Jair Bolsonaro pone en riesgo la democracia en Brasil
Por: Carol Pires / The New York Times
Julio 2018
Fotografia: Heuler Andrey/Agence France-Presse ‚ÄĒ Getty Images

Las elecciones suelen ser un ejercicio de futurolog√≠a: los candidatos proponen futuros posibles para el pa√≠s. Pero la campa√Īa electoral en Brasil est√° mirando al pasado. La crisis pol√≠tica y la convulsi√≥n social que gener√≥ la investigaci√≥n Lava Jato contra la corrupci√≥n y la destituci√≥n de la expresidenta Dilma Rousseff podr√≠an haber originado una nueva ola de l√≠deres brasile√Īos en la disputa por la presidencia de este a√Īo. Sin embargo, los dos aspirantes punteros son dos viejos conocidos: el exmandatario Luiz In√°cio Lula da Silva y el militar retirado y actual diputado Jair Bolsonaro. Ambos proponen un futuro muy parecido al pasado.

Lula, quien desde prisi√≥n lidera las encuestas, inspira en los votantes la nostalgia de un tiempo de bonanza econ√≥mica y paz que ya no volver√°n, en buena medida porque la configuraci√≥n de las fuerzas pol√≠ticas y su reputaci√≥n ya no son las mismas que antes. Pero la factibilidad de la plataforma de Lula empieza a ser menos relevante si se considera la probabilidad de que la candidatura del expresidente sea impugnada por el Tribunal Superior Electoral. En ese caso, seg√ļn los estudios m√°s recientes, quien quedar√≠a en primer lugar en las intenciones de voto ser√≠a Bolsonaro, un defensor de la dictadura militar brasile√Īa que se prolong√≥ de 1964 a 1985 y quien ha justificado el uso de la tortura.

Los signos de la pol√≠tica han cambiado y nadie en Brasil lo ha entendido mejor que Bolsonaro. El aspirante de extrema derecha ha sabido usar el lenguaje de las redes sociales: en vez de debatir ideas, culpa a quien no est√° de acuerdo con √©l. Bolsonaro es como un meme que se hace viral porque difunde opiniones f√°ciles. Su discurso transita entre la rabia y los perjuicios. Pas√≥ de ser un diputado anodino al l√≠der de las encuestas porque un n√ļmero significativo de brasile√Īos -cansados de la violencia, el caos de la pol√≠tica pos-Odebrecht y el avance de la agenda progresista de la izquierda- apoya sus posturas conservadoras de ruptura y su mano dura.

Bolsonaro dio con una fórmula atractiva en un país atribulado: ofrecer soluciones simples para problemas complejos.

Entre Lula y Bolsonaro hay un espectro muy diverso de contendientes a la presidencia que van de la izquierda a la derecha, de figuras relativamente nuevas -como Guilherme Boulos, el l√≠der del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo- a pol√≠ticos experimentados -como el exgobernador de S√£o Paulo Geraldo Alckmin-. Ning√ļn precandidato de la actual contienda es perfecto, pero comparten una caracter√≠stica vital: son respetuosos de la democracia. Todos salvo uno: el militar retirado, que representa nuestro ominoso pasado autoritario, tiene el 19 por ciento de la intenci√≥n de voto. Parece que los brasile√Īos nos sentimos tentados a retroceder.

En noviembre del a√Īo pasado, acompa√Ī√© a Bolsonaro a una graduaci√≥n militar. Verlo en acci√≥n me record√≥ a la despedida de Lula de la presidencia. El 1 de enero de 2011, el expresidente rompi√≥ el protocolo y baj√≥ la rampa del Pal√°cio do Planalto para lanzarse a los brazos de la multitud que lo aclamaba. Esa ha sido la iconograf√≠a de Lula desde que era l√≠der sindical en la d√©cada de los setenta hasta el d√≠a, en abril de este a√Īo, en que se entreg√≥ a Polic√≠a Federal para iniciar su condena por corrupci√≥n: √©l en el centro rodeado por un mar de manos ansiosas por tocarlo. En la ceremonia, Bolsonaro tambi√©n rompi√≥ con el cord√≥n de seguridad para ser absorbido con fervor por los cadetes y sus familiares. Pero en el caso de Bolsonaro, el impulso de la masa no era tocarlo, sino retratarlo. El capit√°n del ej√©rcito retirado estaba rodeado por decenas de celulares y congel√≥ la sonrisa para las selfis.

