Voto castigo para los socialistas franceses
Por: Eduardo Febbro - P√°gina 12
Marzo 2014
Anne Hidalgo, nueva Alcaldesa de París, festeja su triunfo, que representa un alivio para el PS.

La izquierda francesa perdió 155 ciudades de más de 9 mil habitantes a manos de la derecha y los ultra xenófobos de Marine Le Pen. Hoy se anunciará la remodelación del gobierno de François Hollande.

Una derrota histórica sancionó al socialismo francés. La izquierda francesa perdió 155 ciudades de más de 9 mil habitantes: Pau, Reims, Saint-Etienne, Roubaix, Limoges, Tourcoing, Anglet, Chambéry, Belfort, Roubaix, Toulouse o Quimper, el abecedario de las ciudades ganadas por la derecha francesa, al cabo de la segunda vuelta de las elecciones municipales, se alarga como una sinfonía victoriosa. Junto a esta orquesta triunfal se elevan también los cantos de la extrema derecha del Frente Nacional. Las listas "Bleu Marine" de la líder del FN, Marine Le Pen, consolidaron las promesas de la primera vuelta y conquistaron al menos 10 municipalidades, entre ellas Béziers, Fréjus, Hayange, Beaucaire, Villers-Cotterêts, Le Luc y Cogolin, a las que se le suma Hénin-Baumont, ganada desde la primera vuelta.

Los abstencionistas de la vuelta precedente no salvaron al Partido Socialista de la tunda electoral: con una abstenci√≥n record de m√°s del 38 por ciento, la m√°s alta de la historia de la 5¬™ Rep√ļblica para este tipo de elecciones, el PS -en el poder desde hace dos a√Īos- no logr√≥ movilizar a los electores que hubiesen podido cubrirlo de la estampida.

Ciudades como Limoges, administradas por el socialismo desde hace un siglo, pasaron bajo el control de la derecha. Ni siquiera una ciudad como Quimper se salvó del abismo. El intendente, Bernard Poignant, es amigo y consejero del presidente socialista François Hollande. Pagó en las urnas la impopularidad del mandatario francés y el desapego de las clases populares. El PS salvó París, donde la candidata Anne Hidalgo aplastó a su rival conservadora, Nathalie Kosciusko-Morizet, pero perdió Toulouse, la llamada "ciudad rosa".

La historia se escribi√≥ en varios cuadernos en esta consulta local, que adquiri√≥ una dimensi√≥n nacional por la amplitud de la punici√≥n oficialista. El ecologista Eric Piolle le arrebat√≥ al PS la Municipalidad de Grenoble. Ello lo convirti√≥ en el primer ecologista en dirigir una ciudad de m√°s de 160 mil habitantes. Francia pas√≥ de la ola rosa a la ola azul. La √ļnica perla que los socialistas le sacaron a la derecha es Avi√Ī√≥n, la ciudad sede del festival internacional de teatro y donde, en la primera vuelta, el candidato de la extrema derecha hab√≠a llegado a la cabeza. Consecuencia previsible de esta bancarrota pol√≠tica, seg√ļn adelant√≥ el ministro delegado para la Econom√≠a Solidaria, Beno√ģt Hamon, hoy se anunciar√° la remodelaci√≥n del gobierno, lo que implica el casi seguro alejamiento del actual jefe del Ejecutivo, Jean-Marc Ayrault. Dos nombres circulan desde hace varios d√≠as para reemplazarlo: el del actual ministro de Interior, Manuel Valls, y el de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius. Un intelectual brillante y creativo (Fabius), que cuenta con el respaldo de la izquierda del PS y los ecologistas; y un representante de la derecha socialista (Valls), detestado por la misma ala izquierda y los verdes. Ambos son los ministros m√°s populares del gobierno.

El cambio urge. Las elecciones municipales condenaron dos a√Īos de inexactitudes, de cacofon√≠a gubernamental, de una pol√≠tica fiscal que azot√≥ a las clases medias, de una transformaci√≥n brutal del mensaje y la orientaci√≥n de la pol√≠tica presidencial con relaci√≥n a la campa√Īa electoral de 2012; dos a√Īos de renuncias o maquillajes de las promesas que fueron, en su momento, el pilar del retorno al poder del socialismo luego de tres derrotas consecutivas en las presidenciales; dos a√Īos tambi√©n donde la pol√≠tica social pas√≥ a ser un t√≠tere que se exhib√≠a en los discursos. La l√≥gica municipal fue un espejo implacable del corte entre el PS y las clases populares, que a menudo votaron por la extrema derecha. "Somos el primer partido de Francia", proclam√≥ Jean-Fran√ßois Cop√©, el actual dirigente de la conservadora UMP. La frase se reenv√≠a a la haza√Īa socialista: haber llegado a que un partido sin prestigio, manchado por la corrupci√≥n y las irregularidades en sus propios procesos internos, dinamitado por la herencia nefasta que dej√≥ en la derecha el ex presidente Nicolas Sarkozy, se volviera el partido insignia del pa√≠s.

