Las balas caseras: un nuevo capítulo en la batalla por las armas en Estados Unidos
Por: Ian Urbina /The New York Times
Octubre 2018
Fotografia: Sam Hodgson para The New York Times

Dentro del desordenado taller que tiene en su garaje, Michael Crumling, un armero de 29 a√Īos, presumi√≥ con orgullo de la impresionante colecci√≥n de balas de plomo que ha elaborado meticulosamente desde cero.

Por todo el país, millones de aficionados a las armas como Crumling recargan sus propias municiones y funden sus propias balas -pasatiempos que consumen horas y que durante generaciones han formado parte de la cultura de las armas de fuego-.

Sin embargo, Crumling ha creado algo en su garaje que lo distingue de sus pares, una solución potencial para un problema que ha molestado durante mucho tiempo a los creadores de las armas hechas en impresoras 3D: una bala que no arruina las armas de plástico.

Con todo, Crumling asegura que no tiene planes de vender o producir en masa las balas de dise√Īo especial, aunque representen el pr√≥ximo paso en la fabricaci√≥n de mejores armas imprimibles y el pr√≥ximo frente de batalla de la actual disputa regulatoria por los arsenales caseros.

Crumling explicó que, a pesar del atractivo de las armas y las municiones en 3D, la gente que quiere crear sus propias armas de fuego lo puede hacer más fácilmente con partes disponibles en sus ferreterías locales -o en eBay, la plataforma a la que recurrió cuando estaba fabricando una metralleta con metal que él mismo pulió y dobló-.

En medio del debate nacional sobre un acceso más restringido a las armas y los esfuerzos legislativos por regular la venta libre de balas y proyectiles, el interés en este pasatiempo ha ganado impulso gracias a una vivaz comunidad en línea dedicada al bricolaje que comercia con guías prácticas en videos de YouTube y se involucra en apasionados foros de discusión sobre las mejores prácticas y los probables desafíos legales.

Haciendo gala del mismo fervor de quienes se dedican al bricolaje de armas, ha surgido una comunidad en l√≠nea que muestra una pasi√≥n similar por las municiones hechas en casa. De los cerca de 43 millones de personas que practican la caza y el tiro deportivo en Estados Unidos, unos 5 millones fabrican sus propias balas y proyectiles, seg√ļn las empresas de reabastecimiento.

Estos aficionados se dividen principalmente en dos grupos: las personas que recogen los casquillos percutidos que deja un arma -por lo general una semiautomática- después de ser disparada, los rellenan cuidadosamente con pólvora y les ponen una nueva cápsula fulminante y una bala para volver a usarlos, y los fundidores caseros que crean sus balas desde cero al derretir plomo que compran en línea o que obtienen en depósitos de chatarra, talleres de reparación de autos o campos de tiro.

Seg√ļn los aficionados, por medio de esta actividad se pueden fabricar municiones personalizadas m√°s precisas y letales, adem√°s de ser una habilidad pr√°ctica que podr√≠a ser √ļtil si se prohibieran las balas o si alg√ļn d√≠a el suministro fuera escaso.

"Me da tiempo para pensar", coment√≥ Gavin Gear, quien tiene un blog popular y un canal de YouTube llamado Ultimate Reloader, el cual ofrece videos instructivos y rese√Īas de equipo para recargar municiones. Gear describi√≥ el proceso como un ritual de relajaci√≥n "parecido al de un herrero que fabrica un cuchillo o una espada samur√°i".

No obstante, lo m√°s com√ļn es que el objetivo sea ahorrar dinero: muchas de las personas que funden balas en sus casas citaron el precio de las municiones, el cual, seg√ļn la Oficina de Estad√≠sticas Laborales, ha subido de manera constante a lo largo de las √ļltimas d√©cadas y lleg√≥ a su punto m√°s alto este a√Īo.

David Reiss, quien hace sus propias balas desde hace m√°s de diez a√Īos, mencion√≥ que una caja de cincuenta cartuchos hechos en una f√°brica para una pistola .38 especial cuesta unos 15 d√≥lares, mientras que √©l puede hacer la misma cantidad por unos 4 d√≥lares en materiales.

Algunos tipos de municiones, como los cartuchos para la Magnum .44, pueden costar m√°s de 50 centavos por unidad. Durante una pr√°ctica de tiro promedio, una persona puede usar m√°s de 150 balas, mientras que los tiradores que compiten pueden usar m√°s de 1000 por semana.

Las barreras de los materiales

La mayoría de las balas están hechas de plomo y no siempre es fácil obtener este metal.

Algunos neum√°ticos de autos tienen contrapesos internos de plomo para estabilizar los veh√≠culos, y los fundidores de balas tienen la costumbre de recurrir a los mec√°nicos de su zona para obtener plomo barato o gratuito. Sin embargo, esta fuente comenz√≥ a escasear despu√©s de 2009, cuando la inquietud por la contaminaci√≥n provoc√≥ que la Agencia de Protecci√≥n Ambiental y una coalici√≥n de fabricantes de autos, productores de neum√°ticos y vendedores minoristas comenzaran una campa√Īa para eliminar de forma gradual el uso de este metal en los contrapesos de los neum√°ticos.

