El miedo no es tonto
Por: Martín Caparrós / The New York Times
Abril 2019
Fotografia: Juanjo Martín/EPA vía Shutterstock

Espa√Īa fue a votar con m√°s miedo que esperanza, m√°s estoicismo que entusiasmo. Espa√Īa, como tantos otros pa√≠ses, no encuentra dirigentes que la ilusionen; postulaban para ese rol cinco hombres de menos de 50 a√Īos, cinco muchachos guapetones. Cuatro que parecen salidos del mismo anuncio de colonia -de cuando los hombres para serlo deb√≠an ser atildados, deportivos y s√≥lidos, ser hombres- y uno que se dej√≥ el pelo m√°s largo; cinco universitarios buenos mozos que no saben hablar sin sonre√≠r. Como si no se pudiera representar a Espa√Īa siendo mujer o viejo o medio rengo o pensativa o gordi. Al verlos, la visi√≥n de un pa√≠s plural, multiforme, hecho de diferencias y contrastes, se da de cara contra la pared.

Con m√°s miedos, entonces, que esperanzas,¬†Espa√Īa vot√≥ y su partido socialista (el Partido Socialista Obrero Espa√Īol, PSOE), que hace dos a√Īos parec√≠a a punto de deshacerse en sus contradicciones, gan√≥ las elecciones generales. Su l√≠der, Pedro S√°nchez, que hace dos a√Īos hab√≠a perdido incluso el liderazgo partidario, va a gobernar Espa√Īa.

Los socialistas ganaron porque supieron aprovechar los errores de la derecha. No solo sus historias de corrupci√≥n; sobre todo, sus peleas internas. La derecha espa√Īola cay√≥ por fin en esa cl√°sica conducta de la izquierda: dividirse, atacarse, perder votos. All√≠ donde los del Partido Popular (PP) sol√≠an ir solos, fueron tres: ellos, Ciudadanos, Vox.

"¬°Compatriotas, la resistencia ya est√° dentro del Congreso!", grit√≥ el secretario general de Vox en la plaza Margaret Thatcher de Madrid cuando se empezaron a confirmar los resultados. Hace unos d√≠as Vox era el terror: un nuevo partido de extrema derecha, patriotero cat√≥lico xen√≥fobo machista que llenaba plazas y avenidas. Se le auguraban entre 40 y 60 diputados; consigui√≥ 24. Es mucho, pero los resultados demostraron que la mayor√≠a de sus seguidores eran votantes del PP que, durante a√Īos, se hab√≠an guardado sus gritos m√°s extremos y que ahora, por fin, sal√≠an del armario.

Y es cierto que Vox jug√≥ un rol decisivo: por un lado, arrastr√≥ a√ļn m√°s a la derecha a los otros dos partidos conservadores y dej√≥ el centro vac√≠o para los socialistas; por otro, aviv√≥ el miedo al fascismo y consigui√≥ que muchos izquierdistas reticentes, gente que llevaba dos o tres elecciones sin encontrar una representaci√≥n satisfactoria y se absten√≠a, fuera a votar movida por el susto.

Así que la derecha, que amenazaba tanto, perdió. Es simple: en 2016 sus dos partidos -el PP y Ciudadanos- consiguieron 11 millones de votos y 169 diputados; sus tres partidos consiguieron los mismos votos pero 19 diputados menos, porque la participación fue mucho mayor. Y si se considera al PP solo, el cuadro es espantoso: en las generales de 2016 consiguió 137 diputados; en estas elecciones, 66. Ahora tiene, entre otros problemas, una cantidad de cuadros cabreadísimos buscando a quién cobrarle por haberse quedado en la calle. Y tiene a ese hombre, Pablo Casado, derrotado y cuestionado, y tiene miedo de que Ciudadanos lo desplace de la conducción conservadora.

Del otro lado, el partido socialista consigui√≥ 123 diputados -contra 85 en 2016-. La movilizaci√≥n del susto fue todo un √©xito: votaron dos millones de espa√Īoles m√°s que en 2016 y la gran mayor√≠a lo hizo por ellos. Mientras tanto Unidas Podemos, la izquierda m√°s radical, perdi√≥ 29 esca√Īos. Pero es probable que gobierne con el PSOE.

Es el momento de las especulaciones: las de los periodistas que intentamos entender lo que pasó y, sobre todo, las de los políticos, que deben armar sus alianzas. Los sistemas parlamentaristas tienen ese raro privilegio: uno va y vota a un candidato -Sánchez, digamos- y ese voto puede servir para que se constituya un gobierno de izquierdas, donde el PSOE se alíe con Podemos, o un gobierno de centroizquierda, donde su aliado sea Ciudadanos.

De ah√≠ las c√°balas y vaticinios de estas horas. M√°s all√° de n√ļmeros, todo indica que los socialistas formar√°n gobierno con el apoyo de Podemos y que las negociaciones ser√°n duras: los socialistas tratar√°n de limitar su participaci√≥n, los podemitas buscar√°n compromisos, un par de ministerios. Ese gobierno, adem√°s, solo puede formarse con el apoyo de los nacionalistas vascos y catalanes -que tambi√©n pondr√°n sus condiciones-.

Es lo m√°s l√≥gico; no es seguro. El parlamentarismo siempre deja abierta la posibilidad de un arreglo que nadie hab√≠a previsto, que nadie hab√≠a votado. En este caso, un azar ayuda a contener los imprevistos: el 26 de mayo habr√° elecciones municipales y auton√≥micas, as√≠ que los partidos, que ya entran en campa√Īa, deber√°n cuidarse porque su castigo puede ser inmediato.

Quedan, igual, dudas. Lo √ļnico seguro es Pedro S√°nchez. Nunca nadie lo respet√≥ demasiado; nunca nadie lo consider√≥ demasiado inteligente o astuto o meritorio y ahora, en su mediocridad, va a gobernar Espa√Īa con un parlamento manejable. En su supuesta tonter√≠a triunf√≥ en toda la l√≠nea: o no es tan tonto como muchos creyeron o su pa√≠s, que lo elige, lo ser√≠a m√°s que √©l.

Y su triunfo no se limita a Espa√Īa. S√°nchez ha dado vuelta a una tendencia que parec√≠a irreversible: hac√≠a a√Īos que la socialdemocracia europea no ganaba elecciones; ahora, cuando acaba de hacerlo, S√°nchez querr√≠a que su triunfo marcara un regreso de esa opci√≥n tan malherida -y querr√≠a, por supuesto, volverse su adalid-.

Mientras tanto tendr√° que gobernar Espa√Īa. Ha prometido mejorar la situaci√≥n de la salud y la educaci√≥n p√ļblicas -y es probable que lo haga, dentro de un orden-. Ha prometido avanzar en el camino de la igualdad y cuidado de g√©nero -y tambi√©n es probable-. Ha prometido aminorar el paro juvenil -y tambi√©n-. Es improbable, en cambio, que produzca cambios relevantes en varios temas muy centrales: la fiscalidad, el papel de los bancos, el problema de los inmigrantes, la distribuci√≥n de la riqueza. Y le queda, por supuesto, la crisis catalana, el caldo de cultivo de la extrema derecha patriotera. De c√≥mo lo encare dependen, para Espa√Īa, tantas cosas.

 

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