.

En minutos, Espa√Īa se puso m√°s melanc√≥lica que yo. Tampoco la ayud√≥ que, al mismo tiempo, se supo en Madrid real que el nuevo ministro socialista de Cultura y Deportes -seis d√≠as en el cargo- fue condenado el a√Īo pasado por defraudar a Hacienda en m√°s de 250.000 euros. M√†xim Huerta hab√≠a sido una sorpresa: presentador de tele pero escritor de seis novelas, desde√Īoso del deporte pero gay, despert√≥ resistencias y parabienes y ahora es un problema. Para un gobierno que cay√≥ del cielo solo porque el anterior era corrupto, que uno de sus integrantes lo sea es un golpe muy feo: otra ficci√≥n que se derrumba, la de que sus contrarios son deshonestos pero ellos no.

Hoy Espa√Īa se qued√≥ sin t√©cnico y quiz√°, ma√Īana o pasado, sin ministro de Deportes. Hace dos a√Īos tampoco tuvo gobierno muchos meses y fue una √©poca amable, mucho m√°s que despu√©s cuando s√≠. Hace tres d√≠as era, para muchos, candidata al t√≠tulo, y ahora todos dicen que no, que est√° acabada. Aunque ahora anuncian que pusieron a Fernando Hierro, un entrenador que nunca entren√≥ a nadie y que tambi√©n es del Real Madrid y que es, sin duda, un valiente o un chiflado. Pero que no ser√°, seguramente, un jefe incontestable.

Yo, en esta sencilla pero emotiva ceremonia, me constituyo en el hincha m√°s ferviente de la banda ib√©rica: ojal√° que as√≠, improvisada, ac√©fala, gane y gane y gane. Si lo hiciera terminar√≠a de demostrar que, para mis compatriotas espa√Īoles, los gobiernos son un mal (in)necesario.

Y entonces sí que temblaría la madre de todas las ficciones.

 

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