Cuando la muerte no es una pena
Por: Martín Caparrós/ The New York Times
Febrero 2018
Fotografia: P√°gina 12

Todo empez√≥ con una escena de pel√≠cula mala, pesadilla peor. Frank Wolek, de 54 a√Īos, turista estadounidense, caminaba una ma√Īana por una calle de la Boca, barrio de Buenos Aires, cuando dos adolescentes lo asaltaron, trataron de robarle, se enfurecieron con su resistencia, lo acuchillaron muchas veces. Los ladrones se escaparon, cada cual por su lado; uno se llamaba Pablo Kukoc, de 18 a√Īos, y se llevaba la c√°mara de fotos hasta que tres vecinos lo interceptaron. Entonces apareci√≥ Luis Chocobar, polic√≠a de otro distrito, que sal√≠a de su casa. Se acerc√≥, grit√≥ algo, le meti√≥ dos balazos: "Dispar√© porque se ven√≠a contra m√≠ y ten√≠a miedo...", dir√≠a despu√©s.

El turista tenía una cuchillada en el corazón pero se salvó; el asaltante, dos balas que le entraron por la espalda y se murió. El policía quedó detenido; después se quejaría de que en el calabozo tuvo que dormir en el suelo. Cuando salió, pendiente de juicio, el presidente Mauricio Macri lo recibió en la Casa Rosada y le dijo: "[estoy] orgulloso de que haya un policía como vos al servicio de los ciudadanos; hiciste lo que hay que hacer, que es defendernos de un delincuente". Al otro día se filtró una grabación de cámaras de seguridad: mostraba que el asaltante corría para escapar y el policía lo persiguió y le tiró de atrás.

La polémica arreció. La madre de Kukoc, Ivonne, dijo que lo de su hijo había sido "una pena de muerte sin juicio" y pidió una audiencia con Macri: quería preguntarle, dijo, "por qué felicitó a una persona que mató a otra persona". Las madres de las víctimas tienen su lugar en la historia y la sociedad argentinas. Pero el presidente no la recibió y su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, salió a decir que "el agente Chocobar actuó en cumplimiento del deber policial [...], persiguió al delincuente hasta hacer cesar el delito con el objetivo de que esa persona no agreda y mate a otro". Va de nuevo: "Con el objetivo de que esa persona no agreda y mate a otro". Y su ministerio, dijo, lo ayudará en su defensa legal.

La inseguridad suele aparecer en las encuestas como la primera preocupaci√≥n -o la segunda, detr√°s de la inflaci√≥n- de los argentinos. Su gobierno actual acusa a su gobierno anterior de haber sido blando con los delincuentes -de haberles dado demasiadas garant√≠as jur√≠dicas, de no haber cuidado a sus fuerzas represivas- y, cada vez m√°s, anuncia y muestra que no har√° lo mismo. Est√° convencido de que sus votantes lo esperan, y el que lo dice m√°s claro, como suele pasar, es el se√Īor Dur√°n.

Jaime Dur√°n Barba es un curioso personaje: soci√≥logo, ecuatoriano, setent√≥n, hedonista, parlanch√≠n, pol√©mico, lleva casi quince a√Īos asesorando a Mauricio Macri, y muchos lo consideran la clave de su ascenso. Tan Jekyll como Hyde, por un lado arma estrategias propagand√≠sticas donde cada palabra est√° pensada al detalle y, por otro, presume de sinceridad brutal. Hace cuatro a√Īos, por ejemplo, el entrevistador de una revista le pregunt√≥ por el difunto presidente Ch√°vez y √©l dijo que era "un retroceso a la √©poca en que los presidentes eran dioses y resulta muy inc√≥modo un presidente as√≠". "Pero Ch√°vez tuvo un nivel de aprobaci√≥n alt√≠simo", le contest√≥ el periodista.

Y Durán Barba retrucó:

-Sí, como Hitler. Tuvo un enorme nivel de aprobación y no significa que fue un gran gobierno. Hitler tuvo una aprobación mayor que la de Chávez, 90 por ciento.

-No son comparables.

-¬°No! ¬°Hitler era un tipo espectacular! ¬°Era muy importante en el mundo!

-¡Pero mató a seis millones de judíos!

-Y este expulsó a la mitad de los judíos de Venezuela. ¡Ojo, ojo!

