México: un gigante económico con trabajos precarios, ocultos y sin red de seguridad
Por: El País
Mayo 2019
Fotografia: Oaxaca Media

 

Es una ma√Īana soleada de mayo en Ciudad de M√©xico y en una esquina de la calle de Niza que desemboca en el ajetreado¬†Paseo de la Reforma -v√≠a neur√°lgica de la capital-, Leonel Bernal ya tiene todo dispuesto en su carro de venta de chilaquiles. Los oficinistas caminan apresurados con su cara a√ļn de sue√Īo, algunos con los auriculares al o√≠do y la vista perdida en sus tel√©fonos m√≥viles. Cruzan la avenida sorteando las largas hileras de veh√≠culos, algunos sonando los cl√°xones ensordecedores, como si con ello pudieran hacer avanzar el tr√°fico ma√Īanero. En el puesto de Bernal algunas personas hacen una parada urgente para comprar el platillo: trozos de tortillas fritas ba√Īadas en salsa verde o roja, con carne o pollo en hilachas y queso encima. Bernal llega a vender hasta 400 √≥rdenes de chilaquiles en viernes, a 25 pesos (1,3 d√≥lares) el plato peque√Īo, 55 el grande. El puesto "El Chilakil" ha sido su salvaci√≥n despu√©s de haber perdido el trabajo dentro del sector formal, tras d√©cadas dirigiendo una f√°brica propia de producci√≥n de botellas, que cerr√≥ tras la¬†crisis econ√≥mica de 2008. Con 60 a√Īos a cuestas era dif√≠cil, dice, que alguna empresa lo contratara. Su opci√≥n fue abrirse paso en el¬†sector informal, en el que m√°s de 30 millones de mexicanos se ganan la vida d√≠a a d√≠a en la que es la econom√≠a n√ļmero 13 del mundo y la tercera m√°s importante de Am√©rica, despu√©s de Estados Unidos y Brasil.

"No había oportunidades", dice Bernal mientras se acerca a su puesto un joven oficinista de cabello engominado e impecablemente vestido a comprar su munición de chilaquiles. "Decidí emprender un negocio con la poca inversión que teníamos. Empecé con un puesto y actualmente tenemos dos y estamos tratando de crecer. La idea es aportar a la gente de oficina, que no todos los días puede ir a un restaurante, que pueda tener una buena comida a un precio asequible". Es lo que él llama "acercar una buena comida a los Godínez", como en México se conoce de forma popular a quienes trabajan en el sector formal, en horarios de oficina y a la espera de un salario fijo a fin de mes.

Quienes trabajan en el sector informal, sin embargo, no cuentan ni siquiera con un término popular que los defina.

En M√©xico "informal" abarca un amplio abanico de oficios, de oferta de productos y servicios. Pasearse por la capital de la Rep√ļblica -inmensa metr√≥polis donde respiran m√°s de 22 millones de personas-, significa toparse con carritos de comida callejera que impiden el paso, con sus propietarios ofreciendo tacos, huaraches, sopes, chilaquiles, frutas con chile, frutos secos. Hay vendedores de dulces, cigarros y refrescos. Tambi√©n gente con banderines verdes llamando a los coches a que carguen combustible en alguna gasolinera u ofreciendo un espacio en un aparcamiento de una ciudad donde estacionarse es una odisea.

Est√°n tambi√©n las personas -generalmente mayores- que empacan las compras en los supermercados o quienes te extienden una servilleta de papel en los ba√Īos de los restaurantes. El vendedor ambulante de tamales oaxaque√Īos que recorre en bicicleta las colonias de la clase media mexicana o el comprador de chatarra que grita a los capitalinos que est√° dispuesto a comprarles casi cualquier cosa vieja. En los vagones del metro -sofocantes en las horas de mayor ocupaci√≥n- circulan vendedores con todo tipo de cacharros colgando del cuerpo y en estaciones como la de Insurgentes, importante parada para quienes trabajan en alguna oficina de Reforma, los limpiabotas esperan con rostros expectantes a que uno de esos oficinistas que sale de la boca de la estaci√≥n se detenga a pedir que le saque brillo a sus zapatos.

