Guatemala, un volc√°n solo para pobres
Por: Jacobo García
Junio 2018
Fotografia: Hector Guerrero / El País

A la misma hora en la que mor√≠an 100 personas y otras 200 quedaban sepultadas bajo la ceniza, en un hotel de lujo en la zona fueron evacuados los hu√©spedes siguiendo las mismas se√Īales de alarma

A las 6.00 de la ma√Īana, Domingo L√≥pez, un campesino enjuto y fibroso de 79 a√Īos, se despert√≥ por los ladridos de los perros en San Miguel Los Lotes, una de las seis comunidades que se levantan en las faldas del¬†Volc√°n de Fuego. El anciano se ech√≥ agua en la cara, puso a calentar los frijoles, dio de comer a las gallinas y barri√≥ la entrada de la vivienda de cemento y l√°mina. Los animales estaban nerviosos.

A la misma hora, dos casas m√°s arriba, Francisco Gonz√°lez, abri√≥ los ojos y mir√≥ el volc√°n. Un gesto entre el temor y el respeto que repet√≠a con inercia cada ma√Īana. Lo vio nublado. Se puso un pantal√≥n ra√≠do, una camiseta del F. C. Barcelona, tom√≥ el machete y sali√≥ de casa para cortar le√Īa. Descendi√≥ por la vereda y pas√≥ por delante de la casa de Gloria, quien repasaba mentalmente la ropa con la que se vestir√≠a, como cada domingo, para ir al templo.

A esa hora campesina en la que apenas sale el sol, en un despacho de la capital del país, ya había un boletín "especial" del Instituto de Vulcanología (Insivumeh) en la mesa del director de Protección Civil en el que se advertía de una explosión del volcán y de que la vida de Domingo, Francisco y Gloria, tal como la conocían hasta entonces, estaba a punto de desaparece.

Sin embargo, por descoordinaci√≥n, falta de medios o indolencia nadie acudi√≥ a avisarles con tiempo y antes de las tres de la tarde, todos ellos hab√≠an perdido su casa y lo que era su pueblo. Y con √©l sus padres, hermanos y nietos que yac√≠an bajo toneladas de ceniza despu√©s de que un r√≠o de agua hirviendo, gases y piedras -conocido como flujos pirocl√°sticos- bajase por la monta√Īa a 210 kil√≥metros por hora arrasando con lo que se encontraba.

En su torrente arrastraba animales muertos, enormes piedras calientes y un magma polvoriento que mat√≥ a 109 personas y esparci√≥ por la zona a otras 200 m√°s a quienes nadie encuentra y ya nadie busca, salvo sus familiares. "No dio tiempo a nada, el cielo se oscureci√≥ y cuando me di cuenta bajaba por la ladera un r√≠o caliente que lo tumbaba todo", recuerda Gloria,¬†a√ļn vestida de domingo, tirada en el suelo de un albergue en Escuintla, una de las localidades a donde se han desplazado los afectados.

Un volcán es diferente a un terremoto o un huracán durante las horas posteriores de rescate. A la destrucción y la muerte se suman el calor, la nube de ceniza y un aire ácido irrespirable. En la superficie la temperatura es de 100 grados, pero a un palmo de profundidad, la temperatura sube hasta los 700 grados.

Sólo el primer día hubo que evacuar del lugar a dos periodistas con las manos abrasadas y a las máquinas que trabajaban en la zona hay que echarles agua cada poco tiempo para que no se derritan las llantas.

En los primeros camiones de ayuda, además de agua y comida llegaron cientos de botas porque las de los bomberos se derretían después de trabajar en el terreno. La mayoría de heridos entrevistados en los albergues tenían los pies vendados por las quemaduras que dejó la lava en la huida.

El campo de golf evacuado

Mientras eso sucedía, a sólo cuatro kilómetro de allí, los huéspedes de uno de los campos de golf más lujosos de Centroamérica, terminaban de comer el espectacular brunch con sushi y comida italiana que se sirve cada domingo en el hotel La Reunión, donde el precio por noche ronda los 200 dólares.

Acto seguido fueron desalojados en perfecto orden. Los m√°s de 100 hu√©spedes empacaron, hicieron el check-out, metieron las cosas en el coche, se tomaron las √ļltimas selfies, y quienes no ten√≠an veh√≠culo propio, fueron trasladados en el autob√ļs del hotel.

