Crisis política en Brasil: fin de un ciclo sin otro a la vista
Por: Mario Osava - Red Tercer Mundo
Agosto 2015

La crisis que atormenta a los brasile√Īos es b√°sicamente pol√≠tica y no permite vislumbrar una salida. Es el fin de un ciclo, seg√ļn variados an√°lisis, pero no hay indicios de que se est√© gestando algo nuevo.

Brasil vive una ‚Äúcrisis de hegemon√≠a‚ÄĚ, en que no hay fuerzas pol√≠ticas con propuestas consistentes y capaces de darle alg√ļn rumbo al pa√≠s en la disputa por el poder, seg√ļn el director del¬†Instituto Brasile√Īo de An√°lisis Sociales y Econ√≥micos (Ibase), C√°ndido Grzybowski. ‚ÄúEl riesgo de ese vac√≠o es que puede acontecer una sorpresa, como el ascenso de un ‚Äėsalvador de la patria‚Äô al poder‚ÄĚ, dijo a IPS. Los ejemplos que suele mencionar van de Adolf Hitler y Benito Mussolini a los m√°s recientes, como Fernando Collor, expresidente brasile√Īo inhabilitado por corrupci√≥n en 1992.

Pero lo más evidente para la población es la economía, que entró en una recesión en 2014 que se pronostica que se prolongue durante 2016, con desempleo e inflación en alza, y el escándalo de corrupción en los negocios de la estatal petrolera Petrobras que ya encarceló a grandes empresarios y amenaza a muchos líderes políticos.

En esa crisis de m√ļltiples dimensiones, la presidenta Dilma Rousseff enfrenta adem√°s una rebeli√≥n de aliados en la C√°mara de Diputados, un rechazo popular r√©cord seg√ļn las encuestas, presiones por su inhabilitaci√≥n o renuncia y la reanudaci√≥n de protestas en las calles, con anunciadas nuevas movilizaciones para el 16 de agosto.

El gobernante¬†Partido de los Trabajadores (PT) perdi√≥, seg√ļn los t√©rminos de Grzybowski, la hegemon√≠a que hizo efectiva con el triunfo de su l√≠der m√°ximo, Luiz In√°cio Lula da Silva, en las elecciones presidenciales de 2002. Resisti√≥ el esc√°ndalo de 2005, en que tuvo sus principales dirigentes presos, acusados de obtener recursos fraudulentos para sobornar parlamentarios. Por eso logr√≥ la reelecci√≥n de Lula en 2006 e imponer como sucesora a Rousseff, tambi√©n reelegida en 2013.

Pero las actuales investigaciones del¬†Ministerio P√ļblico Federal (fiscal√≠a general) y la¬†Polic√≠a Federal sobre el pillaje en los grandes proyectos petroleros son arrolladoras.

El PT es apuntado como principal articulador de la red que desvi√≥, seg√ļn estimaciones de Petrobras basadas en las investigaciones judiciales, el equivalente a cerca de 1.800 millones de d√≥lares. Dos de sus dirigentes est√°n detenidos desde el 3 de agosto.

Por lo menos 23 acusados decidieron colaborar con la justicia y otros negocian acuerdos de delaci√≥n para reducir penas, un mecanismo legal brasile√Īo que permite a los jueces obtener informaciones cada d√≠a m√°s detalladas y m√°s extensas sobre la corrupci√≥n aparentemente generalizada en muchos sectores.

Decenas de empresarios presos, incluyendo los presidentes de las dos mayores constructoras brasile√Īas, son un resultado parcial del proceso. Pronto ser√° la vez de los pol√≠ticos que solo pueden ser juzgados por el¬†Supremo Tribunal Federal, un privilegio de los parlamentarios y altos miembros del gobierno.

Ya est√°n involucrados por lo menos 31 legisladores, incluyendo los presidentes de la C√°mara de Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros, adem√°s de dos gobernadores estadales y 14 exparlamentarios, la mayor√≠a del PT y de su principal socio en la coalici√≥n gobernante, el¬†Partido del Movimiento Democr√°tico Brasile√Īo(PMDB).

Con el escándalo y su gobierno adoptando políticas económicas que antes condenaba y cometiendo otras incoherencias, el PT sufre disensiones internas, mientras perdió respaldo en sectores antes incondicionales.

‚ÄúEs el fin de un ciclo del PT hegem√≥nico, en que adopt√≥ pr√°cticas tradicionales de la pol√≠tica brasile√Īa desde el inicio de la Rep√ļblica‚ÄĚ, en 1889, admiti√≥ Tarso Genro, dirigente e ide√≥logo del partido, quien fue ministro de Justicia y de Educaci√≥n con Lula y luego gobern√≥ el estado de Rio Grande do Sul.