Para las autoridades mexicanas es gente que trabaja, aunque el trabajo sea precario, mal pagado o incluso muchas de ellas solo reciban propinas. Las¬†estad√≠sticas oficiales del Instituto Nacional de Estad√≠sticas y Geograf√≠a (INEGI) muestran que el desempleo en M√©xico lleg√≥ en marzo al 3.6 %, comparable a Estados Unidos, donde marzo cerr√≥ con 3.8 % de desempleo, seg√ļn un informe del Departamento del Tesoro. "La clave son las encuestas que hace el INEGI", comenta Valeria Moy, directora general del organismo¬†M√©xico, ¬Ņc√≥mo vamos?, un colectivo de acad√©micos que analiza las pol√≠ticas p√ļblicas y produce informes e investigaciones sobre el desempe√Īo econ√≥mico del pa√≠s. "El INEGI hace preguntas del tipo "¬Ņusted trabaj√≥ una hora esta semana?" Si tu respuesta es s√≠, ya no est√°s desempleado. Una persona que vende dulces en la esquina, no se considera desempleada. Para considerar a alguien desempleado no debes tener empleo o tienes que estar buscando uno activamente", explica.

La acad√©mica asegura que el trabajo informal tiene un "impacto tremendo" en la econom√≠a mexicana, que a√ļn no ha sido cuantificado. "La informalidad no es √ļnicamente lo que ves en las calles, es algo m√°s complejo", dice Moy, para quien la informalidad tambi√©n incluye a personas que cuentan con un contrato, que pagan impuestos, pero que sus empresas no los han inscrito en el Instituto Mexicano de la Seguridad Social (IMSS). "Hemos llegado a este nivel porque no solo no lo hemos arreglado, sino que lo hemos permitido. En M√©xico la informalidad no es ilegal, la ilegalidad depende del bien o servicio que ofrezcas. Esta ambig√ľedad ha permitido que el problema crezca. Lo hemos hecho cada vez m√°s complejo. Nuestro r√©gimen fiscal tambi√©n ha permitido que esto aumente: Volverte formal es costoso y no hay muchos incentivos para que las empresas tengan trabajadores formales. La formalidad sube el costo de n√≥mina aproximadamente en 47 %", explica Moy.

Trabajar con contrato pero sin beneficios fue la experiencia de Mariana Mosqueda, una joven de 30 a√Īos que labor√≥ por cuatro en la Secretar√≠a de Desarrollo Social. Originaria de Guanajuato, Mosqueda estudi√≥ Cultura y Arte, pero como no encontr√≥ un trabajo como gestora cultural -su anhelo- acept√≥ una propuesta para trabajar en la Ciudad de M√©xico. Ten√≠a 23 a√Īos. Fue recibida por amigos y empez√≥ a laborar por 10,577 pesos al mes, aproximadamente 556 d√≥lares al cambio actual. No todo fue como esperaba: su primer mes el salario se retras√≥, no la inscribieron en la seguridad social, no ten√≠a prestaciones y en el proceso los contratos cambiaron de ser anuales a mensuales. Su jornada de trabajo comenzaba a las nueve y no ten√≠a hora de salida. Durante unas vacaciones Mosqueda se fractur√≥ unas costillas y fue cuando se percat√≥ de la importancia de estar asegurada: no pudo acceder a una cl√≠nica del IMSS para atenderse. "Lleg√≥ un momento en 2015, en una reuni√≥n de fin de a√Īo cuando vi a mis amigos felices, realizados, satisfechos, libres, que me pregunt√© para qu√© estaba hecha, por qu√© no me sent√≠a realizada", cuenta Mosqueda.