Bolsonaro se presenta como el antipol√≠tico, pero ha sido diputado por 27 a√Īos. Se presenta tambi√©n como el √ļnico candidato honesto, pero, seg√ļn investigaciones, ha contratado a familiares con recursos p√ļblicos y ha usado dinero de su partida parlamentaria para su campa√Īa. Por una d√©cada form√≥ parte del Partido Progresista, el partido con el mayor n√ļmero de pol√≠ticos bajo investigaci√≥n por la operaci√≥n Lava Jato. Dice ser la mejor opci√≥n para estabilizar el mercado, pero su historial es el de un estatista. Es un pol√≠tico de derecha pero en su momento celebr√≥ la elecci√≥n de Hugo Ch√°vez en Venezuela.

Ninguna de estas contradicciones parece molestar a sus seguidores, quienes lo apoyan por las mismas razones que sus opositores lo repudian. Como Donald Trump y otros populistas actuales, se alimenta acosando a sus adversarios.

En 1997, cuando el entonces senador izquierdista Eduardo Suplicy fue atacado por un perro, Bolsonaro propuso condecorar al perro. En 1999, durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, dijo que la dictadura debería haber "fusilado por lo menos a 30.000" personas, "empezando por el presidente". También Bolsonaro ha dicho que preferiría que un hijo se muriera en un accidente "a tener un hijo homosexual". Frente a las cámaras de televisión, le espetó a una diputada que no la violaría porque era fea. La lista de ejemplos machistas y racistas es larga. Pero acaso su momento estelar fue cuando en la votación para destituir a Dilma Rousseff -exguerrillera torturada- le dedicó su voto al jefe del centro de tortura de la dictadura.

Una encuesta mostró que sus seguidores -que lo llaman "el mito" o "Bolsomito"- lo toman en serio, pero no al pie de la letra. Lo ven como el representante de la transgresión, no como el político del odio. El militar retirado ha logrado posicionarse al mismo tiempo como un líder conservador que quiere "rescatar los valores familiares" y como una figura refrescante que se opone radicalmente a lo políticamente correcto (el 60 por ciento de sus seguidores son jóvenes).

A pesar de sus declaraciones inquietantes, su ineficiencia en el Congreso, su falta de programa econ√≥mico, Bolsonaro es popular porque es populista. Ante la sobrepoblaci√≥n en las c√°rceles y el aumento de la violencia urbana, propone armar a la poblaci√≥n para que mate a los criminales. Y quien no est√° de acuerdo debe ser un criminal tambi√©n, insin√ļa. Su guerra de frases efectistas distorsionan cualquier intento de debatir. Su discurso incendiario ha permeado en sus seguidores, quienes han dicho que si no gana las elecciones se deber√° a un fraude electoral. Lo que permite hacer un primer ejercicio de futurolog√≠a: estas elecciones no van pacificar el pa√≠s.

Quiz√°s no gane la presidencia, pero que Bolsonaro haya cobrado tal protagonismo en la pol√≠tica brasile√Īa significa un retroceso. En las elecciones es com√ļn decir que se votar√° por el candidato "menos peor". Pero en esta contienda hay un riesgo adicional: no hay aspirantes perfectos, pero uno de los contendientes ha hecho una campa√Īa con posturas decididamente antidemocr√°ticas. Bolsonaro es un s√≠ntoma del descontento social que vive Brasil, no una soluci√≥n. Si algo necesita Brasil ahora es consolidar su democracia.

 

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