Francisco: "Un pueblo tiene futuro si cuenta con los j贸venes y los ancianos"
Julio 2013
Fotografia: EFE
El Papa saluda a los congregados en el aeropuerto de R铆o de Janeiro desde el avi贸n

El Pa铆s.- A las 10.30 de la ma帽ana, de camino a R铆o de Janeiro, el papa Francisco aparece en la zona del avi贸n dedicada a los periodistas. A diferencia de sus predecesores, que contestaban unas cuantas preguntas pactadas, Jorge Mario Bergoglio decide explicar en unos minutos el sentido de su viaje a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) y luego saludar uno a uno, durante una hora, a los 70 enviados especiales. De pie, sin papeles delante y ni una cita a Dios o la Iglesia, el papa Francisco lanza un fuerte mensaje contra "la cultura del descarte", que no solo amenaza a los j贸venes -"una generaci贸n sin trabajo por la crisis mundial"- sino tambi茅n a los ancianos. "Los dejamos de lado", explica el Papa, "como si no tuvieran nada que ofrecernos, pero tienen la sabidur铆a de la vida, de la historia, de la patria, de la familia. Un pueblo no tiene futuro si no va adelante con los dos extremos: con los j贸venes porque tienen la fuerza y con los ancianos porque tienen la sabidur铆a de la vida".

El Airbus 330 de Alitalia, con el c贸digo AZ4000, que se destina a los vuelos papales, despega de Roma, cruza el Mediterr谩neo para sobrevolar Argelia, Mauritania y Senegal antes de alcanzar el Atl谩ntico con destino a Brasil. Francisco, que ha cursado telegramas de saludo a los presidentes de los distintos pa铆ses que atraviesa, aparece en la cola del avi贸n apenas una hora despu茅s del despegue. Es su primer viaje internacional. Antes, solo sali贸 de Roma para encontrarse en la isla italiana de Lampedusa con los inmigrantes que cruzan el Mediterr谩neo entre 脕frica y Europa a bordo de barcazas destartaladas. Miles de ellos no lo consiguen. Por eso, el primer gesto de Francisco al llegar a la isla fue lanzar una corona al mar en recuerdo de la muerte invisible de quienes quisieron dejar de serlo jug谩ndose la vida.

Tambi茅n ahora, de camino a Brasil, el Papa quiere atraer la atenci贸n de los focos hacia quienes, por j贸venes o por viejos, por culpa de la crisis internacional o por ego铆smo de un presente que no mira al futuro ni se acuerda del pasado, se est谩n quedando en la cuneta. "Este primer viaje", advierte Francisco, "es para encontrar a los j贸venes, pero en el tejido social, no aislados de la vida". "Cuando aislamos a los j贸venes", explica el Papa, "cometemos una injusticia. Les quitamos la pertenencia: a una familia, a una patria, a una cultura, a una fe... No debemos aislarlos de la sociedad. Ellos son el futuro de un pueblo pero no solo ellos. Ellos son el futuro porque tienen la fuerza, son j贸venes, van hacia adelante. Pero en el otro extremo de la vida, los ancianos son tambi茅n el futuro de un pueblo. Pienso muchas veces que estamos cometiendo una injusticia con los ancianos. Y por eso os digo que voy a R铆o a encontrar a los j贸venes, pero en su tejido social, principalmente al lado de los ancianos".

Antes de empezar a hablar del sentido de su viaje, el Papa ha bromeado sobre su conocida aversi贸n a las entrevistas y luego dar谩 a煤n m谩s en el encuentro cercano, atento, con cada uno de los corresponsales. Pero ahora habla poniendo esfuerzo y gravedad en sus palabras, intensidad en una mirada que sale a buscar la complicidad de los dem谩s y, casi siempre regresa con ella. Una buena parte de los que se arremolinan a su alrededor son los llamados vaticanistas, periodistas especializados en la informaci贸n de la Santa Sede, expertos algunos en desentra帽ar los discursos del te贸logo Joseph Ratzinger. Francisco tiene un estilo distinto. Tan distinto que en este vuelo hacia la periferia, que es el destino preferente de su papado, no habla de Dios ni de la Iglesia, sino entre quienes "creyentes o no" sufren en carne propia la gran injusticia de la desigualdad.

"Le铆 la pasada semana" dice Jorge Mario Bergoglio, "el porcentaje de j贸venes sin trabajo. Pensad que existe el riesgo de tener una generaci贸n sin trabajo. Y del trabajo viene la dignidad de la persona. La dignidad es ganarse el pan. En este momento, los j贸venes sufren especialmente la crisis. Y nos estamos acostumbrando a la cultura del descarte. Con los ancianos se hace demasiado a menudo. Pero tambi茅n ahora con tantos j贸venes sin trabajo. Debemos eliminar esta costumbre de descartar. No. Debemos ir hacia la cultura de la inclusi贸n, del encuentro. Tenemos que hacer un esfuerzo por llevar a todos a la sociedad. Este es el sentido que yo quiero dar a este encuentro con los j贸venes".

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