La lección del doctor Fajardo
Por: Martín Caparrós/ The New York Times
Abril 2018
Fotografia: Luis Eduardo Noriega A./EPA, vía Shutterstock
Los candidatos a la presidencia de Colombia Sergio Fajardo, Germán Vargas Lleras, Iván Duque y Gustavo Petro fueron convocados al primer debate el 3 de abril de 2018, en Medellín.

Sergio Fajardo, matemático, profesor, exalcalde de Medellín y autoproclamado político de centro, debe apelar a la polarización para pasar a la segunda vuelta y encontrar una posibilidad en el voto en contra del poder establecido.

 

Se hab√≠a levantado a las cuatro de la ma√Īana en su casa de Medell√≠n para tomar un avi√≥n a las seis y llegar a Bogot√° a las siete y tantas, pero ahora -nueve menos cuarto- el doctor Sergio Fajardo se ve fresco, risue√Īo, dispuesto a saludar y sonre√≠r a quien se le cruce en el pasillo del canal. En el estudio del programa La tele letal lo esperan dos presentadores graciositos para torearlo con preguntas patinosas; el doctor juega el juego, se r√≠e, habla de f√ļtbol y dem√°s deportes -"no, debo decir que nunca le he mirado las nalgas a Duque ni a ning√ļn otro candidato"-, y demuestra o quiere demostrar que no es solemne, pero un par de veces para la pelota:

-Yo soy un matem√°tico.

Dice, cuando quiere marcar las diferencias. O si no, que fue alcalde de Medell√≠n y gobernador de Antioquia, que tiene dieciocho a√Īos y medio de experiencia: que est√° adentro pero est√° afuera, o viceversa.

-Soy profesor y me siento orgulloso, aunque nuestra sociedad no nos valora. Pero los maestros tenemos ciertas habilidades: entre ellas, sacar lo mejor de cada persona. Por eso yo voy a liderar un gran proyecto de cultura ciudadana en Colombia para acabar con la fragmentación que vivimos: nunca hemos tenido un proyecto conjunto de país. Nos ha unido la rabia con la corrupción o el miedo con el narcotráfico o la violencia, pero nunca nos ha unido algo positivo.

Los graciosos se callan, lo dejan hablar; el doctor se entusiasma:

-El Proceso de Paz con las Farc fue la gran oportunidad perdida: tendría que haber sido el momento de unirnos y terminamos más divididos de lo que estábamos. Pero ahora sí lo vamos a hacer. Vamos a apostarle a la decencia y a la educación y yo voy a liderar ese proyecto: voy a ser el primer profesor presidente en la historia de Colombia.

El primer profesor naci√≥ en Medell√≠n hace 61 a√Īos, se educ√≥ en un colegio de curas, estudi√≥ matem√°ticas en Bogot√°, se doctor√≥ en Wisconsin, se hizo con una c√°tedra. Ya ten√≠a 43 y una carrera cuando se cans√≥ de decir "Hay que hacer algo", y decidi√≥ intentarlo. Un grupo de amigos entusiastas, militantes sin partido, lo postul√≥ para la alcald√≠a de Medell√≠n; perdieron. Cuatro a√Īos despu√©s lo intentaron de nuevo y lo lograron.

El doctor se hizo cargo de una ciudad en llamas, unos cien asesinatos por a√Īo cada 100.000 habitantes y en tres a√Īos los redujo a una tercera parte. Para eso la construcci√≥n de escuelas y bibliotecas, la educaci√≥n y la cultura, tuvieron un papel decisivo, que hizo de Medell√≠n un modelo imitado. El doctor se volvi√≥ una figura. As√≠ que en 2010 quiso ser presidente, pero no gan√≥ las internas de su coalici√≥n y en 2011 fue elegido gobernador de Antioquia, su regi√≥n. Y ahora es candidato en una de las elecciones presidenciales m√°s imprevisibles de la historia colombiana.