La semana pasada el hombre que dice lo que otros solo piensan explic√≥ la situaci√≥n en un programa de radio: "Hemos medido la angustia de la gente frente al delito. Hay mucha gente, sobre todo en los sectores populares, que siente que no puede salir de su casa, que la matan cuando va a comprar algo a la esquina, barrios que est√°n sitiados por los delincuentes". Dur√°n hablaba de un hecho innegable: en la Argentina, en los √ļltimos 32 a√Īos, el delito creci√≥ diez veces m√°s que la poblaci√≥n; para sorpresa de sus dirigentes, que construyeron un pa√≠s m√°s desigual y m√°s excluyente creyendo que tendr√≠an sus ventajas, pero no sus peligros.

Dur√°n hablaba, tambi√©n, de esos sectores -"populares"- a los que su gobierno no parece favorecer, sectores tocados por la crisis econ√≥mica permanente, sectores que su gobierno debe atender de alg√ļn modo. "La gente lo que pide es que se reprima brutalmente a los delincuentes. Yo no estoy de acuerdo, pero hemos hecho encuestas en Argentina, en M√©xico, en Brasil y la inmensa mayor√≠a de la gente quiere la pena de muerte", remat√≥.

Dur√°n Barba es el exponente m√°s visible y exitoso de eso que he llamado la democracia encuestadora.

La pol√≠tica sol√≠a consistir en grupos de personas -los llamados partidos- que se un√≠an porque ten√≠an una idea com√ļn sobre c√≥mo deb√≠a ser su sociedad. Entonces se organizaban para tratar de convencer a muchos m√°s de que esa forma era mejor e intentaban realizarla por los medios que imaginaban convenientes -elecciones, insurrecciones, guerras-. La democracia encuestadora consiste en personas que no tienen m√°s proyecto que el poder y, para conseguirlo o mantenerlo, creen que lo mejor es averiguar, por medio de encuestas, qu√© pretenden los electores y adaptarse a eso. Su actividad principal consiste en estudiar esas encuestas y decir lo que les dicen que su p√ļblico espera o√≠r: un c√≠rculo bastante vicioso.

La pena de muerte -que Dur√°n Barba ha vuelto a poner en el tapete- es uno de los √ļltimos bastiones que resisten a la fuerza de la democracia encuestadora. La pena de muerte da bien en las encuestas: la mayor√≠a de nuestras sociedades se muestra a favor. Y, sin embargo, hace m√°s de quince a√Īos que el √ļnico pa√≠s del continente que mata reos es Estados Unidos. Lo cual cuestiona a la democracia encuestadora o, incluso, a la definici√≥n b√°sica de la democracia: el r√©gimen en que se hace lo que quiere la mayor√≠a.

La pena de muerte es una feliz excepci√≥n, un l√≠mite de la raz√≥n democr√°tica: la defensa de un principio por encima de la voluntad mayoritaria. Es saludable -no parece haber nada m√°s repelente que un Estado que mata-, pero extra√Īo: ¬Ņqui√©n tiene el privilegio, qui√©n se arroga el derecho de decidir qu√© est√° por encima de esa voluntad y qu√© no? ¬ŅQu√© otras cosas podr√≠an decidir? ¬ŅQu√© pasar√° cuando alg√ļn partido de Am√©rica Latina argumente que la mayor√≠a de la poblaci√≥n quiere pena de muerte y que, por lo tanto, su obligaci√≥n democr√°tica es impulsarla? ¬ŅSer√≠a antidemocr√°tico rechazarla si la mayor√≠a la vota? ¬ŅPara ser realmente dem√≥cratas tendr√≠amos que aceptar que el Estado mate porque el pueblo lo quiere?

Y, por fin, en voz baja: ¬Ņes cierto que el pueblo -la mayor√≠a- siempre tiene raz√≥n?

 

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Comentarios sobre el artículo
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Pedro Basaure-Forgues
¬ŅQu√© se defiende o seg√ļn al caso, qu√© se ataca aqu√≠? ¬ŅEl delito? ¬ŅLa inseguridad o inseguridad ciudadana? ¬ŅEl accionar de la policia, absolutamente rebasada por la delincuencia? ¬ŅLos DD.HH.? ¬ŅLa presidencia de Macri o la defensa del anterior gobierno argentino? Parecer√≠a que el objetivo es seguir confundiendo a la ciudadan√≠a, para continuar medrando y haciendo lo que les venga en gana, terminando en el m√°s pat√©tico absurdo: ¬°Que la sociedad termine pidiendole disculpas a la delincuencia y criticando a las v√≠ctimas por atreverse a caminar en las calle en uso de su pleno derecho!
hace 6 meses    
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