El futuro tras el desarme preocupa a los exguerrilleros de las Farc
Por: the New York Times
Junio 2017
Fotografia: Xinhua

En un campamento erigido sobre un prado verde como muchos de los que fueron sede del alargado conflicto colombiano, los integrantes del mayor grupo guerrillero del país y el más antiguo de Latinoamérica dejaron oficialmente sus armas el martes.

"Adi√≥s a las armas, adi√≥s a la guerra, bienvenida la paz", declar√≥ Rodrigo Londo√Īo, alias Timochenko, el l√≠der de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), ante los vitoreos de la multitud en el campamento de desmovilizaci√≥n. A unos pasos, los inspectores de misi√≥n de las Naciones Unidas cerraron la tapa de uno de los contenedores llenos de rifles que ser√°n derretidos para construir monumentos.

Los exguerrilleros ya abandonaron tambi√©n sus campamentos de batalla para quedarse en los de desmovilizaci√≥n, compuestos de tiendas de campa√Īa y de p√°neles de yeso. En total, el √ļltimo conteo fue de 7132 de estas.

Hasta el 1 de agosto seguirá habiendo algunos rifles en los campamentos por motivos de seguridad, dijo la ONU, y todavía están siendo examinados algunos acervos de armamento en el país. Aunque el desarme está, en su mayoría, completo.

Las Farc ahora tienen planes para convertirse en un partido político, como otros que han surgido en la región; entre ellos el FMLN de El Salvador, actualmente en el gobierno.

Por su parte, el gobierno colombiano debe enfrentar una serie de retos que emanan del acuerdo de paz con la guerrilla. Deben establecerse los tribunales especiales, por ejemplo, y reforzar el programa de subsidios a agricultores para la sustitución de cultivos ilícitos.

En el campamento de desmovilizaci√≥n, en el departamento de Putumayo al sur de Colombia, unos 500 exguerrilleros se quedaron contemplando su futuro despu√©s de la ceremonia oficial. Estaban atentos a las pantallas de sus tel√©fonos celulares, hablando con familiares por Facebook y WhatsApp, aplicaciones y redes sociales que muchos desconoc√≠an hace unos a√Īos.

Muchos rebeldes lamentaron que fuera tan tardado conseguir los materiales para el campamento; parece casi un sitio todav√≠a en construcci√≥n en el que algunos rebeldes duermen en hamacas al exterior, como lo hac√≠an en la jungla durante el conflicto. Si el proceso de construcci√≥n tard√≥ tanto y aun as√≠ qued√≥ relativamente incompleto, cuestionaron, ¬Ņc√≥mo ser√° la implementaci√≥n del resto de los acuerdos?

"La meta de terminar la guerra se ha cumplido, esencialmente", dijo Cynthia Arnson, directora del programa para América Latina del Centro Woodrow Wilson. "La implementación del documento de más de 300 páginas, que tiene 100 diferentes programas y estrategias, es lo que será difícil".

El desarme también les costó trabajo a los integrantes de las Farc, al menos emocionalmente.

Naida L√≥pez, de 32 a√Īos, estuvo dos d√©cadas en la guerrilla despu√©s de huir de su hogar cuando sus padres murieron en una operaci√≥n militar. Dijo que entregar su arma y dejar su vida como guerrillera le cost√≥ mucho trabajo, porque eran sus mecanismos de autoprotecci√≥n.

"Para cada guerrillero, su arma siempre ha sido el amigo m√°s leal, el que siempre lo acompa√Īa", dijo. "Algunos hasta le ponen nombre al rifle".

Naida tiene aprehensiones sobre qu√© suceder√° ahora que los exguerrilleros deben depender del Estado para su protecci√≥n. Hizo menci√≥n de la √ļltima vez que las Farc incursionaron en la pol√≠tica, con el partido Uni√≥n Patri√≥tica; muchos de los integrantes fueron asesinados por grupos paramilitares a los que el gobierno no detuvo.

"Nos podrían matar uno por uno", dijo Naida sobre los paramilitares que todavía existen.

Aunque las visitas de familiares y allegados les han dado algo de consuelo. Omaira Solarte, de 32 a√Īos, pudo ver a sus padres a finales de mayo por primera vez en 18 a√Īos, cuando se sum√≥ a las filas de las Farc.

"Antes era difícil hablar con la familia, porque le delatabas tu posición al enemigo", dijo.

Omaira planea sumarse al futuro partido político como una activista en las zonas rurales, quizá como promotora de la salud. Aunque le preocupan las condiciones del campamento de desmovilización; acusa que el gobierno no ha provisto a los excombatientes con los tratamientos médicos adecuados.

"Si nos enfermamos, nos dejan solos", dijo. "Si as√≠ son las cosas ahora, ¬Ņc√≥mo ser√° cuando ya no tengamos las armas?".

Mientras que Gaitan Duke, exguerrillero de 33 a√Īos, dijo que s√≠ ans√≠a conocer el resto del pa√≠s sin tener un rifle sobre el hombro, as√≠ como visitar a su familia y a comunidades ind√≠genas.

Recalcó un mantra de varios integrantes de las Farc: la dejación de armas es solo un paso hacia una nueva lucha por la democracia colombiana.

"Estamos dejando las armas, pero seguiremos existiendo como un movimiento de car√°cter abierto y legal", dijo.

El presidente Juan Manuel Santos recibi√≥ el Premio Nobel de la Paz por los acuerdos con las Farc, pero sigue siendo muy controvertido en Colombia. Los votantes rechazaron un primer pacto en un referendo; muchos est√°n en contra del que un buen n√ļmero de combatientes vaya a recibir amnist√≠a.

El acuerdo revisado fue aprobado por el congreso sin el aval de la poblaci√≥n en otra consulta y Santos, cuyo mandato termina el pr√≥ximo a√Īo, ha sido criticado por la oposici√≥n pol√≠tica; en particular por quienes aseguran que las Farc no han entregado todas las armas y el dinero que tienen escondidos en la jungla. Algunos analistas concurren.

Sin embargo, la ceremonia del martes le permitió a Santos recordar a todos los colombianos lo esperada que ha sido la paz.

"Hoy Colombia tiene la mejor noticia en 50 a√Īos: las Farc dejan sus armas y la palabra ser√° su √ļnica forma de expresi√≥n", dijo Santos. "Sin armas, no somos m√°s un pueblo enfrentado entre s√≠. Somos un pueblo avanzando dentro del cauce de la democracia".

 

 

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