'Cuando sea presidente'

El programa de televisión se ha vuelto muy bizarro, con un payaso que hace de político y hace chistes pesados. El doctor sonríe, simula divertirse, pero no muy bien. Más tarde, ante un jugo de mandarina y una galleta de chocolate en un café de Bogotá, le diré que su paciencia me pareció admirable.

-No es natural, es adquirida. Yo soy una persona impaciente, he tenido que trabajarlo mucho. Si no, no puedes dedicarte a esto.

-¬ŅY c√≥mo se te ocurri√≥ dedicarte a esto? Convengamos en que es algo que se le ocurre a muy poca gente.

-Yo nunca pens√© ser presidente. Pero tampoco hab√≠a pensado ser alcalde ni gobernador. Y nos metimos, decidimos que ya estaba bien de hablar y esperar que otros hicieran. Nunca hab√≠a estado en una campa√Īa pol√≠tica, as√≠ que tuve que construirme una nueva vida, casi desde cero, y me fui encontrando con mucha gente que ten√≠a las mismas inquietudes, que quer√≠a hacer cosas.

-Sí, hay mucha gente que quiere hacer cosas y entonces se mete en un grupo, una oenegé, un partido. Pero hay muy poca gente que dice "quiero ser presidente". No parece del todo razonable.

-Es un camino largo. Lo extraordinario fue el primer paso: decidir que quer√≠a ser alcalde, hacer campa√Īa, perder, volver a hacerla, ganar. Eso s√≠ fue un gran cambio; despu√©s lo dem√°s parecen consecuencias l√≥gicas.

-Es como la rana a la que le van calentando el agua poco a poco y cuando quiere darse cuenta ya est√° hirviendo.

-Algo así.

Dice, y se sonríe, y le pregunto si no se mira a veces como de lejos y piensa "Qué delirio".

-S√≠, a veces pienso que esto es muy incre√≠ble, muy extraordinario. Me dicen arrogante y soberbio, pero en el fondo no me tomo muy en serio muchas cosas. Yo hago seriamente las cosas, disciplinado, trabajando; esto no es mamar gallo. Pero tengo ese humor negro, que no se ve, que me lo aplico sobre todo a m√≠. Y esta vez ya he dicho algo que en la pol√≠tica no dice nadie: que es la √ļltima campa√Īa que hago en mi vida. Apenas termine la presidencia lo que quiero ser es rector de una universidad.

-Uy, ahí sí que se pelean por el poder en serio, no como estos con los que juegas ahora.

Le digo y se sonríe, pero lo que me impresiona es la fórmula: "Apenas termine la presidencia", dice, cuando tiene solo algunas posibilidades de empezarla. Un candidato debe falsear los tiempos: no puede decir "Si yo soy presidente", debe decir "Cuando yo sea presidente"; no puede decir "Quiero hacer tal cosa", debe decir "Voy a hacer tal cosa".

-¬ŅUstedes no pueden decir que quiz√°s no consigan lo que quieren, no?

-Es imposible.

Dice, y se queda pensando con media sonrisa, la que le sale cuando todavía no sabe bien cómo seguir.

-Pero adem√°s tienes que estar convencido de que vas a ganar. Si no, se te cruzan los cables. Al que va a perder ya se le ve desde el principio.

Quiz√°s esta vez no est√© tan claro. Hace un a√Īo, el candidato ¬Ņde derecha? Germ√°n Vargas Lleras, exvicepresidente de Santos, lideraba todas las encuestas. Hace tres meses, el candidato ¬Ņde centro? Sergio Fajardo iba en punta. Hace una semana, el candidato uribista Iv√°n Duque le llevaba diez puntos al segundo, el candidato ¬Ņpopulista? Gustavo Petro. La campa√Īa presidencial colombiana es una monta√Īa rusa de votantes indecisos y agitados, o las encuestas colombianas son m√°s m√°gicas que realistas. A 38 d√≠as de la primera vuelta, todo parece posible todav√≠a.

