Colombia, entre la oligarqu铆a y la demagogia
Por: The New York Times
Mayo 2018
Fotografia: Ra煤l Arboleda/Agence France-Presse 鈥 Getty Images

Colombia se decant贸 por los extremos este domingo y en tres semanas deber谩 decidir si elige presidente al candidato de la extrema derecha, Iv谩n Duque, o al de la extrema izquierda, Gustavo Petro. El centro, sin embargo, con Sergio Fajardo y el 23,7 por ciento de los votos, aunque ya no estar谩 en la boleta de la segunda vuelta, tiene mucho que decir en esta contienda de extremos: la que habr谩 entre el candidato preferido por la oligarqu铆a, Duque, y el candidato de la autocracia populista, Petro.

Hay que decir que la pura mec谩nica electoral funcion贸 perfectamente. En poco tiempo la Registradur铆a ten铆a los resultados y nadie cuestion贸 su transparencia. Ni siquiera los que perdimos.

Ya a las seis de la tarde, apenas dos horas despu茅s de cerradas las urnas, 脕lvaro Uribe V茅lez recib铆a la noticia del triunfo de su partido desde la empalizada de una de sus fincas. Si la estacada era establo o caballeriza no se ve铆a bien en las im谩genes, pero en todo caso el sitio escogido por el expresidente para celebrar era un buen s铆mbolo: gan贸 el candidato de los ganaderos, de los terratenientes y, en 煤ltimas, de la oligarqu铆a rural m谩s conservadora.

El partido del ganador, que lleva el muy orwelliano nombre de Centro Democr谩tico, gan贸 con cierta holgura la primera vuelta, en cabeza del joven tecn贸crata Iv谩n Duque, exfuncionario del Banco Interamericano de Desarrollo, con el 39,14 por ciento de los sufragios y m谩s de siete millones y medio de votantes. La celebraci贸n, en todo caso, solo fue a medias, pues los m谩s convencidos militantes de la derecha que votan por el "Centro", aseguraban que ganar铆an de sobra en primera vuelta. Pensaban que conseguir铆an los casi diez millones votos necesarios para conseguir una victoria definitiva. Pero no fue as铆.

Y no fue as铆 porque el candidato de la extrema izquierda, Gustavo Petro, que tambi茅n muy orwellianamente se presenta como "socialdem贸crata", les agu贸 la fiesta al sacar 4,8 millones de votos (la m谩s alta participaci贸n por un candidato de izquierda en la historia del pa铆s) y el 25 por ciento de la votaci贸n. Quienes prefer铆amos las opciones de verdadero centro (representado por Sergio Fajardo y por Humberto de la Calle, quien obtuvo el dos por ciento) nos quedamos con los crespos hechos y con el 煤nico consuelo de haber ganado en Bogot谩, la capital del pa铆s. Ahora nos queda por convencer a las mayor铆as ganadoras de que esta opci贸n aburrida, la del centro, es la que puede resguardar, gane quien gane, los valores democr谩ticos: el respeto por la pluralidad, el compromiso con la paz y la vocaci贸n social contraria a la voracidad de la oligarqu铆a y a los atajos suicidas de la demagogia.

En todo caso, nos guste o no, el 64 por ciento de los colombianos optaron por las candidaturas m谩s extremas y entre ellas deber谩n escoger al nuevo presidente el domingo 17 de junio, d铆a del padre. No sabemos qui茅n ser谩 el pr贸ximo padre de la patria, pero para muchos de nosotros la segunda vuelta ser谩 la elecci贸n entre dos males, o, para ponerlo en lenguaje popular:聽Que entre el diablo y escoja.

La elecci贸n ser谩 tr谩gica porque en el caso de preferir a Duque estar铆amos respaldando al candidato de la oligarqu铆a que se opuso al proceso de paz, que tiene un odio enconado contra Juan Manuel Santos (el presidente que firm贸 la paz con las Farc), del cual se quieren vengar, y est谩 aliado no solamente con los sectores m谩s conservadores de los terratenientes y la industria, sino tambi茅n con los fan谩ticos religiosos, tanto del catolicismo como de las iglesias evang茅licas. Iv谩n Duque, en realidad, ha optado por un discurso m谩s moderado durante la campa帽a, pero 茅l sabe que sin el apoyo expl铆cito de su mentor, Uribe, jam谩s habr铆a llegado a donde est谩, y tendr谩 que ser muy obediente con 茅l si no quiere problemas. Su mayor dilema ser谩 si destruir el proceso de paz y devolvernos al conflicto. Son los votos del centro los que pueden impedir que haga esa locura.

Por el lado opuesto no vamos mejor. Gustavo Petro fue un simpatizante del comandante Hugo Ch谩vez, de 茅l copi贸 la ret贸rica incendiaria y las propuestas populistas y en su movimiento, Colombia Humana, tienen acogida el rencor, el resentimiento, el odio de clases y el revanchismo de quienes consideran que nada en nuestro pa铆s ha sido ganado por m茅ritos o por trabajo, sino por privilegios de clase, prebendas pol铆ticas o simple corrupci贸n.

El discurso de Petro se nutre de una realidad que Duque se niega a ver: en Colombia, casi el 27 por ciento de la poblaci贸n vive en pobreza y en las zonas rurales la estad铆stica se eleva. El problema es que a煤n si no aplicara las f贸rmulas demag贸gicas del chavismo, algunos analistas prev茅n que una victoria suya producir铆a tal conmoci贸n que nos ver铆amos abocados casi autom谩ticamente a una fuga de capitales, devaluaci贸n del peso, incertidumbre en la inversi贸n internacional y a un c煤mulo de problemas econ贸micos que volver铆an al pa铆s inmanejable. O manejable solamente con una de las propuestas m谩s peligrosas de Petro: la de convocar una muy venezolana Asamblea Constituyente. Tambi茅n el centro, en este caso, actuar铆a como moderador para impedir esta otra locura.

Algunos se preguntan por cu谩l de estas dos f贸rmulas, la olig谩rquica o la demag贸gica, va a optar Fajardo, que con casi 4,6 millones de votos que lo respaldaron podr铆a tener mucho que decir en la segunda vuelta. Su decisi贸n inclinar铆a la balanza de uno u otro lado. Con lo que no cuentan quienes coquetean con 茅l, tanto entre los oligarcas como entre los demagogos, es con que la opci贸n defendida por Fajardo es la opuesta al clientelismo. 脡l no negociar谩 sus votos por prebendas, migajas de poder o ministerios. Si es coherente con lo que ha predicado hasta ahora, dejar谩 en libertad a sus electores.

No escoger podr谩 parecer tibio, o cobarde, pero si uno considera que ambas opciones son malas para el pa铆s, y que ambas conducen a un ambiente de crispaci贸n nocivo despu茅s de alcanzar ciertos niveles de paz (jam谩s hab铆amos tenido unas elecciones menos violentas), lo mejor ser谩 el silencio del candidato de centro. Y la abstenci贸n o el voto en blanco para quienes votamos en primera vuelta por 茅l y creemos que quien gane, sea el que sea, debe recibir por parte nuestra no un apoyo, sino un aviso de moderaci贸n, y nunca el cheque en blanco de un triunfo absoluto.

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