Puerto Rico a la deriva
Por: The New York Times
Julio 2019
Fotografia: √Črika P. Rodr√≠guez para The New York Times

Entre los miles de manifestantes que el lunes en la tarde llenaron el Viejo San Juan, la ciudad colonial de la capital de Puerto Rico donde se ubica la Fortaleza, residencia oficial del gobernador Ricardo Rosselló, había una joven con una pancarta en la que se leía: "Yo marcho por Rosaura Roque, quien murió en la oscuridad por falta de necesidades básicas. Recuerda su nombre".

Las protestas multitudinarias que han paralizado sectores de la capital puertorrique√Īa en los d√≠as pasados no tienen relaci√≥n inmediata con la muerte de Rosaura Roque, una de las casi 3 000 personas que, seg√ļn un estudio comisionado por el gobierno local, fallecieron a consecuencia del hurac√°n Mar√≠a que devast√≥ a esta colonia estadounidense en septiembre de 2017.

Pero para muchos puertorrique√Īos est√°n relacionadas: casos como el de Rosaura reflejan la enorme frustraci√≥n que los puertorrique√Īos han acumulado durante la √ļltima d√©cada ante la incompetencia del gobierno. El reciente esc√°ndalo del gobernador Rossell√≥ parece ser la gota que ha desbordado el vaso.

El fin de semana se¬†hicieron p√ļblicas 889 p√°ginas de capturas de pantalla de¬†una conversaci√≥n llena de vulgaridades, comentarios homof√≥bicos y mis√≥ginos, burlas e insultos en la mensajer√≠a Telegram entre Rossell√≥ y algunos de sus colaboradores m√°s cercanos, todos hombres. Las conversaciones del gobernador con sus allegados (algunos eran funcionarios, otros no) podr√≠an, adem√°s, ser evidencia de delitos como malversaci√≥n de fondos p√ļblicos, recopilaci√≥n ilegal de informaci√≥n de opositores, conspiraci√≥n, amenazas, discriminaci√≥n, incitaci√≥n a la violencia y enriquecimiento il√≠cito, seg√ļn un pliego acusatorio de dieciocho posibles delitos que present√≥ el legislador del¬†Partido Independentista Puertorrique√Īo Dennis M√°rquez ante la C√°mara de Representantes de la isla.

El desprestigio del gobernador de 40 a√Īos, quien gan√≥ las elecciones en 2017 y es hijo de un pol√©mico exgobernador cuyo mandato (1993-2001) concluy√≥ con algunos de sus aliados presos por corrupci√≥n, ha sido instant√°neo.

Horas despu√©s de que se divulgaron las conversaciones, Rossell√≥ pidi√≥ perd√≥n y despidi√≥ a los funcionarios y asesores que participaron m√°s activamente en ellas. Pero su respuesta no apag√≥ la ira social. El lunes, las manifestaciones fueron masivas e incluyeron actos de vandalismo e incendios. Para hoy los m√ļsicos puertorrique√Īos Residente, Bad Bunny y Ricky Martin convocaron una nueva manifestaci√≥n para pedir la renuncia del gobernador.

Rosselló, sin embargo, ha insistido en que no renunciará. Si decide permanecer en su cargo, su mandato será extremadamente complejo porque en términos prácticos no podrá gobernar.

No tiene el apoyo de todos los legisladores de su partido, mucho menos de la oposici√≥n. Tiene las puertas cerradas en Washington, donde tanto dem√≥cratas como republicanos han criticado duramente sus acciones durante los √ļltimas d√≠as. El martes, la Casa Blanca declar√≥ que los eventos recientes en Puerto Rico "validan" las imputaciones de corrupci√≥n hechas por el presidente Donald Trump contra el gobierno de la isla. Tampoco parece tener el respaldo de la ciudadan√≠a: la gente ha salido a la calle como pocas veces se ve en una sociedad generalmente pasiva, cuya forma de protesta a menudo es salir del pa√≠s (desde 2010, ha emigrado el 14 por ciento de la poblaci√≥n de la isla).

Y es que los reveses en Puerto Rico han sido¬†numerosos. El pa√≠s lleva m√°s de una d√©cada de recesi√≥n econ√≥mica. En 2015, el gobierno¬†declar√≥ impagable la deuda con acreedores y pensionados que podr√≠a ascender a 120?000 millones de d√≥lares. Poco despu√©s, el Congreso aprob√≥ la ley Promesa, que acab√≥ con el simulacro de democracia que hab√≠a en la isla al incluir la designaci√≥n de una Junta de Supervisi√≥n Fiscal que responde al legislativo estadounidense, con poderes sobre el gobierno electo y que ha impuesto severas medidas de austeridad. Dos a√Īos despu√©s, el hurac√°n Mar√≠a destruy√≥ al pa√≠s y caus√≥ p√©rdidas que han sido estimadas en 90.000 millones de d√≥lares. La recuperaci√≥n ha sido lenta, en parte porque Washington -que alega que hay desconfianza en el gobierno local- ha soltado el dinero de la reconstrucci√≥n a cuentagotas.

Agravada por la pobreza y este escenario precario, la sociedad está abrumada y desconfía de la clase dirigente: son frecuentes las denuncias de corrupción y nepotismo en el gobierno. Apenas la semana pasada, fueron acusadas de fraude una exsecretaria de Educación y una exdirectora de la agencia que maneja el plan de salud del gobierno. Mientras tanto, otras pesquisas de corrupción están en curso.

Estos casos han hecho arder a la poblaci√≥n y han dejado a Rossell√≥ carente de legitimidad en distintos frentes. Adem√°s de que el respaldo de su propio partido es, cuando menos, t√≠mido, la oposici√≥n est√° intentando destituirlo. En Estados Unidos, los republicanos, que nunca han tenido simpat√≠a por Rossell√≥ -especialmente despu√©s de que ofreci√≥ darle un pu√Īetazo en la boca al presidente Donald Trump-, podr√≠an aprovechar los recientes esc√°ndalos para poner controles a√ļn m√°s estrictos a la asistencia a la isla.

Desde hace demasiado tiempo Puerto Rico tiene un serio problema de gobernabilidad y de legitimidad de las instituciones, de las que se tiene por hecho que están al servicio del partido en el poder y no de la sociedad. Las dificultades de Rosselló agravan ese problema en momentos en que la recuperación después del huracán María sigue a medias y cuando la Junta de Supervisión Fiscal y los acreedores del gobierno están a punto de alcanzar un acuerdo de reestructuración de la deuda que podría implicar nuevos sacrificios para el país.

Con Rosselló no se podrá contar para esas tareas, bien porque podría terminar por renunciar o porque se obstine en permanecer en su puesto luchando por su supervivencia sin poder gobernar.

Le toca entonces a la población seguir presionando en la calle y exigiendo una rendición de cuentas. De la grave coyuntura que vive hoy el país, quizás pueda surgir una sociedad más alerta y una clase política consciente de que la paciencia de los boricuas se agota y que ya no están dispuestos a aguantar tanto como antes.

 

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