Cuando el periodismo se vuelve mitología
Por: Jorge Carrión / The New York Times
Octubre 2018
Fotografia: Spotlight‚ÄĚ. Credit Kerry Hayes/Open Road Films

Camille Preaker, la protagonista de Heridas abiertas, es una periodista que escribe simultáneamente en su cuaderno de notas y en su propio cuerpo. El libro que hemos leído o la serie que hemos visto se revelan, al final, como la crónica en primera persona de su investigación de los asesinatos que ha sufrido el pueblo donde se crio. En su piel, en cambio, se encuentra su autobiografía: los mensajes de odio y los cortes que se ha infligido a sí misma desde la adolescencia.

En ese personaje escindido encontramos una elocuente metáfora de la figura del periodista en el siglo XXI. Se trata de alguien que produce al mismo tiempo discurso sobre el mundo y sobre sí mismo.

El oficio se ha vuelto tremendamente autoconsciente a causa de la crisis que lo amenaza como una guillotina apocal√≠ptica. Y el sujeto que lo encarna ya no habla a trav√©s de un √ļnico canal oficial, el del medio para el que trabaja, sino que tambi√©n lo hace diariamente por canales que reclaman su subjetividad, su experiencia, la excepcionalidad que justifica la existencia de esa profesi√≥n amenazada por la producci√≥n de contenidos.

Esa dif√≠cil divisi√≥n queda clara en otra serie de este a√Īo, el documental en cuatro cap√≠tulos¬†El cuarto poder, que muestra el primer a√Īo de la presidencia de Donald Trump a trav√©s de la cobertura que realiza The New York Times. Al mismo tiempo que la direcci√≥n del diario decide llamar la atenci√≥n a sus reporteros m√°s c√©lebres sobre su uso indiscriminado de las redes sociales, se lleva a cabo un recorte de personal debido a la transformaci√≥n digital de la empresa. La elevada fe en la verdad tiene que descender para negociar¬†con los lodos de la precariedad.

Al periodismo le ocurre lo mismo que a las librerías y a los libros en papel: amenazado por la digitalización del mundo, se ha vuelto narrativamente atractivo. En la etimología de la palabra "crisis" se encuentra tanto la idea de conflicto como la de separación y la de juicio.

Pero en el contexto de Amazon o Wikipedia, nuestra relación con los medios de comunicación tradicionales se reviste de una pátina de romanticismo y en el proceso de duelo prematuro eliminamos la crítica.

Si el futuro es el que dibuja El cuento de la criada, con esa redacci√≥n de The Boston Globe en ruinas, hay que entregarle al periodismo nuestro amor incondicional, aunque eso signifique pagar la suscripci√≥n de Netflix para consumir ficciones sobre investigaciones medi√°ticas del pasado reciente en vez de pagar la suscripci√≥n a alg√ļn diario para que sean posibles en el inminente futuro.

Y hay que idolatrar a los grandes periodistas, h√©roes supervivientes de un mundo en extinci√≥n. Convertirlos en protagonistas de unas historias en que siempre fueron personajes secundarios. Por eso, aunque el t√≠tulo del documental de Netflix sea Voyeur, la pel√≠cula no habla tanto sobre Gerald Foos, el due√Īo de un motel que dise√Ī√≥ para espiar durante d√©cadas a sus hu√©spedes, como sobre el propio Gay Talese, autor de un libro anacr√≥nico, gran escritor, mito viviente.

Aunque en Los archivos del Pent√°gono (2017) Steven Spielberg haya rescatado y mitificado una historia de los a√Īos setenta, ese romanticismo es sobre todo contempor√°neo.

Camille Preaker sacrifica hasta su cordura por resolver el caso; los protagonistas de El cuarto poder renuncian a su vida privada para desenmascarar a Trump, defender la democracia y ganar premios Pulitzer; Spotlight (2015), que cuenta c√≥mo los reporteros de The Boston Globe demostraron la existencia de una red de pederastia en la Iglesia, reconstruye en clave de √©pica realista la primera gran haza√Īa del periodismo de este siglo; y qu√© l√°stima que la cancelaci√≥n de The Newsroom (2012-2014) impidiera que Aaron Sorkin editorializara a trav√©s de la ficci√≥n la presidencia trumpiana.

Pero hay indicios de que las plataformas de noticias y contenidos tambi√©n van a crear su propia √©pica en tiempo real: su propio contrarrelato. El pasado agosto se estren√≥ Follow this, una serie de Netflix que sigue a reporteros de BuzzFeed durante sus investigaciones. Aunque el sitio cultive sobre todo las listas y la viralidad, la docuserie reivindica su dimensi√≥n period√≠stica (que no ri√Īe con el entretenimiento).

Si para Mark Zuckerberg y Facebook ver La red social fue un trauma, no es descabellado que las plataformas que no han conseguido neutralizar una narrativa mediática más o menos adversa, acaben produciendo su propia versión de los hechos. Sí: imagino una película sobre Jeff Bezos, un Amazon Original, por supuesto.

En su primer libro, No hemos entendido nada, el periodista peruano Diego Salazar analiza con lucidez crítica y desconfianza sistemática el ecosistema periodístico de estos tiempos algorítmicos. En su prólogo se encuentran los dos polos entre los que hay que interpretar el auge del periodismo como tópico narrativo y como objeto de reflexión.

Escribe Salazar que durante la redacción del volumen tuvo la sensación de estar escribiendo su "propio obituario" y el de su oficio. Y después sostiene que el periodismo es hoy parte de la industria del entretenimiento.

Para que el espectáculo pueda continuar pese a ese trasfondo sombrío, el periodista se ha convertido en el protagonista de la historia; y su oficio, en un horizonte, si no mitológico, al menos romántico o -como diría Will McAvoy- quijotesco.

 

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