Los problemas √©ticos del PT, al involucrarse con la corrupci√≥n, ‚Äúson un componente secundario, que deriva de la visi√≥n pol√≠tica tradicional a que se rindi√≥‚ÄĚ, evalu√≥ para IPS. Para superar su crisis actual ‚Äútendr√° que reinventarse, preservar su visi√≥n ut√≥pica, pero eso no significa volver a sus or√≠genes‚ÄĚ, los sindicales de las d√©cadas de los 70 y 80. ‚ÄúHoy se reconoce que tenemos una sociedad mucho m√°s compleja‚ÄĚ, arguy√≥ Genro, abogado ahora dedicado a ‚Äúrefundar‚ÄĚ su partido.

Grzybowski duda de la posibilidad de reformar el PT como una fuerza de transformaci√≥n capaz de recuperar la hegemon√≠a. La raz√≥n es que todo el esfuerzo pasa por ‚Äúun sistema pol√≠tico colonizado, heredado de la dictadura militar‚ÄĚ, que no favorece respuestas a las demandas de la sociedad.

‚ÄúLa Constituci√≥n de 1988 fall√≥ al no renovar la pol√≠tica, no cambi√≥ las reglas para los partidos, que siguen con el monopolio del proceso electoral. La democracia est√° a√ļn por hacerse en esa √°rea‚ÄĚ, sostuvo el soci√≥logo que dirige Ibase, una de las organizaciones no gubernamentales m√°s reconocidas de Brasil.

Esa Constituci√≥n, que institucionaliz√≥ la redemocratizaci√≥n brasile√Īa tras la dictadura militar de 1964 a 1985, reconoci√≥ derechos de variados sectores sociales, como los de los ind√≠genas sobre sus tierras ancestrales, la ni√Īez, los discapacitados, a la vez que detalla los deberes del Estado.

Por eso es atacada por economistas ortodoxos como fuente de gastos p√ļblicos crecientes, imponiendo el cr√≥nico aumento del d√©ficit fiscal y de la carga tributaria, cuyo agravamiento en los √ļltimos a√Īos conspira contra el gobierno de Rousseff. Eso frena el crecimiento econ√≥mico, aducen.

Pese a esas críticas es prácticamente imposible movilizar multitudes en contra de una Constitución que representa conquistas para la mayoría de la población. Es un factor de estabilidad, que favorece la permanencia de la presidenta, amenazada de inhabilitación u otros mecanismos de destitución legal casi desde que comenzó su segundo cuatrienio, en enero. La alternativa, en la visión opositora, es mantener un gobierno en agonía hasta enero de 2019, con la economía y la situación social en deterioro.

‚ÄúElla enfrenta una crisis anunciada, por las promesas hechas durante la campa√Īa electoral del a√Īo pasado‚ÄĚ, seg√ļn Jo√£o Alberto Capiberibe, senador del Partido Socialista Brasile√Īo, que abandon√≥ la coalici√≥n gobernante en 2013. ‚ÄúPero la crisis de credibilidad no afecta solo Rousseff, ella es la s√≠ntesis de la pol√≠tica nacional, en que tambi√©n el¬†Congreso Nacional est√° sumergido en el descr√©dito‚ÄĚ, sentenci√≥ a IPS.

El problema no es la Constituci√≥n, sino ‚Äúel clientelismo, el exceso de empleos p√ļblicos y la corrupci√≥n‚ÄĚ que imponen ‚Äúgastos desenfrenados los gobiernos tanto en el nivel nacional, como estadual y municipal‚ÄĚ, opin√≥ el senador. ‚ÄúSin cambiar el sistema electoral nada cambia‚ÄĚ, afirm√≥, defendiendo el fin del financiamiento empresarial de las campa√Īas ‚Äúpara que el poder econ√≥mico no siga determinando quien ser√° elegido‚ÄĚ. ‚ÄúNing√ļn pa√≠s del mundo gasta tanto como Brasil en su proceso electoral‚ÄĚ, acot√≥.

Pero ese simple cambio no tiene apoyo en el parlamento. En el Supremo Tribunal sí, una mayoría de seis de sus 11 magistrados consideró inconstitucional el apoyo financiero de empresas a candidatos, acogiendo una acción del Colegio de Abogados de Brasil. El argumento fue que las empresas no tienen derechos políticos.

Pero el pedido de un magistrado de un periodo de tiempo para examinar mejor el asunto, suspendi√≥ la publicaci√≥n del fallo y frustr√≥ el movimiento por reducir costos y por ende la corrupci√≥n en los procesos electorales brasile√Īos.

Gran parte del dinero desviado de Petrobras se destin√≥, seg√ļn los acusados, a financiar campa√Īas electorales y partidos. Eso y la hegemon√≠a del PT hacen parte de un ciclo que parece terminar en Brasil, pero en el horizonte, por ahora, solo aparecen incertidumbres. (IPS)

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