Antes de que anochezca
Por: Martín Caparrós / The New York Times
Diciembre 2018
Fotografia: Oswaldo Rivas/Reuters

Carlos Fernando Chamorro lo sab√≠a. O, por lo menos, lo sospechaba: "Con Daniel uno siempre se equivoca. El error m√°s com√ļn es subestimarlo, porque al final siempre consigue sacar algo de cada situaci√≥n. No sabemos qu√© pasar√° esta vez, lo tiene dif√≠cil, pero hay que estar atentos, muy atentos".

Me dijo hace unos meses, mientras √©l y su equipo me ayudaban a reportear para estas p√°ginas sobre la insurrecci√≥n nicarag√ľense. Chamorro es, probablemente, el periodista m√°s respetado de su pa√≠s: varias veces, en lugares variados, manifestantes me dijeron que deb√≠a ser √©l quien encabezara un nuevo gobierno democr√°tico; √©l, por supuesto, dec√≠a que ni lo imaginaba. Chamorro tiene otras ideas: es periodista y hace periodismo y eso, cuando se hace en serio, jode. El viernes por la madrugada una banda policial enviada por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo invadi√≥ su redacci√≥n, se rob√≥ lo que pudo, rompi√≥ lo que no, trat√≥ de meter miedo.

Chamorro no se deja; al otro d√≠a se present√≥ en la central de polic√≠a para pedir explicaciones. Lo que le dieron fue otra carga de infanter√≠a, m√°s violencia. Chamorro sigue hablando; fuera de Nicaragua pocos hablan. En 2018, el gobierno de Daniel Ortega ha matado a m√°s de 500 personas en las calles. Va de nuevo: el gobierno nicarag√ľense, su polic√≠a, sus esbirros, ya mataron a m√°s de 500 personas y el mundo mira, en general, para otros lados. Contra ese silencio se levantaron Carlos Fernando Chamorro y toda la redacci√≥n de Confidencial -medio digital-, Ni√ļ y dos programas de tev√© por YouTube, Esta Noche y Esta Semana, por eso, ahora, su gobierno intenta silenciarlos.

Este mismo fin de semana, en Venezuela, uno de los diarios m√°s antiguos, El Nacional, anunci√≥ que, tras 75 a√Īos, dejaba de imprimirse: el gobierno de Nicol√°s Maduro tiene el monopolio de la importaci√≥n de papel peri√≥dico y lo retacea a los medios que no le rinden pleites√≠a. As√≠ fue como -inform√≥ Prodavinci- desde 2013 se perdieron 66 de los 90 medios impresos que circulaban en el pa√≠s. Va de nuevo: en 2013 hab√≠a 90 peri√≥dicos impresos en Venezuela, ahora queda solo un tercio, 27.

Los m√©todos son distintos, los resultados intentan ser los mismos: callar al que disiente. La derecha -que a veces se llama, tambi√©n, centroderecha- gana espacio en Am√©rica Latina. Algunos se sorprenden: no toman en cuenta la ayuda que le prestan esos gobiernos que, durante a√Īos, muchos se empe√Īaron en considerar de "izquierda": grupos militares o paramilitares profundamente autoritarios que coinciden en silenciar los medios que intentan contar m√°s all√° de las versiones oficiales.

Es duro. Y lo peor es que las reacciones son escasas. Han protestado algunas organizaciones -la Fundaci√≥n Gabriel Garc√≠a M√°rquez para el Nuevo Periodismo, en cuyo Consejo Rector Chamorro y yo participamos, y la comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, entre otros pocos- pero en los grandes flujos de opini√≥n el tema no aparece. No aparece siquiera en los medios que podr√≠an preocuparse: Clar√≠n, por ejemplo, mand√≥ en estos d√≠as a una periodista a Managua porque un esc√°ndalo de violaci√≥n que sacude a la prensa argentina sucedi√≥ all√≠ nueve a√Īos atr√°s; en varios art√≠culos, solo una vez hace breve alusi√≥n al ataque a la redacci√≥n de Confidencial, de pasada y equivocando el nombre.

Ese silencio es lo m√°s peligroso. Los gobiernos siempre han tratado de callar las otras voces: prueban, tantean y si no encuentran obst√°culos avanzan. Los gobiernos m√°s abiertamente autoritarios lo hacen con medidas directas, como negar el papel o saquear una redacci√≥n; los m√°s t√≠midos, con ataques personales como los √ļltimos de Trump contra el periodista Jim Acosta o de √Ālvaro Uribe contra la documentalista Margarita Mart√≠nez. Son matices que tienen su peso. Pero, en cualquier caso, los ejemplos cunden: si un gobierno ve que otro consigue silenciar sin mayor costo a los molestos, es probable que decida probar suerte.

Hay que intentar pararlos: ocuparse, por todos los medios posibles, de pararlos. Es necesario defendernos, juntarnos, solidarizarnos: no perder las pocas v√≠as de expresi√≥n que van quedando, no resignar la posibilidad de saber realmente lo que pasa. Para que el -buen- periodismo pueda hacer su contribuci√≥n a la vida p√ļblica, el p√ļblico tiene que hacer su contribuci√≥n al -buen- periodismo: defenderlo como cada quien pueda, sostenerlo. Es f√°cil mirar para otro lado; es tr√°gico dejar de hacerlo cuando ya se ha hecho demasiado tarde.

 

Comentar
Imprimir
Enviar Articulo

Comentarios sobre el artículo
El contenido de los comentarios es de entera responsabilidad de los usuarios y no reflejan necesariamente la linea editorial de la revista Datos.
Nombre
E-mail
Comentario
Copie el código de seguridad:
 »» 
SUSCRÍBASE AHORA
Ingreso Suscritos
Artículos Relacionados:
Personajes