Tras meses de pugna política, el Senado de Brasil destituye a Dilma Rousseff
Por: The New York Times
Agosto 2016
Fotografia: REUTERS

El mi√©rcoles, el senado brasile√Īo destituy√≥ a Dilma Rousseff, la primera presidenta de Brasil, por lo que debe abandonar su cargo por el resto de su mandato. Este proceso ha sido la piedra angular de una lucha por el poder que durante meses ha consumido a la naci√≥n y que tambi√©n termin√≥ por provocar la ca√≠da de uno de los partidos pol√≠ticos m√°s poderosos del pa√≠s.

El senado, de 81 miembros, votó contra Rousseff, quien es acusada de manipular el presupuesto federal en un intento de ocultar los crecientes problemas económicos de la nación. La votación final quedó 61 votos a favor y 20 en contra, sin abstenciones.

Sin embargo, la remoción definitiva de Rousseff, quien fue suspendida en mayo para enfrentar el juicio político, fue mucho más que una condena. Fue un veredicto sobre su liderazgo y su manejo de la crisis de Brasil.

El juicio pol√≠tico pone fin a los 13 a√Īos de gobierno socialista del Partido de los Trabajadores, una era en la que el auge de la econom√≠a de Brasil elev√≥ a millones de personas a la clase media y cambi√≥ el perfil del pa√≠s en el escenario global.

Pero los escándalos de corrupción, la peor crisis económica en décadas y las escasas respuestas gubernamentales a los problemas nacionales provocaron un frustración y desprecio contra Rousseff, quien tuvo poco apoyo para defenderse de sus rivales políticos.

"Ella carec√≠a de todo", dijo Mentor Muniz Neto, un escritor de S√£o Paulo que describe la expulsi√≥n definitiva de Rousseff como una "muerte anunciada", y a√Īadi√≥ que la presidenta carec√≠a de carisma, competencia y humildad. "Nos merec√≠amos a alguien mejor".

Para sus críticos, la destitución es la salida apropiada para una líder arrogante que dirigía un movimiento político que perdió el rumbo. Pero Rousseff y sus partidarios califican la destitución como un golpe de Estado que socava la joven democracia de Brasil.

Por otra parte, su salida no restaura la confianza p√ļblica en los l√≠deres de Brasil ni disminuye la corrupci√≥n que permea la pol√≠tica del pa√≠s. Por el contrario, muchos brasile√Īos creen que se est√° transfiriendo el poder de un partido lleno de esc√°ndalos a otro.

Se espera que Michel Temer, de 75 a√Īos, quien es el actual presidente en funciones y que tambi√©n se desempe√Ī√≥ como vicepresidente de Rousseff antes de separarse del gobierno este a√Īo, se mantenga en el cargo hasta 2018, cuando se acaba el periodo actual.

Pero el Partido del Movimiento Democr√°tico Brasile√Īo (PMDB), la agrupaci√≥n pol√≠tica presidida por Temer que durante m√°s de una d√©cada form√≥ parte de la coalici√≥n gobernante del Partido de los Trabajadores, tambi√©n est√° profundamente enredada en los colosales esquemas de corrupci√≥n que ensombrecen el sistema pol√≠tico de Brasil. Podr√≠a decirse que, al igual que el PT, la organizaci√≥n de Temer tambi√©n se benefici√≥ de sobornos y del financiamiento il√≠cito de las campa√Īas.

Desde que asumi√≥ la presidencia provisional en mayo, los √≠ndices de aprobaci√≥n de Temer se han mantenido casi tan bajos como los de Rousseff. El gobierno vir√≥ a la derecha y nombr√≥ un gabinete sin mujeres ni afrobrasile√Īos, lo que muchos vieron como un ultraje en un pa√≠s donde casi el 51 por ciento de las personas se definen como de raza negro o mestiza, seg√ļn el censo de 2010.

Varios de los hombres nombrados por Temer ya han renunciado a sus cargos por algunos escándalos. Esto incluye a su ministro Anticorrupción y al de Planificación, quienes tuvieron que separarse de sus cargos por acusaciones de que estaban tratando de obstaculizar las investigaciones sobre corrupción en Petrobras.

Hace poco, Temer fue declarado culpable de violar los l√≠mites de campa√Īa, una condena que podr√≠a inhabilitarlo para postularse a cargos p√ļblicos durante ocho a√Īos. Adem√°s un ejecutivo de la construcci√≥n declar√≥ que el presidente en funciones recibi√≥ un soborno de 300.000 d√≥lares, una acusaci√≥n que Temer ha desmentido.

El proceso de destituci√≥n ha dividido a la naci√≥n, agitando las pasiones en ambos bandos. De los cuatro presidentes brasile√Īos electos desde que la democracia fue restablecida en la d√©cada de los ochenta, Rousseff es la segunda que ha sido forzada a separarse del cargo tras un juicio pol√≠tico. En 1992, Fernando Collor de Mello renunci√≥ antes de que el senado lo condenara por cargos de corrupci√≥n.

"No hay duda de que Temer es una cachetada a la democracia brasile√Īa", dice Creuza Maria Oliveira, presidenta de la Federaci√≥n Nacional de Trabajadoras Dom√©sticas, que representa a millones de empleadas que se beneficiaron del fortalecimiento de la legislaci√≥n laboral impulsada por Rousseff.

"Dilma es una defensora de los pobres", dijo Oliveira, que fue una de las partidarias de Rousseff que la acompa√Īaron hasta el senado esta semana.