Entre las 11.00 de la ma√Īana, cuando la gerente del hotel dio la orden, y las 12.55, m√°s de 300 personas fueron evacuadas del imponente complejo sin una sola torcedura de tobillo. Cuando a las 15.00 horas el sunami volc√°nico de barro, ceniza y azufre arras√≥ el complejo, estaba completamente vac√≠o.

"Utilic√© el sentido com√ļn. Aqu√≠ no hubo informaci√≥n privilegiada, ni llamadas de alerta exclusivas. Est√°bamos pendientes desde que a las 6.00 de la ma√Īana lleg√≥ el bolet√≠n del Instituto de Vulcanolog√≠a. Las alertas que env√≠an son p√ļblicas y las recibimos cada pocas horas como todo el mundo. Inicialmente no era especialmente alarmante pero era suficiente con ver que el volc√°n estaba haciendo cosas extra√Īas. Echaba humo en fumarolas intermitentes y observamos un movimiento extra√Īo de tierra", explica abatida Evelyn Gonz√°lez, gerente del hotel que ese d√≠a orden√≥ desalojarlo, frente a la indiferencia de la¬†Coordinadora Nacional para la Reducci√≥n de Desastres (Conred, Protecci√≥n Civil) que hizo caso omiso a las advertencias.

Evelyn es la responsable de haber salvado 300 vidas, casi la misma cifra, entre fallecidos y desaparecidos, que se esfumaron bajo el río de flujos piroclásticos a 30 minutos caminando a buen paso de ahí. "Hemos sido capacitados para ello, dimos la alarma y evacuamos antes de que nos avisaran a las 11.30. Cuando llegó la nube piroclástica ya solo quedaba en el hotel el personal de seguridad. Sabíamos que cuando se llenara la Y que se forma en la ladera del volcán esta vendría hacia nosotros", detalla con la exactitud de un vulcanólogo Cristian Pérez, jefe de servicio del hotel. A su cargo hay 32 personas que reciben frecuentemente cursos y entrenamiento para intuir el comportamiento del coloso de casi 4.000 metros de altura y organizar la evacuación.

Este miércoles, mientras rescatistas y familiares se quemaban las manos sacando familiares calcinados, la indolente actuación de Conred llegó al Congreso, que anunció una investigación. La fiscalía también actuará de oficio y en cualquier otro país que no fuera Guatemala los responsables podrían acabar en la cárcel. Por el momento, el director general sigue en su puesto.

En su comparecencia en la C√°mara, Sergio Caba√Īas admiti√≥ que no evacu√≥ ninguna de las comunidades cercanas al volc√°n porque nunca recibi√≥ una alerta clara del servicio de vulcanolog√≠a. A la pregunta de un diputado sobre qui√©n hab√≠a evacuado a los hu√©spedes del campo del golf, Ca√Īas respondi√≥ desafiante: "¬ŅQui√©n evacu√≥ a los ricos?, nadie. ¬ŅQui√©n evacu√≥ a los pobres?, nadie".

La negligencia se prolong√≥ durante todo el d√≠a. Un trabajador de Conred que no quiere dar su nombre mostr√≥ a este peri√≥dico su tel√©fono m√≥vil. En √©l hay una alerta a las 16.20 horas del domingo anunciando el aumento de la actividad s√≠smica y ordenando el desalojo de los habitantes. A esa hora, aldeas como El Rodeo, La Reina, La Libertad y San Miguel Los Lotes eran ya un recuerdo sepultado. "Se pod√≠a haber evitado estas v√≠ctimas o, al menos, reducido a unas cuentas", explica a El Pa√≠s Alejandro Maldonado, director de Conred durante 12 a√Īos.

Guatemala, una historia convulsa

Con una superficie similar a la de Castilla y León, Guatemala tiene 38 volcanes, cuatro de ellos en activo sobre los que el Instituto de Vulcanología emite informes diarios. Es el cuarto país más vulnerable a los desastres naturales del mundo.

La propia existencia de Guatemala es la de un país fundado a base de tragedias naturales que ha tenido que cambiar su capital dos veces por culpa de los volcanes y terremotos. A pesar de todo ello el presupuesto anual de Conred es de unos ocho millones de dólares (60 millones de quetzales), y el de Insivumeh de menos de cuatro (28 millones de quetzales).

Realojar, si alg√ļn d√≠a sucede, a los miles de pobres que dej√≥ el volc√°n costar√° ahora muchas veces m√°s. Mientras tanto, los vendedores de ata√ļdes aguardan a las puertas de la morgue donde se acumulan los cad√°veres y los pastores evang√©licos recorren los albergues llevando la palabra de Dios a falta de funcionarios eficaces.

 

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