Su decisi√≥n fue dejar su empleo y dedicarse a la confecci√≥n. Su madre trabaja como costurera en una maquiladora y Mosqueda aprendi√≥ a coser desde los once a√Īos. Cre√≥ un taller de confecci√≥n en su casa, en la Colonia Ju√°rez de la Ciudad de M√©xico, y en ella se gana la vida arreglando prendas da√Īadas, cosiendo bolsos para una marca propia que registr√≥ o confeccionando vestidos. Para poder mantenerse necesita, dice, ingresar 500 pesos al d√≠a, aproximadamente 26 d√≥lares. No paga seguridad social, pero dice estar contenta. "No me dan ganas de regresar al sector formal. Mi experiencia trabajando con el Gobierno es que no tengo garant√≠a de nada. Ahora soy libre, manejo mis horarios", afirma.

Los bajos salarios y las condiciones laborales tambi√©n alejan a los j√≥venes del sector formal. Los salarios en M√©xico se han mantenido pr√°cticamente estancados desde 2000 y el pa√≠s se ubica en la cola de los pa√≠ses de la¬†OCDE en cuanto a crecimiento de los ingresos de los trabajadores. Un informe de la Comisi√≥n Nacional de Salarios M√≠nimos de la Secretar√≠a de Trabajo y Previsi√≥n Social (STPS) muestra que el salario m√≠nimo en M√©xico es de 1 982 d√≥lares anuales, una pobre variaci√≥n en comparaci√≥n a hace casi dos d√©cadas, cuando era de 1 788 d√≥lares. El mal desempe√Īo queda en evidencia cuando se compara a M√©xico con otras econom√≠as de la OCDE: Mientras en Luxemburgo el salario m√≠nimo pas√≥ de 19 968 d√≥lares en 2000, para 2017 este hab√≠a aumentado a 23 777. M√©xico est√° incluso por debajo de Chile, donde el salario m√≠nimo se cuantifica en 7 086 d√≥lares anuales.

"Trabajo s√≠ hay, pero es muy mal pagado y las condiciones laborales son feas", asegura Adriana G√≥mez, de 26 a√Īos, quien desde hace siete decidi√≥ trabajar por su cuenta, confeccionando joyer√≠a en arcilla que vende en bazares, por redes sociales y en dos museos de la Ciudad de M√©xico. G√≥mez vive en Tlatelolco, vecindario tristemente c√©lebre mundialmente por la masacre desatada en la cercana Plaza de las Tres Culturas contra estudiantes y civiles durante el Gobierno del presidente¬†Gustavo D√≠az Ordaz, en 1968. El edificio en el que habita G√≥mez con su gato es una de las viejas moles de concreto que dominan el paisaje de esta zona de la Ciudad de M√©xico. Cuenta con un amplio apartamento con una vista privilegiada de la capital. En una de las habitaciones cre√≥ su taller, donde trabaja la arcilla que convierte en coloridos corazones que pueden llegar a comprarse hasta en 20 d√≥lares en la Casa Azul de Frida Khalo, en Coyoac√°n, al sur de la Ciudad. La chica ha creado su propia marca,¬†Adri Nun, con presencia en las redes sociales.

La joven dice que es dif√≠cil abrirse paso como trabajadora por cuenta propia en M√©xico. Ella ha pedido financiamiento a instituciones p√ļblicas que apoyan a artesanos, pero se la han negado por no cumplir los criterios del Estado. La acad√©mica Valeria Moy asegura que la falta de cr√©ditos al sector informal incide en que este sea menos productivo, aunque millones de mexicanos se empleen dentro de este √°mbito de la econom√≠a. Adriana G√≥mez, por ejemplo, dice "pagar muchos impuestos", pero no siente que ese esfuerzo econ√≥mico se convierta en apoyo para su iniciativa. A pesar de todo asegura estar satisfecha, aunque no tenga prestaciones ni cotice en el seguro social. "No me gustar√≠a buscar algo formal", afirma tajante. "No tengo seguro, ni un salario fijo a fin de mes, pero prefiero la libertad que tengo". Y concluye: "Tenemos que exigir que mejoren las condiciones de trabajo en el sector formal. Si pudi√©ramos mandar a volar a las empresas, algo cambiar√≠a".

 

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