La anulación de su candidatura deja a Lula sin opciones
Por: El País
Septiembre 2018
Fotografia: Reuters

Las elecciones m√°s inciertas en la reciente democracia de Brasil sufrieron la madrugada del s√°bado, a 36 d√≠as de las urnas, una nueva sacudida. El Tribunal Electoral decidi√≥, con 6 votos a favor y 1 en contra, que el expresidente Luiz In√°cio Lula da Silva, favorito en las encuestas, no puede presentarse como candidato por estar condenado desde abril a 12 a√Īos de prisi√≥n por corrupci√≥n. Lula, que se hab√≠a inscrito desde la c√°rcel, en claro desaf√≠o a las leyes que proh√≠ben concurrir a los condenados en la segunda instancia como √©l, tampoco podr√° tardar mucho en nombrar un sustituto y hasta que lo haga, no se le dejar√° pedir el voto en la campa√Īa televisiva que comienza hoyLa cuesti√≥n ya no era si Lula da Silva iba a volver a presidir Brasil tras las elecciones de octubre como podr√≠a parecer leyendo las encuestas. Con las leyes tan firmemente en contra de que un preso como √©l llegue al poder a pesar de su popularidad, y con tantos tribunales dispuestos a aplicarlas al pie de la letra, el quid era m√°s bien hasta d√≥nde pod√≠a llegar esta candidatura. Y esa respuesta lleg√≥ el viernes.

No por ser una noticia esperada deja de ser trascendental en los complicados comicios del primer pa√≠s latinoamericano. Por un lado, a tan solo cinco semanas para las urnas, se ha vetado al candidato m√°s popular. A√ļn desde la c√°rcel, Lula tiene un 39% de la intenci√≥n del voto: el siguiente en la lista, el ultraderechista Jair Bolsonaro, tiene un 19% y el resto apenas pasa del 6%. Los no pocos simpatizantes de Lula podr√≠an pasar el resto de los comicios cuestionando la legitimidad de estos y argumentando que sin el expresidente, la votaci√≥n no es v√°lida (lo que tambi√©n podr√≠an decir sus oponentes en caso contrario). El potencial que tiene esta sentencia de desestabilizar el discurso p√ļblico es considerable.

Pero ir√≥nicamente tambi√©n ayuda a estabilizar el tono porque disipa buena parte que las inc√≥gnitas que estaban estancando los comicios. Ya no existe m√°s la pregunta principal: ¬Ņse podr√° presentar Lula? Porque la respuesta es no. La siguiente pregunta en la lista es la complicada: ¬Ņes esta sentencia el fin de la candidatura de Lula? S√≠ y no.

Primero el no. Lula es candidato hasta que desista o hasta que el Tribunal Supremo diga que no lo es. El PT insiste que mientras tenga recursos que presentar contra una sentencia desfavorable al expresidente, lo har√°. Juicio a juicio, estirando cada plazo todo lo que puedan, en una imposible carrera hacia adelante que les lleve lo m√°s cerca posible de la cita con las urnas. Y tras la sentencia del viernes a√ļn les quedan tres recursos que presentar, uno ante el Tribunal de Justicia y dos ante el Supremo. A largo plazo, esta estrategia podr√≠a resultar en que los votos que logre se declaren nulos (no deja de haber en la agrupaci√≥n una minor√≠a radical que insiste en que este es el camino a seguir).

Y ah√≠ es donde entra la idea de que s√≠ es el fin de la candidatura de Lula. Poco queda para que o Lula o Supremo digan que el exmandatario no lo es. Toda esta carrera tiene, al fin y al cabo, vocaci√≥n de circo. En Brasilia se da ya por sentada la teor√≠a que el objetivo de Lula nunca fue llegar a la presidencia. Que en cuanto entr√≥ en la c√°rcel y qued√≥ virtualmente inhabilitado para cualquier cargo pol√≠tico, el PT cambi√≥ de estrategia y escogi√≥ al √ļnico nombre medianamente conocido que les quedaba: Fernando Haddad, exalcalde de S√£o Paulo. Solo que quien tiene el 39% de la intenci√≥n de voto no es √©l sino el exmandatario. As√≠, se cre√≥ un sainete con la candidatura de Lula desde la c√°rcel cuyo √ļnico prop√≥sito es retener los m√°ximos votantes posibles hasta que el expresidente, a √ļltima hora, delegue todo en manos de Haddad.

Esa √ļltima hora ten√≠a una fecha grabada en fuego: el 17 de septiembre, 20 d√≠as antes de las urnas, √ļltimo momento legal para modificar las candidaturas legalmente. Ese d√≠a iba a que ser el Rubic√≥n de la estrategia del PT. Y ni un d√≠a antes porque, como ha demostrado una de las √ļltimas encuestas, Haddad ha resultado no despegar entre los votantes. Solo un 4% de los seguidores de Lula est√° dispuesto a darle su voto.

Sabiendo esto, el juez instructor de la causa en el Tribunal Electoral, Luis Roberto Barroso, repartió en su sentencia de ayer una serie de obstáculos. Primero, Lula tiene 10 días para presentar un sustituto, bien antes del día 17. Y segundo: hasta que no lo haga, Lula no podrá protagonizar publicidad electoral pidiendo el voto para sí mismo.

El PT insiste que va a recurrir la sentencia.¬† Pero lo cierto es que Haddad ya est√° haciendo campa√Īa informalmente: el s√°bado fue a Caet√©s, tierra natal de Lula. En sus propias filas ya hay quien apunta que el expresidente, sin opciones reales, delegar√° todo en Haddad lo antes posible. Por primera vez en la vida del hist√≥rico exmandatario, cada d√≠a que tarde en tirar la toalla es un d√≠a perdido.

 

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