Las FARC asesinan a equipo de prensa ecuatoriano
Por: Redacci贸n Dat0s
Abril 2018
Fotografia: Reuters

Cuando ya nos hab铆amos olvidado o est谩bamos por olvidar el sufrimiento provocado por el grupo terrorista colombiano las FARC, que tras un prolongado proceso de paz que dur贸 varios a帽os culmin贸 con el cese de hostilidades algo ficticia en soluciones que no parecen m谩gicas, una de las facciones activas del grupo terrorista acaba de proferir un duro golpe a la libertad tras asesinar cobardemente a un grupo de tres periodistas ecuatorianos que hab铆an incursionado en su territorio. Los tres fueron ejecutados en medio del dolor de sus familiares y de un pa铆s Ecuador, que sigui贸 el sufrimiento hasta la hora final. Un sentido homenaje para los periodistas Javier Ortega quien viv铆a tranquilo en Espa帽a,聽pero regres贸 a Ecuador a los 18 a帽os para cumplir su sue帽o de ser periodista. El llamado de la vocaci贸n lo sinti贸 tan claro que decidi贸 prepararse en su pa铆s y convertirse en comunicador. Empez贸, como la mayor铆a, siendo pasante en un medio, y as铆 con esfuerzo fue ascendiendo hasta llegar a diario El Comercio, uno de los de mayor trayectoria del pa铆s. Un d铆a sali贸 a trabajar... y no volvi贸. Con 茅l iba聽Pa煤l Rivas, el encargado de captar las im谩genes.聽脡l llevaba el oficio en la sangre, ya que su padre tambi茅n hab铆a sido fot贸grafo. Adem谩s de disfrutar su trabajo, buscaba transmitir sus conocimientos a su 煤nica hija, como quien intuye que su paso por este mundo pod铆a ser fugaz y sent铆a el compromiso de dejar un legado. Un d铆a sali贸 a trabajar... y no volvi贸.

El mayor de los tres era Efra铆n Segarra, a quien de cari帽o llamaban "Segarrita".聽Ten铆a 60 a帽os y m谩s de media vida la hab铆a pasado sobre las ruedas. Durante 16 a帽os acompa帽贸 a periodistas en sus coberturas, en esas aventuras en las que la adrenalina invade, el temor casi paraliza, pero la responsabilidad de cumplir con la misi贸n es la motivaci贸n para continuar. Efra铆n lo sab铆a y aunque se sent铆a nervioso, como le cont贸 a su familia en su 煤ltima comunicaci贸n, no desisti贸. Por eso, un d铆a sali贸 a trabajar, a trasladar a un equipo period铆stico, a conocer una situaci贸n que necesitaba ser contada... y no volvi贸.

Los tres aparecieron encadenados, abrazados, mirando fijamente a una c谩mara, mientras trataban de no quebrarse, seguramente para no preocupar a sus familias, para no causar sufrimiento a sus seres queridos, para transmitir calma y aferrarse as铆 a la esperanza de retornar a sus hogares, de abrazar nuevamente a los suyos. Pero no ocurri贸.聽Fueron silenciados por un grupo armado al que se le permiti贸 actuar en el pa铆s, gracias a una pol铆tica de fronteras abiertas durante a帽os, potenciada por la incapacidad para manejar la crisis. Fall贸 el Estado. Fallaron las autoridades ecuatorianas. Y sus errores los pagan hoy tres profesionales, que expusieron sus vidas para mostrar a la ciudadan铆a lo que ocurr铆a en la provincia de Esmeraldas, aquello que nadie mostraba, que nadie cubr铆a. Una zona en la que el crimen sigue siendo una salida.

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