Cumplea√Īos argentino
Por: Martín Caparrós / El País
Octubre 2018
Fotografia: Antonio Lacerda-EPA, vía Shutterstock

Ahora Bolsonaro y su nuevo pa√≠s reabren un ciclo que se cerraba 35 a√Īos atr√°s: la discriminaci√≥n, la mano dura, los discursos guerreros reemplazan otra vez a la solidaridad, la apertura, la b√ļsqueda

Es uno de esos d√≠as que tantos recordamos: "¬ŅY d√≥nde estabas cuando...". Fue uno de los d√≠as m√°s raros de una historia hecha de d√≠as muy raros. Hab√≠a elecciones: tras ocho a√Īos sin ellas, tras bruta dictadura, tras miles y miles de asesinatos de Estado, tras tanta oscuridad, tanto deseo, hab√≠a elecciones. Eran los primeros militares del sur que se ten√≠an que ir, un cambio de rumbo que se antojaba hist√≥rico. Ese 30 de octubre, hace hoy 35 a√Īos, hab√≠a elecciones, hab√≠a alegr√≠a, hab√≠a expectativas y, como siempre, iba a ganar el peronismo. Al caer la tarde asomaron los rumores: que en una mesa de Rosario los radicales los pasaban, que en un distrito de Salta, que en tres escuelas de Palermo. No te creas, es un error, son unos pocos votos, van a ganar los peronistas como siempre. Y sin embargo no, y sin embargo todos lo segu√≠an esperando.

Reci√©n hacia las diez, m√°s personas empezaron a creerlo: las calles pasaron de la perplejidad al j√ļbilo de algunos, la desaz√≥n de otros. A medianoche lo imposible estaba consumado: por primera vez en su historia, el peronismo perd√≠a unas elecciones presidenciales. Se las ganaba, con casi 8 de los 15 millones de votos emitidos, un abogado de un pueblo pampeano que pocos se hab√≠an tomado en serio. Ra√ļl Alfons√≠n, un se√Īor sin un gramo de glamur publicitario, vestido de su padre, la verba de otros tiempos, hab√≠a hecho campa√Īa con un mantra: que con la democracia se come, con la democracia se cura, con la democracia se educa, recitaba, y muchos le creyeron, lo creyeron. La democracia era la soluci√≥n y la esperanza.

Despu√©s, su intento chocar√≠a contra poderes brutos: el militar -cuyos jefes hizo juzgar y encarcelar con valent√≠a inigualada-, el sindical -cuyos jefes le hicieron docenas de huelgas para defender sus privilegios-, el eclesi√°stico -cuyos jefes lo odiaron por promulgar por fin una ley de divorcio-, el econ√≥mico, cuyos jefes terminar√≠an por voltearlo. Y, en los peores momentos, cuando millones quisieron acompa√Īar en la calle sus intentos, su tradici√≥n politiquera le gan√≥ y los mand√≥ a sus casas. Desde entonces pasaron tantas cosas. Los muy diversos peronismos -neoliberales, populistas- gobernaron 25 de estos 35 a√Īos; variantes -vacilantes- del viejo tronco radical se llevaron los otros 10. Con discursos distintos sus resultados fueron semejantes.

En el periodo m√°s negativo de su historia, Argentina se latinoamericaniz√≥: se hizo m√°s parecida, en sus diferencias, en su desigualdad, en su exclusi√≥n, a sus vecinos. Ahora tiene cinco veces m√°s pobres que entonces, la educaci√≥n y la salud p√ļblica se hundieron, las crisis se volvieron norma. Hubo inflaciones brutales, reemplazos de moneda, un default, m√°s dudas, m√°s quebrantos y, sobre todo, la p√©rdida de aquella convicci√≥n que la hab√≠a guiado desde siempre: que Argentina era el pa√≠s del futuro. ("S√≠, Argentina es el pa√≠s del ma√Īana", dijo Clemenceau; "el problema es que va a seguir si√©ndolo siempre"). Que todo eso sucediera a lo largo de la m√°s larga sucesi√≥n de gobiernos democr√°ticos de su historia fue un dato brutal: la democracia dej√≥ de parecer la soluci√≥n de nada.

Al contrario: en estos a√Īos los poderes de siempre consiguieron el control sin necesidad de militares, pudieron empobrecer y desemplear y excluir, con esl√≥ganes y votos. Tras 35 a√Īos, aprendimos que la democracia no alcanza para evitar que se robe, se mate, se margine, se deje sin educar y sin curar y sin comer a tanta gente. Quiz√° la causa del deterioro argentino no sea el sistema democr√°tico pero all√≠ estaba, permiti√≥, sufre las consecuencias. Una encuesta reciente muestra que tres de cada cuatro argentinos no est√°n conformes con su democracia. La consideran, en general, el refugio de unos ineptos sospechosos que solo piensan en su propio provecho -los pol√≠ticos- y el caldo de cultivo para dos tipos de delitos: los cometidos por los m√°s marginales -robos, asesinatos, tr√°ficos variados- y por los m√°s centrales. Corrupci√≥n del Estado y las grandes empresas.

Son las mismas ideas, las mismas cifras que aparecen en todo el continente: seg√ļn los pa√≠ses, entre un 50% y un 75% de los latinoamericanos no est√° conforme con este sistema. Pero la mayor√≠a no tiene ninguno que oponerle, siguen al pie de la letra el chascarrillo de Churchill: que la democracia es el peor sistema si se except√ļan todos los dem√°s. Querr√≠an otro, pero no saben cu√°l. La democracia no se ve en condiciones de dar respuestas a los males que ella misma parece haber creado, los pol√≠ticos no encuentran argumentos, las ideas nuevas no aparecen.

As√≠, rebrotan los fantasmas. Se dedican a resucitar un pasado m√≠tico -la ley, el orden, el respeto- que nunca fue lo que proclaman. Por momentos resulta aterrador. Ahora Bolsonaro y su nuevo pa√≠s reabren ese ciclo que se cerraba 35 a√Īos atr√°s: la discriminaci√≥n, la mano dura, los discursos guerreros reemplazan otra vez a la solidaridad, la apertura, la b√ļsqueda. Orden m√°s que justicia, seguridad m√°s que esperanza. Democracia era la forma de llamar a esa esperanza; ahora ya no. Ahora, en nuestros pa√≠ses, no tiene nombre y est√° buscando uno. Igual, digamos, que hace 40 a√Īos.

 

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