La política del siglo XXI

Quizás estos vaivenes no son producto de la confusión, sino del rechazo: una encuesta de Gallup mostró que más del 80 por ciento de los colombianos repudia los partidos tradicionales. Así que todos, incluidos los políticos más tradicionales, se pelean por demostrar que no lo son. El doctor dice que su forma de gobernar también es diferente: que consiste en dialogar con los legisladores y otros interesados, conocerlos, respetarlos, convencerlos de que vale la pena secundar sus proyectos.

-Porque ganar la elección significa que esos proyectos tienen apoyo de la ciudadanía y por eso los legisladores de los demás partidos van a apoyarlos sin que haya que darles a cambio puestos ni contratos, que es el sistema habitual. Nosotros queremos debatir las cosas, no negociarlas. Es una gran ruptura con las formas actuales de hacer política.

-Suena un poco idílico.

-Van dos. Lo hicimos en Medellín y en Antioquia. Y funcionó, y eso es lo que nosotros representamos y por eso nos van a votar.

Fajardo es guapo -una buena sonrisa, mucho pelo enrulado, los huesos de la cara muy marcados- y se lo han dicho tanto. En un pa√≠s donde muchos hombres -y sobre todo los p√ļblicos- se avejentan para hacerse presentables, sigue visti√©ndose con el Levi's 501 azul y la camisa arremangada con que debe haber pasado la mayor parte de su vida. Esta es blanca con rayitas azules. Ya es mediod√≠a; camina por la calle buscando que lo miren: intenta saludar, sonre√≠r, hablar con todos. Muchos le contestan, lo alientan, le piden una foto.

-Pero uno imagina que el poder real tiene mecanismos para evitar que un sistema tan democr√°tico los afecte, ¬Ņno?

Le digo y me mira, gana tiempo. Entonces dice algo vago sobre el espíritu de transformar la ciudadanía y esas cosas; lo interrumpo:

-¬ŅNo crees que si esas medidas consensuadas afectan a ciertos intereses se ponen en marcha mecanismos para impedirlo, que incluyen a los partidos, los bancos, los medios...?

-Puede ser, pero la f√≥rmula es la misma: transparencia. Vamos a discutir, vamos a ir al debate p√ļblico. Y yo creo que muchos dentro de los partidos son conscientes del rechazo que hay y les interesa trabajar de forma transparente para ver si lo cambian.

-¬ŅT√ļ representas ese rechazo, la antipol√≠tica?

-Pues esa es la expresión que se usa, antipolítica. Pero estamos en política y yo soy un político. Nosotros hablamos de la otra política, la política del siglo XXI. No se puede condenar la política en general porque te quedas sin instrumentos de cambio. Lo que hacemos es condenar esa política asociada con el clientelismo, que es la forma de llevar la corrupción al poder. Ese es el malestar de la ciudadanía.

-¬ŅO sea que querr√≠an transformar esa condena de la pol√≠tica en la b√ļsqueda de otra pol√≠tica?

-Exacto, tramitarlo dentro de la pol√≠tica pero de otra forma. Entre nosotros hay personas que han gobernado ciudades y departamentos importantes. Pero aqu√≠ vamos por el gobierno nacional. Es la batalla final: por eso se va a juntar contra nosotros todo el establecimiento. Iv√°n Duque representa esa estructura pol√≠tica tradicional, diecis√©is a√Īos de gobierno: el presidente Santos gan√≥ las elecciones porque era de Uribe y ahora Duque tambi√©n viene de la mano de Uribe.

Sergio Fajardo suele decir que no es de izquierda ni de derecha y que esa clasificación pertenece a la vieja política; a veces se define como "independiente". Pero sus enemigos de derecha dicen que se ha ido a la izquierda y viceversa. Viceversa es una palabra que se le cruza mucho.

-Dices que ustedes est√°n contra el establecimiento, ese entramado de partidos, personajes e intereses. ¬ŅQu√© papel juega en esta pelea el establecimiento econ√≥mico, el poder en serio? Porque ellos funcionan desde siempre con esta pol√≠tica...

-Eso tiene que ver con nuestra historia, con c√≥mo nos gobernaron. Cuando las reglas son claras, cuando hay transparencia, cuando todo se hace p√ļblico, la confianza...

