Europa: primera derrota del populismo tras el Brexit en Espa√Īa
Por: El Confidencial
Junio 2016
Fotografia: EFE / El Confidencial

Europa sufri√≥ hace tres d√≠as su momento m√°s amargo en d√©cadas. En esas circunstancias, la celebraci√≥n de otras elecciones en Espa√Īa se viv√≠a como una nueva amenaza desestabilizadora

Tendremos tiempo y ocasiones durante las próximas semanas para analizar con detalle todo lo que ha ocurrido en estas elecciones, visto desde nuestra realidad doméstica: el inesperado triunfo del PP, el triste alivio del PSOE -excampeón de Liga- por haber salvado la permanencia, elfracaso estratégico de Pablo Iglesias y la fragilidad de Ciudadanos, que parece tener el atractivo y la consistencia de una pompa de jabón. También, cómo no, el discutible papel de las encuestas: aquí el ganar o perder ya no consiste en superar al adversario político, sino en batir o ser batido por las expectativas demoscópicas.

De todo ello hablaremos largo y tendido. Pero esta noche quiero contemplar¬†estas elecciones como imagino que las ver√°n quienes desde todos los pa√≠ses de Europa miraban hacia Espa√Īa con preocupaci√≥n.

Europa sufri√≥ hace tres d√≠as¬†su momento m√°s amargo en d√©cadas. Una amputaci√≥n traum√°tica que, adem√°s, viene acompa√Īada de negros presagios sobre el porvenir. En esas circunstancias, la celebraci√≥n de unas segundas elecciones en Espa√Īa -un hecho sin precedentes- se viv√≠a como una nueva amenaza desestabilizadora.

En estas elecciones podrían haber ocurrido dos calamidades. La primera es que la cuarta potencia económica de Europa hubiera sido incapaz de salir del desgobierno y se hubiera quedado atascada en un bucle siniestro de inestabilidad crónica, imposibilitada de darse a sí misma un Gobierno. El simple pensamiento de que después de las segundas elecciones pudieran venir unas terceras era estremecedor.

El segundo peligro es que en Espa√Īa se hubiera avanzado un tranco m√°s en la fren√©tica galopada de los populismos hacia el poder. Despu√©s de la tremenda sacudida emocional del¬†Brexit, amanecer este lunes con la noticia de que un partido populista se hab√≠a encaramado al poder pol√≠tico en Espa√Īa era lo m√°s parecido a una pesadilla.

Estas elecciones se han celebrado porque los dirigentes políticos incumplieron su deber. Durante seis meses el mundo ha contemplado con estupor el penoso espectáculo de unos partidos incapaces de hacer algo tan elemental en democracia como formar un Gobierno después de unas elecciones. Devolvieron la pelota a los ciudadanos, con un mensaje claro: ya que nosotros no podemos ni sabemos resolver el problema del gobierno, resuélvanlo ustedes votando de nuevo.

Pues bien, eso es exactamente lo que ayer hicieron los votantes con la eficacia ejecutiva que falt√≥ a sus representantes. El √ļnico objeto de esta votaci√≥n era que de ella saliera un Gobierno, y ah√≠ lo tienen. A unos -los m√°s pr√≥ximos a la derecha- les gustar√° m√°s el resultado y a otros menos, pero de estas elecciones sale una decisi√≥n clara y un reparto de papeles inequ√≠voco: el¬†PP, a gobernar con la colaboraci√≥n de Ciudadanos. El¬†PSOE, a ejercer como primer partido de la oposici√≥n y de la izquierda. Y¬†Podemos, a continuar, desde su singular naturaleza pol√≠tica, con su proceso de adaptaci√≥n e integraci√≥n en los mecanismos de la democracia representativa.

Los espa√Īoles ten√≠an que solucionar ayer el problema del Gobierno y no dejaron espacio para la duda. Se acab√≥ el juego: con este resultado, ha quedado¬†despejado el camino que parec√≠a obstruido sin remedio. El Congreso se constituir√° con normalidad, el Rey har√° una ronda de consultas normal, habr√° las normales conversaciones entre los partidos y en pocas semanas se celebrar√° una sesi√≥n de investidura normal de la que saldr√°n un presidente y un Gobierno normales. El voto del 26-J ha normalizado de un solo golpe la situaci√≥n pol√≠tica. Y visto desde Europa, ha salvado el peligro de uno de sus miembros m√°s importantes sometido a unainestabilidad insoportable.

El otro desaf√≠o era saber si Espa√Īa se convertir√≠a en un nuevo territorio conquistado por el¬†populismo. Todo hac√≠a prever que as√≠ ser√≠a. Todos ve√≠amos ya al caudillo populista conquistando La Moncloa o denunciando entre rayos y centellas al socialtraidor que, tras haber sido humillado y 'sorpassado', no hab√≠a querido entreg√°rsela.

Pues no. Resulta que quienes ha frenado el avance del populismo hacia el poder no han sido los dirigentes del PSOE. Los votantes ni siquiera han querido dar a los socialistas la ocasi√≥n de equivocarse, y han asumido ellos mismos la tarea de parar los pies al conglomerado populista y ponerlo en su sitio. Iglesias no ser√° presidente del Gobierno ni l√≠der de la oposici√≥n. No se sentar√° en la cabecera del banco azul ni en la de los bancos rojos. Ocupar√°, eso s√≠, el espacio que corresponde a un partido nuevo pero ya importante, llamado a jugar un papel muy relevante en nuestra vida p√ļblica y que representa a unos cuantos millones de personas. Alcanzar¬†71 diputados en dos a√Īos no es poca cosa, pero da para lo que da. Ni un paso m√°s, ni uno menos.

Esta segunda decisión tiene un especial valor simbólico. Porque esta ha sido la primera derrota electoral del populismo en esta Europa que por momentos parece estar enloqueciendo y regresando a lo peor de su historia.

Espa√Īa fue uno de los primeros pa√≠ses en los que se manifest√≥ el nuevo populismo como un fen√≥meno pol√≠tico emergente asociado a la ira social frente a la crisis; y desde ayer es tambi√©n el primero en el que esa marea populista, aparentemente incontenible, ha sido frenada. Y se ha hecho de la mejor forma posible: votando en unas elecciones parlamentarias, aunque hayan sido tan extra√Īas como estas.

Con ello, la sociedad espa√Īola no solo se ha hecho un favor a s√≠ misma, sino que ha¬†aliviado en parte la zozobra de una Europa que comienza a estar asustada de s√≠ misma. Estoy seguro de que en toda la prensa europea y mundial, la noticia de estas elecciones espa√Īolas se resumir√° en dos ideas: a) Espa√Īa, por fin tiene un Gobierno;¬†b) los espa√Īoles frenan la marea populista. Ello no compensa la cat√°strofe del Brexit, pero seguro que es un alivio. Y, de paso, tambi√©n ha retrocedido un poco el nacionalismo, lo que nunca viene mal.

Ni he votado al PP ni me complace que gobierne la derecha ni creo que Mariano Rajoy y su partido hayan merecido el premio que recibieron ayer. Pero aquí se había montado una jarana política infumable que tenía al país atascado. Hasta que llegó el votante y mandó parar. Pues misión cumplida, amén y que esto no se repita.

 

 

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