EE.UU. se acostumbra a las guerras sin victoria y sin final
Por: El País
Enero 2015

El fin de la misión de combate en Afganistán es simbólica: el conflicto contra los talibanes persiste y los norteamericanos seguirán hasta 2016 en el país centroasiático

Las guerras del siglo XXI acaban sin desfiles triunfales ni lluvias de confeti. Estados Unidos se retir√≥ hace tres a√Īos de Irak sin cumplir los objetivos que se propuso en la invasi√≥n de 2003. Y esta semana ha concluido la misi√≥n de combate en Afganist√°n -la guerra m√°s larga de la historia de EE UU, m√°s que la Segunda Guerra Mundial y que Vietnam- con una ceremonia discreta en Kabul, un comunicado del presidente Barack Obama y los talibanes celebrando la derrota de los aliados. La era de las victorias de la primera potencia ha terminado.

"La guerra en Afganistán ha terminado en el mismo sentido en que terminó la guerra de Irak en 2011. Es decir, en realidad no ha terminado", dice el historiador militar Andrew Bacevich, veterano de Vietnam y padre de un soldado muerto en Irak. "Los americanos se marchan pero la guerra continuará. El resultado está por decidir".

Desde el 1 de enero el objetivo de EE UU y los aliados de la OTAN en Afganistán ya no es combatir frente a los talibanes y otros grupos insurgentes: esta misión corresponde a las fuerzas armadas afganas. Los cerca de 11.000 militares norteamericanos tendrán una misión más limitada: entrenar a los afganos y participar en operaciones contraterroristas.

El temor a que una retirada brusca ofrezca v√≠a libre a los talibanes para recuperar la capital, Kabul, 13 a√Īos despu√©s de la intervenci√≥n de EE UU, ha llevado a Obama a ralentizar sus planes de ahora al 2016, la fecha que Obama ha fijado para la retirada final: mil soldados m√°s de los previstos se quedar√°n en el pa√≠s centroasi√°tico y el contingente norteamericano dispondr√° de un margen mayor para luchar contra los talibanes y Al Qaeda.

El Afganist√°n que EE UU empieza a abandonar no es un pa√≠s estable. En 2014, murieron m√°s de tres mil civiles afganos, la cifra m√°s elevada desde 2008, cuando la ONU cont√≥ por primera vez las bajas civiles. Este mismo a√Īo, murieron unos 5.400 soldados y polic√≠as afganos, la cifra m√°s elevada desde que comenz√≥ la guerra.

Desde 2001 Afganistán ha dejado 2.224 militares norteamericanos muertos y 19.945 heridos. En Irak murieron, entre 2003 y 2011, 4.491 norteamericanos y 32.244 resultaron heridos. Más secuelas. "Depresión, ansiedad, pesadillas, problemas de memoria, cambios de personalidad, pensamientos suicidas: cada guerra tiene su posguerra, y así es con las guerras de Irak y Afganistán, que han creado unos quinientos mil veteranos americanos heridos mentales", escribe el periodista David Finkel en el libro 'Gracias por sus servicios'.

Tras la retirada, llega la hora de digerir la década y media de conflictos sin victoria. La avalancha de heridos engorda las listas de espera en los hospitales de veteranos. El regreso, como ocurrió después de Vietnam, no es fácil. Cerca del 7,2% de veteranos de Irak y Afganistán están en paro, por encima de la media nacional.

La diferencia con Vietnam es que, al contrario que entonces, los veteranos no encuentran en su país una recepción hostil. Vietnam marcó el fin del reclutamiento obligatorio. El carácter voluntario de las fuerzas armadas, desde 1973, las ha profesionalizado, pero también ha abierto un abismo entre los militares y el resto de la sociedad.

Menos del 1% de norteamericanos ha combatido en Irak y Afganist√°n. EE UU inici√≥ la llamada guerra contra el terrorismo como respuesta a los atentados de 2001, pero durante estos a√Īos EE UU no ha vivido como un pa√≠s en guerra.

Los combates eran algo lejano, ex√≥tico. Unos meses despu√©s del 11-S, "aunque nominalmente estaba 'en guerra', la naci√≥n empez√≥ a comportarse como si estuviese 'en paz'", escribe Bacevich en su √ļltimo ensayo, 'Quiebra de la confianza. C√≥mo los americanos han fallado a sus soldados y a su pa√≠s'.

"Es extra√Īo, pero la relaci√≥n [entre los norteamericanos y las fuerzas armadas] no ha cambiado realmente a pesar del largo periodo de guerra", dice Bacevich en un correo electr√≥nico. "Hoy, como era el caso antes del 11-S, los americanos pretenden preocuparse por los soldados, pero su preocupaci√≥n no se ampl√≠a hasta el punto de impedir el compromiso en guerra innecesarias e imposibles de ganar".

En un art√≠culo titulado "¬ŅPor qu√© los mejores soldados del mundo no dejan de perder?", publicado en el √ļltimo n√ļmero de la revista 'The Atlantic', el periodista James Fallows vincula la distancia entre los civiles y los militares con el hecho de que EE UU se haya embarcado en "guerra sin fin que no puede ganar".

La desconexi√≥n, unida a la veneraci√≥n autom√°tica de los militares por parte de los ciudadanos, aisla a los militares de las cr√≠ticas que reciben otras instituciones de EE UU, como el Congreso o Wall Street. A la larga, seg√ļn Fallows, la ausencia de un escrutinio p√ļblico perjudica a los militares, porque pierden incentivos para mejorar. La profesionalizaci√≥n de los ej√©rcitos permite a los pol√≠ticos embarcarse en guerras sin asumir un coste social: las consecuencias las sufre una parte √≠nfima de la poblaci√≥n.

Esta es la "era del conflicto persistente", seg√ļn la frase acu√Īada en 2007 por el entonces jefe del Ej√©rcito de Tierra, el general George Casey. El concepto 'ganar guerras' queda obsoleto. "En este mundo no 'ganaremos guerras'", vaticin√≥ en 2011 Anne-Marie Slaughter, jefa de planificaci√≥n pol√≠tica del Departamento de Estado cuando Hillary Clinton era secretaria de Estado. "Tendremos un abanico de heramientas civiles y militares para aumentar nuestra posibilidades de convertir resultados malos y amenazantes en resultados buenos, o como m√≠nimo mejores".

El objetivo, en Irak y en Afganist√°n, ya no es ganar, sino evitar da√Īos mayores. Y el plazo es flexible. En Afganist√°n es 2016. En Irak fue 2011, pero este verano los avances del Estado Isl√°mico han forzado a EE UU a regresar. Si las guerras del siglo XXI acaban sin desfiles y confeti, es porque muchas jam√°s acaban del todo.

 

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