Dice el doctor, se lanza a la retórica. Le digo que la hagamos más simple:

-¬ŅLos grandes poderes econ√≥micos prefieren que siga el establecimiento pol√≠tico tal como est√° o tienen alg√ļn inter√©s en que ustedes lo remplacen?

-Creo que hay una parte de los poderes económicos que prefiere el statu quo, el que han tenido toda la vida. Pero algunos entienden la naturaleza de lo que está pasando en Colombia, la indignación ciudadana que hay en todo el país y creo que algunos estarán con nosotros. Digo conmigo, no con Petro, quien es la amenaza al establecimiento en todas sus formas. Lo que yo represento para muchos genera confianza...

-¬ŅUstedes ser√≠an una forma confiable de canalizar el descontento?

-Sí, eso está bien dicho.

Más eslóganes

El trabajo del candidato en campa√Īa consiste en aprovechar cada ocasi√≥n para decir las cuatro o cinco cosas que ha decidido decir en cada ocasi√≥n: sus temas de campa√Īa. Estamos en una radio muy escuchada; la periodista le pregunta sobre un exabrupto de Claudia L√≥pez, su candidata a vicepresidenta y quien lo acompa√Īa en la estaci√≥n, y el doctor dice que quiz√°s "se le salt√≥ la piedra"; es decir: perdi√≥ los estribos. La periodista ve la oportunidad y le pregunta que a √©l qu√© le hace saltar la piedra. Fajardo se lanza a lo suyo:

-La corrupción, ese mundo de ilegalidad y de trampa que hay detrás de la política. Ese mundo me fastidia profundamente. Pero bueno, por eso es que les vamos a ganar. Por eso es que estamos en política, para derrotarlos y llegar al poder a transformar la sociedad.

Es duro seguir a un candidato: se empiezan a acumular los estribillos, las frases dichas y redichas.

-En Colombia se llenó la taza. O, dicho de una forma que me da un poco de pudor: Colombia está mamada, remamada de esa política. Ahí están, son todos lo mismo, tienen las mismas raíces, se juntan para repartirse el poder. Y nosotros los vamos a derrotar, porque eso es lo que no queremos más en nuestro país.

Dice, casi intenso. Todav√≠a en la radio, su compa√Īera de f√≥rmula apunta:

-En la segunda vuelta, cuando Sergio Fajardo se enfrente a cualquiera que pase, va a ser una elecci√≥n de Colombia contra la clase pol√≠tica, porque toda la clase pol√≠tica termina uni√©ndose, ah√≠ no hay lealtades de ning√ļn tipo, ellos solamente van por la plata y los contratos.

L√≥pez es peque√Īa y en√©rgica, enf√°tica: algunos le reprochan que lo sea demasiado, otros dicen que equilibra la paciencia de Fajardo.

-Me dicen que soy tibio, que soy gaseoso porque me pongo a explicar cada cosa, pero cada uno tiene su identidad, y si yo tengo la propuesta que tengo es porque soy este que soy.

Dir√° despu√©s el doctor, otro caf√©. En su equipo de campa√Īa hay quienes le insisten en que sea m√°s agresivo y menos doctoral: m√°s esl√≥ganes y menos desarrollo. Pero √©l dice que no puede ser lo que no es. Y no es un orador de barricada: no tiene ese √©nfasis repetitivo que suele pasar por elocuencia. Muchos dicen que los votos se consiguen con esos trucos de feria, y quiz√°s sea cierto. Si √©l los consigue con su cadencia y sus explicaciones ser√° una diferencia. Es un punto: que si gana Duque o Vargas Lleras ser√° m√°s de lo mismo; que si gana Fajardo ser√° que hay cosas que han cambiado en Colombia.

El estoicismo del doctor

-La educación deberá dar oportunidades a todos. No puede ser que el origen social determine qué tan lejos puede llegar una persona; tenemos que darles a todos el equipaje para desarrollarse plenamente.