Los datos proporcionados hasta el cierre de esta edici√≥n indican que la UMP totaliza 49 por ciento de los votos en los municipios de m√°s de 3500 habitantes, contra 42 por ciento del PS y 9 por ciento de la ultraderecha. Los porcentajes victoriosos o negativos no bastan para ocultar un hecho significativo: los dos principales movimientos pol√≠ticos del pa√≠s, UMP y PS, son partidos heridos, casi espejismos de s√≠ mismos o de las ideas que, en su tiempo, pudieron encarnar. Entre ambos, la empresa de normalizaci√≥n emprendida por Marine Le Pen trajo a las urnas de la extrema derecha el voto popular y un record absoluto de municipalidades ganadas y consejeros municipales electos (80 en 2008 contra m√°s de mil en 2014). Alg√ļn disparatado corresponsal de la prensa internacional os√≥ decir que Marine Le Pen pretend√≠a ser "una suerte de Eva Per√≥n". En una entrevista publicada por Le Monde a Marine Le Pen, el diario asegura que la dirigente francesa no reh√ļsa del t√©rmino de "peronismo a la francesa" para calificar su conquista popular y su proyecto de formar un movimiento "patriota, ni de izquierda, ni de derecha". Los europeos, que siempre ven al populismo como un mal que gangrena los sistemas pol√≠ticos de los pa√≠ses del sur, se lamen los labios con esas definiciones. Con ello confunden popular con populismo y, de paso, olvidan a sus propios populistas con corbatas de seda, anteojos Ray-Ban, relojes de oro o falsos discursos humanistas.

El primer ministro franc√©s, Jean-Marc Ayrault, asumi√≥ el costo de la derrota: "La responsabilidad del fracaso es colectiva, y yo asumo la parte que me corresponde", dijo Ayrault. El jefe del gobierno admiti√≥ que las elecciones municipales estuvieron "marcadas por el desapego de aquellas y aquellos que le dieron su confianza a la izquierda en mayo y junio de 2012". Fran√ßois Hollande quiso hacer de Francia uno de los mejores alumnos de la Europa liberal. Lo pag√≥ caro y le hizo pagar tambi√©n mucho a la sociedad. El ala progresista del PS, agrupada en la corriente La Izquierda Ahora, se lo record√≥ con un llamado p√ļblico que circul√≥ apenas se conocieron los resultados de las elecciones: "Hay que cambiar de rumbo", dice el texto, que tambi√©n resalta que "el problema central (...) es el rechazo a la austeridad". No hay mejor balance de esta pseudo izquierda en el poder que una frase del mismo texto: "Los actos desmintieron a las palabras". Hay un gran paso entre la poes√≠a pol√≠tica que se emplea para ganar y los recortes masivos que se deciden a la hora de gobernar.

El l√≠der del Frente de Izquierda, Jean-Luc M√©l√©nchon, responsabiliz√≥ al jefe del Estado por esta derrota: "La pol√≠tica de Hollande, su giro a la derecha, su alianza con las patronales y su sumisi√≥n a las pol√≠ticas de austeridad europeas desembocaron en un desastre". El socialismo franc√©s es, de hecho, un partido de peque√Īos burgueses urbanos, totalmente divorciado con la hist√≥rica base popular construida a lo largo de los a√Īos en el pa√≠s profundo. Las encuestas previas a la elecci√≥n mostraban c√≥mo el PS hab√≠a perdido incluso el voto de los franceses hijos de inmigrados. La socialista Anne Hidalgo, nacida en la provincia espa√Īola de C√°diz, descendiente de exiliados republicanos que vinieron a Francia durante la Guerra Civil, se convirti√≥ en la primera mujer que dirige los destinos de la capital francesa. El socialismo conserva las riendas de la Ciudad Luz, anta√Īo basti√≥n de la derecha, pero pierde al mismo tiempo un siglo de historia en Limoges. Esta ciudad dirigida por el PS desde 1912 tiene un movimiento obrero denso y estructurado, una historia ejemplar de movimientos obreros durante finales del siglo XIX y principios del XX, y dos apodos que lo dicen todo: "La Ciudad Roja", "La Roma del Socialismo". Un miembro del Consejo Municipal de Limoges sol√≠a decir: "Aqu√≠, la gente nace con un cromosoma de izquierda". El austericidio de la socialdemocracia en el poder cambi√≥ el cromosoma de la ya ex fortaleza del socialismo franc√©s.

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