QuĂ© tienen en comĂșn gerentes y asistentes (personales)
Por: Zana Petkovic
Marzo 2016

ÂżTiene cerebro?, pregunta una dama engreĂ­da al carnicero.

- Tengo, Âżusted?-. Contesta este.

La risa explota como una ola gigantesca dentro de la carnicería, es såbado en la mañana. Este viejo chiste siempre cae bien en un día gris y frio en un mundo donde los chistes ya no se cuentan. Se viven.

- Medio kilo de cerebro para la dama, grita el carnicero.

Una mujer que se transforma para lograr un aspecto fĂ­sico que se llama belleza artificial sale a hablar en pĂșblico. Ella es, claro, un ejemplo que toda persona que parece un chiste puede lograr para ser privilegiada. AdemĂĄs, puede tener la oportunidad de demostrar en pĂșblico que ignorancia y estupidez son cosas de prestigio.

 

Esta clase de mujeres han prosperado velozmente en la era de los hombres que aman a los asistentes personales cuyo trabajo es repetir cien veces al dĂ­a: "tĂș eres genial", "tĂș eres el mejor", "tĂș eres lo mĂĄximo". Por cumplir esta labor estĂĄn muy bien pagados. Las rubias artificiales tambiĂ©n. Las cantantes no necesariamente tienen que saber cantar, las gerentes no necesariamente tienen que saber gerentar y las abogadas no necesariamente deben saber de leyes. Los polĂ­ticos, poco o nada tienen que saber de polĂ­tica con tal que sepan bailar, cantar y/o enamorar una cantante o a una gerente de esas.

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