Dice ahora el doctor. Ya son más de las seis y estamos en una universidad de clase media bogotana: muchos cientos de muchachos reunidos para escucharlo. Lleva catorce horas en la brecha: la camisa se le ha ido arrugando; la voz no, ni las ganas. Le hacen preguntas y él explica que prevé reactivar la economía con grandes trabajos de infraestructura, carreteras, riegos, energía, que servirán para crear empleo y mejorar la producción agraria. Y que votó por el sí en el Proceso de Paz y volvería a votarlo, pero que el gobierno está en deuda, que no ha llegado a esos territorios donde las Farc eran el Estado. Los muchachos tienen carteles contra la corrupción, por la decencia. Un estudiante le pregunta por el tema. El doctor, feliz de contestar:

-Algunos candidatos proponen que se hagan m√°s leyes contra la corrupci√≥n. Cuando el fiscal anticorrupci√≥n de Colombia es capturado por corrupto, ¬Ņles parece que el problema es la falta de leyes? Es un problema √©tico de entender lo p√ļblico: por qu√© llegamos al poder y c√≥mo lo ejercemos. Por supuesto que necesitamos leyes, pero lo que m√°s necesitamos es respetarlas. Y el problema √©tico est√° claro: en la forma en que se llega al poder, as√≠ se gobierna. No duden ni por un segundo que los que pagan para llegar, llegan para robar.

Dice, y hace la pausa apropiada y lo aplauden: es un momento eslogan y funciona.

-Entonces el primer paso en la lucha contra la corrupci√≥n es participar y votar y escoger personas honestas. Nosotros nunca hemos pagado un peso por un voto ni un puesto para un concejal o un diputado, entonces cuando llegamos podemos gobernar con transparencia. Y as√≠ ya avanzamos profundamente en la lucha contra la corrupci√≥n. Por eso los invito a que participen, a que voten. Se suele decir que los j√≥venes en Colombia se entusiasman pero que despu√©s no votan. Hay que votar y si me permiten, una √ļltima recomendaci√≥n: voten por m√≠. ¬°Somos la opci√≥n pol√≠tica que es capaz de cambiar la pol√≠tica y unir a Colombia! ¬°Muchas gracias!

La sala aplaude, grita. Después viene media hora de saludos, firmas, fotos. El doctor la soporta con estoicismo -e, incluso una sonrisa, cierta apariencia de placer-.

La √ļnica chance

Falta poco y nada est√° jugado: las encuestas no son fiables. En 2010, por ejemplo, Antanas Mockus, otro matem√°tico que hab√≠a sido alcalde de Bogot√°, se present√≥ contra Juan Manuel Santos, el candidato del todav√≠a presidente √Ālvaro Uribe. Las √ļltimas estimaciones para la segunda vuelta daban a Mockus -con Fajardo como vicepresidente- el 45 por ciento de la preferencia de voto contra un 40 de Santos. En la primera vuelta Mockus sac√≥ tres millones de votos -un 21 por ciento- y Santos m√°s del doble. La explicaci√≥n m√°s aceptada fue que Mockus solo ten√≠a a los votantes convencidos -lo que los colombianos llaman voto de opini√≥n, que las encuestas registran mejor- mientras que Santos ten√≠a "la maquinaria", el aparato de producci√≥n de votos de los viejos partidos.

Ahora Fajardo sigue sin tener "la maquinaria". En un pa√≠s de clientelismos y aparatos y dineros, su campa√Īa no tiene ni mucho dinero ni mucho aparato ni clientes: ese es su orgullo y su debilidad. No puede llenar la calle de carteles ni las teles de sonrisas ni las radios de canciones, as√≠ que va a todos los programas y habla en todos los sitios. Le pregunto si no le resulta dif√≠cil tener que pasarse los d√≠as diciendo maravillas de s√≠ mismo: venderse a millones de personas.

-Soy retraído, una persona tímida, vengo del mundo de la ciencia. Pero estamos en una competencia y hay que reivindicar lo que hemos hecho.

-Sí, pero es raro estar todo el tiempo diciendo yo soy genial, soy extraordinario...

