La solución energética que América Latina necesita
Por: Lisa Viscidi y Ariel Yépez / The New York Times
Febrero 2018
Fotografia: Martin Bernetti/AFP ‚ÄĒ Getty Images

Uno de los lugares más soleados del planeta, el desierto Atacama en Chile, registra la radiación solar más alta del mundo, por lo que podría generar suficiente electricidad para toda Sudamérica. Sin embargo, este desierto -que cubre más de 100.000 kilómetros cuadrados de la región norte de Chile- es remoto y se encuentra muy alejado de las principales ciudades.

En noviembre, finalmente se concluyeron las obras de instalaci√≥n de l√≠neas de transmisi√≥n que conectan las enormes plantas de energ√≠a solar del desierto del norte con la regi√≥n densamente poblada del sur del pa√≠s, lo que har√° posible bajar los precios y ofrecer un suministro de energ√≠a m√°s confiable. Si Chile conectara esos proyectos solares a la red el√©ctrica de Per√ļ y a su vez Per√ļ la ampliara hacia Brasil, Bolivia y Ecuador, millones de personas de Am√©rica del Sur podr√≠an beneficiarse de esta fuente de energ√≠a limpia.

La demanda de electricidad aumenta con gran rapidez en Am√©rica Latina: la clase media, que compra m√°s electrodom√©sticos, seguir√° creciendo, adem√°s de que muchos pa√≠ses est√°n adoptando industrias que consumen grandes cantidades de electricidad. Seg√ļn algunas proyecciones, el consumo de electricidad aumentar√° m√°s de un 70 por ciento para 2030.

Para cubrir esta demanda adicional, Am√©rica Latina planea generar m√°s energ√≠a a partir de combustibles f√≥siles, en especial el gas natural, y ampliar un poco el uso de energ√≠as renovables, del 64 por ciento de la matriz energ√©tica registrado en la actualidad al 70 por ciento en 2030. No obstante, si la regi√≥n lograra aumentar las fuentes renovables al 80 por ciento de la matriz y ampliar las conexiones transfronterizas, los pa√≠ses de Am√©rica Latina podr√≠an ahorrar miles de millones de d√≥lares en inversi√≥n, evitar los apagones y reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, seg√ļn muestran investigaciones recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Aunque Am√©rica Latina ya es la regi√≥n que genera la mayor proporci√≥n de energ√≠a renovable del mundo, m√°s del 80 por ciento de esa energ√≠a renovable se produce en represas hidroel√©ctricas. No hay gran inter√©s en construir m√°s represas debido a los costos que generan para la sociedad y el medioambiente, como la deforestaci√≥n y el desplazamiento de comunidades. As√≠ mismo, algunos fen√≥menos naturales del clima, como El Ni√Īo, afectan la oferta hidroel√©ctrica y la hacen menos predecible.

Un aspecto positivo es que las fuentes renovables que generan energ√≠a e√≥lica, solar y geot√©rmica son abundantes en Am√©rica Latina y sus costos est√°n bajando muy r√°pido. La capacidad e√≥lica y solar de la regi√≥n ha aumentado de manera significativa desde hace algunos a√Īos, a partir de que comenzaron a bajar los costos de producci√≥n de la electricidad con estas fuentes. El precio promedio acordado en licitaciones de energ√≠a para el suministro de energ√≠a solar en Am√©rica Latina se desplom√≥ un 87 por ciento de 2009 a 2017 y el precio de la energ√≠a e√≥lica cay√≥ un 37 por ciento entre 2008 y 2016.

En la siguiente d√©cada, aumentar la proporci√≥n de energ√≠a generada a partir de fuentes renovables y establecer l√≠neas de transmisi√≥n entre los distintos pa√≠ses podr√≠a representar un ahorro de 30.000 millones de d√≥lares en comparaci√≥n con los planes actuales, pues las energ√≠as renovables no suman costos de combustible y ampliar las l√≠neas el√©ctricas es mucho m√°s barato que construir nuevas plantas el√©ctricas, seg√ļn el BID.

Brasil y Chile, en particular, tienen grandes posibilidades de elevar su producción de energía solar y eólica. Chile tiene más de la mitad de la capacidad solar de América Latina y en Brasil se concentra casi el 60 por ciento de la capacidad eólica de la región.