Algunos empresarios y políticos prominentes de Brasil aseguran que Temer tiene las habilidades políticas necesarias para lograr el apoyo del rebelde y desacreditado poder legislativo con el fin de lograr reformas ambiciosas que fomenten la inversión en la economía y alivien la difícil situación pensional.

El gobierno de Temer tiene "todas las condiciones necesarias para tomar una nueva ruta", aseguró recientemente Philipp Scheimer, el jefe de operaciones de Mercedes-Benz en Brasil. "Tenemos que decidir si queremos un Brasil como Venezuela o un Brasil insertado en el nuevo mundo".

Otros, incluyendo a Rousseff, sostienen que la facilidad con la que la élite política separa al mandatario de su cargo podría traer más división y turbulencia política en el país.

"Esto es grave porque otros presidentes de la rep√ļblica tambi√©n tendr√°n que enfrentarlo", dijo Rousseff en su testimonio ante el senado esta semana, comparando su expulsi√≥n a los golpes de Estado que derrocaron a los l√≠deres brasile√Īos durante gran parte del siglo XX. "Si eso no es inestabilidad pol√≠tica, entonces no s√© qu√© es".

A diferencia de muchos de los pol√≠ticos que impulsaron su proceso de expulsi√≥n, Rousseff, de 68 a√Īos, sigue siendo una rareza en el ambiente pol√≠tico de Brasil: es una l√≠der pol√≠tica que no ha sido acusada de enriquecerse ilegalmente.

Todo el proceso jurídico en su contra gira en torno a una cuestión jurídica discutible, se trata de probar si cometió un delito al usar trucos presupuestarios para ocultar los déficits económicos de su gobierno.

Rousseff ha insistido en que ella no hizo nada ilegal y argumenta que sus predecesores tambi√©n manipularon el presupuesto federal. Pero sus oponentes afirman que la escala de las transferencias de fondos de su administraci√≥n entre bancos p√ļblicos, por una suma de unos 11 mil millones de d√≥lares, socav√≥ seriamente la credibilidad econ√≥mica de Brasil y la ayud√≥ a ganar la reelecci√≥n en 2014.

La presidenta no irá a la cárcel y se ha defendido en un tono desafiante durante el juicio político e insistió en que la crisis económica de Brasil fue, en gran medida, el resultado de los cambios en la economía mundial que provocaron el declive de los precios de las materias primas.

Rousseff era una bur√≥crata especializada en la supervisi√≥n de las gigantescas empresas p√ļblicas de la industria energ√©tica de Brasil y no hab√≠a ocupado ning√ļn cargo p√ļblico hasta que su predecesor, Luiz In√°cio Lula da Silva, la ungi√≥ como su heredera despu√©s de que otros l√≠deres del Partido de los Trabajadores fueron vinculados a un esc√°ndalo por compra de votos. Al ser una abuela divorciada, muy conocida por su afici√≥n por la literatura, era una excepci√≥n en la escena pol√≠tica dominada por hombres.

Además de ser jefa de gabinete durante el gobierno de Da Silva, también era conocida por haber participado durante su juventud en la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, un grupo de guerrilla urbana. En la década de 1970, los agentes de la dictadura militar capturaron a Rousseff en varias ocasiones y la torturaron.

Su personalidad autocrática y malhumor se convirtieron en una leyenda en Brasilia, la capital de gobierno donde son habituales los acuerdos a puerta cerrada, así como el establecimiento de alianzas.

Muchos votantes tambi√©n se sintieron traicionados despu√©s de su campa√Īa de reelecci√≥n, cuando gan√≥ por un estrecho margen al prometer que mantendr√≠a un amplio control estatal sobre la econom√≠a para preservar el generoso gasto p√ļblico. Pero una vez reelegida, tom√≥ otra direcci√≥n al designar a un ministro de finanzas que trat√≥ de implementar nuevas pol√≠ticas de mercado.

"Ella mintió para ser reelegida, lo que causó una ola de indignación nacional", dijo Antonio Risério, historiador y comentarista cultural. "Al percibir que votaron por una persona y terminaron eligiendo a otra, la mayoría de la población comenzó a pedir su cabeza".

Luego de la salida de Rousseff del poder, el PT, que se hab√≠a convertido en una fuerza dominante en la pol√≠tica brasile√Īa durante gran parte de la √ļltima d√©cada y media, ahora lucha por encontrar su camino en un panorama pol√≠tico en el que las voces conservadoras se han vuelto m√°s potentes.

Para complicar el panorama, los investigadores federales están formulando cargos de corrupción contra Da Silva, quien fue presidente de 2003 a 2010. La medida se suma a los crecientes problemas legales que enfrenta el expresidente, quien todavía afirma que tiene planes de postularse para la presidencia en el 2018.

En los √ļltimos meses, Rousseff estuvo cada vez m√°s aislada mientras perd√≠a m√°s y m√°s apoyos. Pero algunos la defendieron hasta el mismo final cuando esta semana la mandataria acudi√≥ al senado.

"Usted se sali√≥ del molde cuando fue elegida presidenta de la rep√ļblica, desde la izquierda, una antigua militante contra la dictadura, sin marido para posar a su lado en las fotograf√≠as", dijo Regina Sousa, una senadora del Partido de los Trabajadores.

"Nunca encaj√≥ en el lindo vestidito dise√Īado por la √©lite conservadora de este pa√≠s", a√Īadi√≥ Sousa.

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