-Pues no sé si soy genial o extraordinario, pero sí hemos hecho cosas extraordinarias. Los otros no quieren reconocerlas, así que yo tengo que hacerlo. Estamos haciendo política. Y yo no estoy aquí por accidente, sino por un camino recorrido, así que hay que recordarlo siempre.

Tampoco puede contratar encuestas frecuentes que le digan -que pretendan decirle- por d√≥nde van los tiros, qu√© mensajes funcionan y cu√°les no, as√≠ que debe navegar a ciegas, bas√°ndose en su instinto de camino a la primera vuelta, el 27 de mayo, el √ļltimo domingo del mes. Parece claro que en estas elecciones no hay lealtades firmes y hay, por lo tanto, millones de indecisos. Fajardo y su gente creen que podr√°n pescar en ese r√≠o revuelto.

-La condici√≥n indispensable pero no suficiente para conseguir lo que quieres es seducir a millones de personas. Seducir a una sola ya es complicado. ¬ŅC√≥mo se piensa la idea de seducir a millones?

-Nosotros aprendimos a hacer política caminando la calle, repartiendo volantes, sin ninguna maquinaria. Para mí el acto político es el momento en que yo le entrego un volante a una persona en la calle. Nunca pienso en millones. Colombia tiene casi cincuenta millones de personas y tengo que seducir a ocho y medio. Pero yo siempre estoy pensando en una persona.

Son casi las nueve de la noche y la polic√≠a acaba de detener a Jes√ļs Santrich, un excomandante de las Farc acusado por la DEA de tr√°fico de drogas. Periodistas lo paran a la salida de su acto y el doctor debe improvisar una respuesta:

-Hay un acuerdo de paz y unas reglas dentro de ese acuerdo. No s√© qu√© ha ocurrido. Lo √ļnico que puedo decir es que hay unas reglas y hay que respetarlas, y quien viole las reglas de ese acuerdo debe ser castigado con todo el rigor de la justicia.

Es un estado de alerta permanente: nunca se sabe por d√≥nde van a venir los pelotazos y cualquier resbal√≥n puede ser la ca√≠da. El doctor, ahora, come una pechuguita, discute sobre la campa√Īa, est√° cansado, cree que podr√°, no sabe, intenta pensar en otra cosa, no lo logra, duda, conf√≠a, duda.

Cada d√≠a son dieciocho horas de obsesi√≥n y esfuerzos y palabras, de jugarse tanto a cada rato. Mucho depender√° de su capacidad para convencer a millones de que √©l es la √ļnica opci√≥n contra la vieja pol√≠tica. Y mucho depender√°, como ha pasado en Colombia durante todo el siglo XXI, del senador √Ālvaro Uribe. Su candidato, Iv√°n Duque, encabeza las encuestas, pero tambi√©n hay una buena mitad del pa√≠s que quiere olvidarlo para siempre: entre ellos, los que temen que desarme el acuerdo de paz, que vuelva la violencia.

Las √ļltimas mediciones que maneja su equipo de campa√Īa le dan un 17 por ciento de frente a un 40 para Duque y un 25 a Petro. Todo depender√° de la segunda vuelta y dicen -algunas encuestas dicen- que si se enfrentara a Gustavo Petro, Iv√°n Duque ganar√≠a seguro; en cambio contra Sergio Fajardo s√≠ podr√≠a perder. O sea que la √ļnica posibilidad de que no gane Uribe una vez m√°s ser√≠a que se topara en la segunda vuelta con Fajardo. En s√≠ntesis, la √ļnica posibilidad de cambio de r√©gimen es que √©l pase a la segunda vuelta y produzca la uni√≥n sagrada contra el candidato uribista.

Parece, tambi√©n, su √ļnica chance. Pero se dir√≠a que no se decide a utilizar demasiado el argumento: es raro que el candidato antipolarizaci√≥n se juegue todo a los efectos de la polarizaci√≥n, que el orador de la unidad dependa del rechazo, que el defensor de una pol√≠tica distinta deba resignarse a pedir el voto √ļtil y viceversa. Algunos de su campa√Īa insisten; lo discuten.

Mientras, ahí afuera, todo pasa tan rápido.

 

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