El milagro econ√≥mico paname√Īo encalla en la desigualdad
Por: El País
Mayo 2019
Fotografia: Reuters

La subsistencia de Rebeca, madre soltera de 42 a√Īos, y de sus cuatro hijas depende de la comida preparada que despacha los fines de semana "en los bailes" y que √ļltimamente completa con la venta de los mangos del √°rbol que da sombra en la parte trasera de su casa, de hormig√≥n y a medio terminar. Saca, a duras penas, 300 d√≥lares mensuales, que completa con la pensi√≥n alimenticia que pagan los padres de los ni√Īos. Quiere ampliar su vivienda, de su propiedad aunque construida sobre un terreno que no le pertenece, fruto de un asentamiento¬†-"invasi√≥n", en la jerga local-¬†de hace un par de d√©cadas en el¬†corregimiento de Pacora (provincia de Panam√°). Pero no le alcanza. Mientras, se conforma con una √ļnica habitaci√≥n en la que viven los cinco, un ba√Īo y una cocina. "Sin trabajo, ¬Ņqu√© puede hacer uno?", se queja bajo el sol abrasador de abril. Y si se encuentra¬†-no es su caso-, hay una alta probabilidad de que sea en el sector informal, donde est√°n empleados cuatro de cada 10 paname√Īos, la tercera tasa m√°s alta de¬†Am√©rica Latina y el Caribe.

No hace falta alejarse de los rascacielos que han convertido a la¬†Ciudad de Panam√°, a la vista de muchos, en una suerte de Miami a la centroamericana, para darse de bruces con la otra Panam√°: uno de los cinco pa√≠ses m√°s desiguales del mundo, seg√ļn los datos del Laboratorio de Crecimiento de la Universidad de Harvard, y el segundo m√°s desigual de la regi√≥n por ingresos. El milagro econ√≥mico -Panam√° se ha convertido, sin estridencias, en una de las econom√≠as m√°s din√°micas del mundo- se difumina en el pueblo de Rebeca, Paso Blanco, 40 kil√≥metros al este de la capital por la carretera Panamericana, la arteria que recorre el continente de norte a sur.

El d√≠a a d√≠a de Alfredo √Ābrego, de 37 a√Īos, padre de tres ni√Īos y vecino tambi√©n de Paso Blanco¬†-no encuentra trabajo desde hace meses: "En esta √°rea no hay empleo, si sale algo son camarones [espor√°dicos], nada estable", dice a la puerta de su casa-¬†tampoco tiene nada que ver con la sensaci√≥n que transmiten las inmaculadas constantes vitales de la econom√≠a paname√Īa, una sucesi√≥n de buenas cifras que la convierten en una suerte de isla econ√≥mica dentro de una Am√©rica Latina aquejada de un bajo crecimiento cr√≥nico. "La econom√≠a dicen que crece, s√≠", admite Alfredo. "Pero aqu√≠ solo sobrevivimos con menos de 200 d√≥lares por quincena: estamos cerca de Panam√°, pero el transporte es dif√≠cil". Su esperanza es que la apertura de una nueva l√≠nea de metro, que pronto quedar√° a 15 minutos de autob√ļs de su casa y que lo conectar√° con el centro de la capital. "Ojal√° traiga oportunidades; eso esperamos", dice con mirada firme.

Aunque conocidos, lejos quedan para √©l esos grandes n√ļmeros. El aumento del PIB paname√Īo ha rondado el 7% anual en la √ļltima d√©cada, un guarismo m√°s propio de un drag√≥n asi√°tico que de un pa√≠s centroamericano; la renta per c√°pita casi se ha duplicado en ese periodo, hasta superar a Chile y convertirse en la mayor de Latinoam√©rica y la tasa de paro est√° en el entorno del 6%, cerca del pleno empleo. La ampliaci√≥n del Canal, por el que las dos terceras partes de los barcos de carga que transitan lo hacen con origen o destino en Estados Unidos, y el potente desarrollo de su sector financiero, gracias a las jugosas ventajas fiscales, se han convertido en los mayores motores de la econom√≠a. A ellos se ha sumado, m√°s recientemente, la construcci√≥n: del¬†boom inmobiliario, alimentado por capitales extranjeros y solo atemperado en los √ļltimos meses, son testigo privilegiado los carteles de "se vende" en¬†Costa del Este o¬†Punta Pac√≠fica, los nuevos barrios acomodados de la capital paname√Īa. Y el resultado de ese c√≥ctel de factores es, en fin, un milagro apenas conocido fuera del pa√≠s centroamericano.

