SELFIE
Por: Zana Petkovic
Julio 2014

Gracias a una fuente segura (que como todas las fuentes seguras debe ser y es anónima) me enteré que  en los años noventa cuando todavía no existían los teléfonos Smart, una joven mujer británica empleada de una Empresa prestigiosa del Reino Unido decidió hacer algo que años después se convertiría en un hábito digital de muchos. Extrañando de gran manera la presencia de su novio; soldado (tal vez en aquellos tiempos estacionado en Bosnia) ella tuvo una idea brillante: enviar la foto de sus partes íntimas a su amado.  Es decir, después de escribir cartas de amor durante varios meses, la joven se prepara para enviar a su amado su propio selfie.

Tomando en cuenta que el novio ya llevaba la foto de su novia en su billetera, ahora había que hacer algo más atractivo que una sonrisa Colgate. Terminado el día laboral, todos los empleados se fueron a sus casas y la joven se acomodó sobre la fría y brillante tabla de la maquina copiadora y comenzó a fotografiar su polo sur. Una y otra vez hasta que logró una foto nítida y muy sugestiva. La mejor de todas las copias con la imagen del centro de su gracia, como alguna vez describió la parte íntima de la mujer otro también británico Shakespeare, de inmediato fue despachada y las copias menos atractivas terminaron en el basurero.

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