Integrar fuentes de energ√≠a limpia tambi√©n hace m√°s seguro el suministro. Las fuentes de energ√≠a renovable en Am√©rica Latina pueden ser complementarias; est√°n disponibles a diferentes horas del d√≠a y en distintos momentos del a√Īo en cada pa√≠s. Por ejemplo, Brasil tiene un gran potencial para generar energ√≠a e√≥lica por las noches, mientras que Bolivia, Per√ļ y Chile pueden producir enormes cantidades de energ√≠a solar durante el d√≠a. La integraci√≥n permitir√≠a a los pa√≠ses aprovechar m√°s esta compatibilidad y reducir la necesidad de combinar fuentes de energ√≠a renovable intermitentes con el suministro b√°sico de electricidad a partir de combustibles f√≥siles.

El uso de energías renovables, junto con la integración regional, también permiten que los países diversifiquen sus fuentes energéticas y así se protejan de los impactos del cambio climático en el suministro hidroeléctrico. Hoy en día, América Latina depende de plantas hidroeléctricas para generar casi la mitad de su energía pero, puesto que los patrones de las lluvias están variando debido al cambio climático, son cada vez menos confiables en algunos países.

En 2001, Brasil tuvo una prolongada sequ√≠a que provoc√≥ una ca√≠da en los niveles del agua en las presas hidroel√©ctricas, lo que ocasion√≥ que millones de personas y empresas se quedaran sin electricidad durante meses. En 2016, Colombia impuso algunas medidas de emergencia para ahorrar electricidad con el prop√≥sito de evitar apagones tras una severa sequ√≠a. Ese mismo a√Īo, Venezuela sufri√≥ una sequ√≠a que acab√≥ con el suministro de agua de la principal cuenca donde se genera electricidad, en el r√≠o Caroni.

Si se mantienen las tendencias actuales, las emisiones de dióxido de carbono del sector eléctrico -la mayor fuente de gases de efecto invernadero- aumentarán un 19 por ciento y otros contaminantes del aire peligrosos, como el azufre y el nitrógeno, se incrementarán en más del 50 por ciento entre 2016 y 2030. Sin embargo, si la región utiliza más energía renovable e integra más la red eléctrica, las emisiones de carbono del sector eléctrico podrían bajar un 15 por ciento y otros contaminantes, un 10 por ciento.

Hasta ahora, la integración energética en América Latina es inadecuada. La región necesita agregar unos 12.000 kilómetros de líneas de transmisión transfronterizas con unos 15.000 kilovatios de electricidad para aprovechar realmente su potencial. Por desgracia, el principal obstáculo que impide esta integración es político.

La mayoría de los países se niegan a dar un voto de confianza a sus vecinos para el suministro de energía, pues dan más importancia a la autosuficiencia que a los costos, la confianza y la sostenibilidad. En vez de cerrarse en esta visión limitada sobre la seguridad energética, los países latinoamericanos deberían aprovechar las ventajas que les ofrece la diversificación en el suministro eléctrico e interconectarse.

Además de construir la infraestructura respectiva, muchos países necesitan desarrollar instituciones, normas y reglamentos adecuados que hagan posible el desarrollo de mercados eléctricos eficientes y activos.

Centroamérica, por ejemplo, se beneficiaría si logra ampliar su red regional, pues en el istmo los precios de la electricidad son altos y su generación depende de petróleo importado. Para alentar las inversiones, el marco regulatorio del mercado eléctrico regional debe fortalecerse. Entre otras cosas, debe determinarse el costo de los derechos de transmisión y de las cuotas aplicables al envío de electricidad a través de las fronteras, además de convenir contratos de compraventa de electricidad a largo plazo en el mercado regional para dar mayor seguridad a las inversiones de varios países y unificar las normas nacionales y regionales.

Si bien estas medidas son t√©cnica y econ√≥micamente posibles, requieren que los gobiernos act√ļen en contra de algunos intereses y cedan cierto control sobre sus sistemas el√©ctricos nacionales. No ser√° sencillo lograrlo, pero una red el√©ctrica integrada beneficiar√≠a a Am√©rica Latina y al planeta.

 

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