Reiss, quien tambi√©n supervisa las membres√≠as de una asociaci√≥n de fundidores de balas, coment√≥ que la mayor√≠a de sus miembros encuentran plomo en l√≠nea o recolectando balas que se dispararon en los campos de tiro. Algunos deshuesaderos a√ļn venden plomo por menos de 2 d√≥lares el kilo.

La p√≥lvora es mucho m√°s f√°cil de conseguir. Se puede comprar por unos 50 d√≥lares el kilo, es f√°cil conseguirlo en l√≠nea y en tiendas de art√≠culos deportivos. Adem√°s, no se requiere ning√ļn permiso especial para comprar la mayor√≠a de los tipos de p√≥lvora, en particular para cantidades menores a 25 kilos.

Entre los tiradores √°vidos, un principio rector es evitar el uso de armas, balas y cartuchos que hayan sido fabricados, fundidos o recargados por otras personas. Un trabajo deficiente puede provocar lesiones graves o arruinar un arma si una bala de mala calidad se atora o si el arma es defectuosa. No obstante, a pesar de este estigma, debido a que hace unos diez a√Īos inici√≥ un periodo de escasez de municiones, han surgido decenas de productores selectos que venden cartuchos "reconstruidos", como ellos les llaman.

Douglas Haig, un ingeniero aeroespacial de Mesa, Arizona, estuvo al mando de uno de estos negocios hasta que lo acusaron de haber fabricado las municiones trazadoras capaces de perforar objetos blindados que us√≥ uno de sus clientes, Stephen Paddock, para asesinar a cientos de personas en un festival de m√ļsica country celebrado en Las Vegas el a√Īo pasado.

Se abre una brecha generacional

En términos culturales y demográficos, hay algunas diferencias sutiles dentro de la comunidad de las armas y municiones caseras. Los fundidores y la gente que recarga cartuchos suelen ser personas mayores y a menudo jubiladas.

Seg√ļn Reiss, el miembro promedio de la Cast Bullet Association (Asociaci√≥n de Balas Fundidas) es un hombre de 55 a√Īos con pensamiento matem√°tico y que sabe hacer reparaciones, con una profesi√≥n en la que se usan las manos, como dentista, mec√°nico o cirujano. Los miembros de esta asociaci√≥n disfrutan el conocimiento y la experimentaci√≥n t√©cnica que supone un pasatiempo que requiere una exactitud milim√©trica, una paciencia incansable y el uso constante del m√©todo de ensayo y error.

En contraste, quienes están interesados en las armas imprimibles suelen ser más jóvenes y más hábiles en el uso de internet.

No obstante, ambas partes de la comunidad comparten un escepticismo ac√©rrimo respecto al gobierno y un individualismo ideol√≥gico que desde hace mucho tiempo han sido los sellos distintivos del pensamiento estadounidense sobre las armas. Al igual que una gran cantidad de simpatizantes del presidente Donald Trump, muchas personas de este grupo se consideran instigadores sociales que cuestionan la relaci√≥n entre los ciudadanos y sus Estados. Seg√ļn su punto de vista, las armas no solo son un derecho protegido por la Constituci√≥n, sino que tambi√©n son un s√≠mbolo sociohist√≥rico cuyo prop√≥sito es nivelar el terreno de juego.

En el pasado, las instituciones de justicia han citado la poca durabilidad de las armas caseras como un argumento para restarle importancia a las se√Īales de alarma y las advertencias hechas por los partidarios del control de las armas sobre la tecnolog√≠a de la impresi√≥n 3D. No obstante, cada vez se escuchan con menos frecuencia estos argumentos tranquilizadores en vista de que ha mejorado la estabilidad de las armas y han aparecido inventos como el de Crumling.

De hecho, seg√ļn Crumling, si contin√ļa el avance de las armas impresas en 3D y los desarrolladores logran resolver el problema de las municiones, con el tiempo el mercado podr√≠a inclinarse totalmente hacia las armas desechables.

Del mismo modo que sucede con los aerosoles de pimienta que la gente compra y guarda en sus guanteras y bolsos, las armas impresas podrían desecharse después de unos cuantos usos, o incluso después de uno solo, predice Crumling.

"En ese escenario, puedo imaginar que las municiones lleguen a convertirse en el artículo restringido, en vez de las armas", opinó Crumling.

 

Comentar
Imprimir
Enviar Articulo

Comentarios sobre el artículo
El contenido de los comentarios es de entera responsabilidad de los usuarios y no reflejan necesariamente la linea editorial de la revista Datos.
Nombre
E-mail
Comentario
Copie el código de seguridad:
 »» 
SUSCRÍBASE AHORA
Ingreso Suscritos
Lo más leido en:
Mundo
Artículos Relacionados:
Medio Ambiente
Actualidad