Argentina juzga uno de los mayores esc√°ndalos de pedofilia en la Iglesia
Por: El País
Abril 2018
Fotografia: T√ČLAM

En el seminario arquidiocesano Nuestra Se√Īora del Cen√°culo, en la ciudad argentina de Paran√°, hab√≠a internos que pasaban las noches en vela, aterrados. Sus pesadillas eran reales y ten√≠an nombre y apellido, Juan Jos√© Ilarraz, el prefecto de disciplina entre 1985 y 1993. "Se met√≠a dentro de las camas de los muchachos y abusaba de ellos, casi ni dorm√≠an por temor a vivir esas situaciones", dice a EL PA√ćS el exalumno del seminario Jos√© Francisco Dumoul√≠n. Es uno de los 71 testigos citados por el tribunal de Paran√° en el juicio que arranca este lunes contra Ilarraz. El sacerdote deber√° responder por las acusaciones de abusos sexuales a siete menores de edad, aunque se sospecha que las v√≠ctimas fueron decenas.

Ilarraz ten√≠a bajo su tutela a los ni√Īos y adolescentes que estudiaban en la escuela secundaria orientada al sacerdocio. Seg√ļn los testimonios, escog√≠a a sus v√≠ctimas entre aquellos alumnos del interior de la provincia que viv√≠an en el internado desde los 12 a√Īos. La mayor√≠a ten√≠a v√≠nculos escasos o conflictivos con su familia. "Eleg√≠a a los m√°s vulnerables", asegura Dumoul√≠n, quien entr√≥ en el seminario en 1993, justo despu√©s de que las autoridades eclesi√°sticas se enterasen de los abusos y decidieran enviarlo a Roma. Como ejemplo, cita a la primera v√≠ctima que le cont√≥ lo que le hab√≠a sucedido: "Hab√≠a fallecido su pap√° e Ilarraz se acerc√≥ a √©l, intent√≥ reemplazar la figura paterna para aprovecharse de √©l".

"√Čramos gurises (ni√Īos). Sal√≠amos de los campos, de las aldeas, de pueblitos perdidos en la provincia, con la esperanza de tener otro proyecto para uno, una vida distinta", declar√≥ a Clar√≠n una de las v√≠ctimas, Fabi√°n Schunk. "Fueron momentos muy duros para todas las v√≠ctimas. Momentos de soledad, porque entre nosotros no habl√°bamos. No sab√≠amos que al otro le estaba pasando lo mismo. Decirte que en un pabell√≥n hab√≠a entre 30 y 40 personas y de noche escuchabas un gurisito llorando y no sab√≠as por qu√© y a los a√Īos te enterabas de que ese pibe hab√≠a sido abusado. Uno cre√≠a que extra√Īaba. Y despu√©s el llanto de uno lo disimulaba", record√≥ Schunk.

Confesión por carta

Schunk fue una de las tres v√≠ctimas en declarar este lunes en la primera audiencia del juicio. Entre las pruebas en su contra hay una carta del Vaticano en la que el sacerdote admite los hechos y dice estar arrepentido. De ser condenado se enfrenta a penas de hasta 25 a√Īos.

Cuando Shunk entr√≥ en el seminario estaba convencido de que quer√≠a ser sacerdote, pero el abuso le marc√≥ y decidi√≥ colgar los h√°bitos en 2005. Otras v√≠ctimas tampoco siguieron su vocaci√≥n, entre ellos Jos√© Riquelme, que ahora est√° casado. Fue su mujer quien le anim√≥ a denunciar. Ten√≠a 14 a√Īos y acababa de entrar en el seminario cuando Ilarraz se le acerc√≥ en la ducha con una toalla y mientras le secaba le empez√≥ a manosear los genitales. "No lo tomes a mal, porque forma parte de nuestra amistad", le dijo ese primer d√≠a el cura.

Los j√≥venes dicen que no era f√°cil oponerse a su superior, quien les manipulaba y los atra√≠a con enga√Īos y tratos de favor. Quienes acced√≠an recib√≠an dulces, sal√≠an de paseo y pod√≠an ver sus programas favoritos de televisi√≥n en la habitaci√≥n del cura. Pero si le rechazaban, Ilarraz declaraba rota la amistad y a partir de ese momento pasaban a ser invisibles para √©l.

Las v√≠ctimas comenzaron a denunciar lo ocurrido en 1993 ante las autoridades del seminario. Eso motiv√≥ la apertura de una investigaci√≥n interna y la expulsi√≥n de Ilarraz a Roma. Sin embargo, el cura regres√≥ al pa√≠s cuatro a√Īos despu√©s y fue destinado como sacerdote a Tucum√°n. En 2012, un grupo de v√≠ctimas se decidi√≥ a hablar e hizo p√ļblicos los abusos en un reportaje publicado por la revista An√°lisis. Ante el esc√°ndalo, la Fiscal√≠a abri√≥ una causa de oficio. La Justicia entrerriana consider√≥ prescritos los delitos en primera instancia, pero tribunales superiores revirtieron la decisi√≥n y ordenaron sentar al cura en el banquillo de los acusados. Nerviosos antes de declarar, los exalumnos conf√≠an en que Ilarraz sea condenado y ver preso al hombre que arruin√≥ su infancia.

 

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