Pero los grandes n√ļmeros esconden, casi siempre, una segunda lectura. Panam√° es un pa√≠s marcado por la dualidad: los de adelante, parafraseando el t√≠tulo del √ļltimo libro del polit√≥logo mexicano Carlos Elizondo, corren mucho y los de atr√°s siguen muy rezagados. El dinamismo ha sido extraordinario, s√≠, pero su distribuci√≥n y la inclusi√≥n de los m√°s desfavorecidos sigue siendo la gran asignatura pendiente: los logros sociales no han ido de la mano. "Panam√° ha gozado de un considerable progreso socioecon√≥mico en las √ļltimas d√©cadas", reconoc√≠a recientemente la OCDE¬†-el¬†think tank de los pa√≠ses ricos-. "Sin embargo, no todos los sectores, regiones y habitantes se han beneficiado al mismo nivel".

La bonanza paname√Īa se ha concentrado en una fracci√≥n de su poblaci√≥n -los ingresos del 10% de la poblaci√≥n m√°s acaudalado son hasta 35 veces superiores que los del 10% menos agraciado-y en una peque√Īa franja territorial alrededor del Canal, por mucho la m√°s desarrollada y conectada a las din√°micas de la globalizaci√≥n. Fuera quedan siete de sus 10 provincias y las tres comarcas ind√≠genas con categor√≠a de provincia. En estas √ļltimas es donde la realidad muestra su peor cara: la pobreza afecta al 82% de la poblaci√≥n y la pobreza extrema alcanza a seis de cada 10 personas. Pero, como dejan claro los casos de Rebeca y de Alfredo, sin llegar a las comunidades ind√≠genas y sin siquiera salir de la provincia de Panam√°, se puede ver n√≠tidamente la realidad a la que los guarismos no llegan.

"La mayor desigualdad de este pa√≠s al resto de Am√©rica Latina", acota Carlos Garcimart√≠n, economista jefe del¬†Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el pa√≠s centroamericano, "no es solo consecuencia de la elevada pobreza en las comarcas ind√≠genas". Incluso descontando las innegables dificultades que atraviesan estas comunidades, donde la presencia del Estado, a pesar de haber aumentado en los √ļltimos a√Īos, sigue siendo tan escasa como las conexiones decentes por carretera, la diferencia entre la capital y pr√°cticamente el resto del pa√≠s es abismal. "Es una cuesti√≥n de desequilibrios territoriales, que van en aumento", agrega Garcimart√≠n.

 

 

 

"Para los grupos conectados, que viven, sobre todo, en la ciudad y que tienen acceso a la educaci√≥n y al financiamiento, las cosas han ido muy bien", tercia el tambi√©n economista Marco Mart√≠nez. "Para el resto, no tanto". Mientras la renta media de los residentes en la capital se codea, seg√ļn sus datos, con la portuguesa, "en las provincias m√°s pobres est√° al nivel de pa√≠ses subdesarrollados". Y eso, a la larga, como recuerda¬†Joseph Stiglitz en¬†El precio de la desigualdad, tambi√©n puede frenar en crecimiento: de no cuidar la variable de la inequidad¬†-"y hasta ahora no lo ha hecho", subraya Alexis Rodr√≠guez Mojica, profesor de Sociolog√≠a-, el milagro paname√Īo corre el riesgo de caer en su propia trampa.

Parte del problema reside en la escasa recaudaci√≥n tributaria¬†-la segunda m√°s baja de Latinoam√©rica-¬†que, aunque complementada por una inyecci√≥n de alrededor de 1.700 millones de d√≥lares anuales que aporta el¬†Canal, sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades de los menos agraciados y para cerrar la brecha con aquellos segmentos a los que mejor le han ido las cosas. Ajeno al enquistamiento de la desigualdad, el sector p√ļblico ha priorizado el gasto en capital y en infraestructura, y el gasto social se ha mantenido constante en el entorno del 9%. Son casi tres puntos menos que el promedio de Am√©rica Latina, una regi√≥n que no se distingue precisamente por la generosidad de sus coberturas p√ļblicas. "Este pa√≠s", critica Juan Jovan√©, ex director de la Caja de Seguro Social y candidato presidencial independiente en las elecciones de 2004, "abandon√≥ su pol√≠tica social en favor de una pol√≠tica de compensaci√≥n. Cuando √©ramos un pa√≠s m√°s pobre, se trataba de impulsar los servicios p√ļblicos b√°sicos; ahora prevalecen el clientelismo y las ayudas para que la poblaci√≥n est√© tranquila". Solo en los √ļltimos tiempos, desliza Rodr√≠guez Mojica, las pol√≠ticas p√ļblicas no se han pensado en t√©rminos de reducci√≥n de pobreza o de la desigualdad. "El problema es que para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza hacen falta 30 a√Īos o m√°s".

El paname√Īo de a pie, sin embargo -y quiz√°, por ausencia de este-, es poco de pedir al Estado. Empleo al margen, la queja m√°s repetida en la calle es el aumento de los precios de los productos b√°sicos, que ha asestado una dentellada a su poder adquisitivo. Mientras las grandes cifras apuntan a una inflaci√≥n bajo control, la percepci√≥n de los estratos con menos recursos es otra completamente distinta. "La vida est√° muy alta y los sueldos muy bajos", dice, martillo en mano, Alma Moreno, de 49 a√Īos, mientras arregla la puerta de madera despintada de su casa, en el l√≠mite del barrio de San Felipe, a un paso del renovad√≠simo¬†Casco Viejo de la capital paname√Īa. Trabaja "barriendo calles", dice, e ingresa poco m√°s de 300 d√≥lares quincenales, una cifra con la que en casi toda Latinoam√©rica se puede hacer lo m√°s parecido a una vida digna, pero que aqu√≠, en un pa√≠s plenamente dolarizado, da para poco. "Hace unos a√Īos la compra para toda la familia nos sal√≠a en 200 o 250 d√≥lares por quincena. Ahora en casi el doble: la libra de arroz, el litro de aceite... Todo est√° caro".

Ni la impresi√≥n de Alma ni el dato oficial de inflaci√≥n est√°n equivocados, como recuerda Garcimart√≠n: vive en la ciudad m√°s cara de la regi√≥n, seg√ļn un reciente estudio del banco suizo¬†UBS que sit√ļa a la capital paname√Īa entre las 21 del mundo en la que m√°s onerosa es la vida, por delante de urbes europeas como Viena, M√ļnich, Montreal o Madrid. Y los 10 √ļltimos a√Īos, seg√ļn los c√°lculos del BID, los productos de la cesta de la compra del decil m√°s pobre se han encarecido notablemente m√°s que los de la canasta del decil m√°s rico, ensanchando a√ļn m√°s la brecha. En ese periodo, los alimentos y el transporte -a los que dedican la mayor parte de sus ingresos los hogares de menos recursos- se han encarecido a un ritmo cuatro veces superior al del ocio -que consumen, en mucha mayor medida, los m√°s ricos-.

El contraste la se√Īora Moreno con su entorno es evidente: su calle desemboca en la plaza de Herrera, una de las m√°s bonitas y cuidadas de la capital. En menos de dos d√©cadas, el coraz√≥n de la ciudad, de estilo colonial, ha dado un salto equiparable al que ha dado la econom√≠a del pa√≠s centroamericano: un lavado de cara de varios millones de d√≥lares ha recuperado uno de los mayores atractivos tur√≠sticos del pa√≠s centroamericano. Es la cara visible de la gentrificaci√≥n. Pero a escasos metros de los edificios e iglesias renovadas, emergen casas de chapa y madera en colores pastel en las que el salitre y el paso de los a√Īos han hecho mella. Es mediod√≠a, pero en el peque√Īo sal√≥n de su casa tintinea una l√°mpara que suple la escasez de luz natural. En penumbras, el sonido de la televisi√≥n con la que se entretienen sus nietos llama la atenci√≥n de una pareja que pasea tranquila en direcci√≥n a los restaurantes de moda de la capital. Las dos Panam√°s, por un segundo, se miran cara a cara. Las dos, tambi√©n, votan este domingo en unas elecciones presidenciales en las que la desigualdad ha entrado, por primera vez, en la agenda de los candidatos.

 

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