La magia argentina est√° en problemas
Por: Martín Caparrós/ The New York Times
Octubre 2017
Fotografia: Eitan Abramovich/Agence France-Presse ‚ÄĒ Getty Images

Y ahora todo parece igual, pero ya pas√≥ m√°s de medio siglo. Recuerdo aquella tarde: agosto del 69, Rendo acababa de marcar el 2 a 2 in√ļtil con un gol in√ļtil, el partido se hab√≠a terminado y la Bombonera se vaciaba en silencio. Yo caminaba y no entend√≠a, no pod√≠a entender. Por primera vez desde que el f√ļtbol era el f√ļtbol, la Argentina no se clasificaba para un Mundial: en la Bombonera, contra el Per√ļ. Ahora, 51 a√Īos despu√©s, la Asociaci√≥n del F√ļtbol Argentino, desesperada por su equipo, hab√≠a decidido recurrir a la magia. Sin mirar los antecedentes de esa magia. Hab√≠a definido que el partido decisivo para la clasificaci√≥n -otra vez contra el Per√ļ- se jugar√≠a en la Bombonera. Si no pod√≠an ganar los partidos en la cancha -habr√°n pensado-, los ganar√≠an con la cancha.

-Vamos, vamos, Argentina...

Gritan los muchachos frente al televisor. Si los due√Īos del f√ļtbol argentino creen que la Bombonera puede servir para ganar, yo no voy a ser menos: me voy al restaurante Boca Juniors, en Queens, Nueva York, lo m√°s parecido a la cancha de Boca en unos 5000 kil√≥metros a la redonda. El restaurante Boca Juniors est√° en el medio de la nada: suburbio pobre de avenidas demasiado anchas, casas destartaladas, veredas rotas y basura, los olores. El sal√≥n del restaurante es grande pero parece chico: una selva de banderas, camisetas, fotos de jugadores; casi todo de Boca y un poco de Argentina. Los parroquianos, en cambio, tienen m√°s camisetas argentinas que de Boca: emigrantes de mediana edad, se√Īores que llevan veinte o treinta a√Īos trabajando duro en los suburbios del poder, y unas pocas se√Īoras muy te√Īidas. En el televisor Messi se esfuerza.

-...vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos, a ganar...

Gritan los parroquianos, porque Messi empez√≥ jugando como si se jugara la vida (quiz√° porque, de alg√ļn modo, se juega la vida). O, quiz√°s, el relato de esa vida: si no consigue una Copa del Mundo su historia va a ser la historia de un fracaso, la derrota del mejor de todos. Y se pierde un gol a la salida de un c√≥rner, jugada preparada y tiro franco, de esos que Messi nunca erra. Pero erra.

La Argentina no deja de ser ese equipo desnorteado, incapaz de armar jugadas, esperando que Messi... Di Maria pierde pelotas en centros malos o tiros imposibles; Mascherano abre los brazos para decir que no encuentra a qui√©n d√°rsela; Banega no termina de armar nada; G√≥mez, missing. Y Benedetto, pobre, hace la Gran Higua√≠n, la Gran Icardi, la Gran Ag√ľero: no recibe ni una pelota limpia frente al arco.

-And√° a la concha de tu madre, Fideo.

Grita, en la mesa de al lado, una mujer tan rubia. Per√ļ, mientras tanto, es un sparring t√≠mido. De vez en cuando pega una patada fuerte para decir que est√°, y ah√≠ se queda la cosa. Sin ambici√≥n, con miedo, espera lo peor pero no llega. Hasta que se le pasa el susto y confirma lo que todos saben y nadie cree: que la Argentina es muy mediocre y que se puede atacarla, faltarle el respeto. As√≠ que lo intenta un rato y despu√©s la Argentina reacciona, y Messi agarra un rebote de esos que siempre mete, de frente al arco. Pero lo erra por poco.

No hay equipo. Messi quiere hacer todo porque seguramente cree que mejor solo que mal acompa√Īado pero no le sale: cuatro y cinco y seis veces no le sale. Y, casi al final del primer tiempo, recoge en la puerta del √°rea otro rebote y la pifia tan mal que la pelota se va por el costado: tan desalentador, tan nunca visto.

As√≠ que el entretiempo es tenso: los chinchulines se enfr√≠an en las fuentes, las morcillas se arrugan, se gritan los amigos. Si en el sal√≥n hay fotos de jugadores -Maradonas por docenas, Riquelmes, Palermos- la entrada al ba√Īo muestra fotos del patr√≥n con N√©stor Kirchner, Cristina Fern√°ndez de Kirchner, Amado Boudou y dem√°s peronistas. Estamos en pleno Efecto Patria: el f√ļtbol sabe hacer el milagro de reunir en un mismo grito a personas que nunca se hablar√≠an. Y en la distancia, el Efecto Patria se hace m√°s necesario: cuando est√°s lejos, cuando poco te une con el lugar donde ya no quieres vivir, el f√ļtbol lo hace; y la comida lo hace. Comida y f√ļtbol juntos es un shot potent√≠simo de patria.

Pero hoy est√° fallando. Ya empieza el segundo tiempo; muchos recurren a sus cruces y santos y dem√°s ritos m√°gicos. Y al minuto Leo Messi, con todo el arco libre, la estrella contra el palo derecho. Nos hemos pasado a√Īos tratando de entender qu√© le pasa a Messi en la selecci√≥n. Yo siempre sostuve que el juego del Barcelona lo beneficiaba tanto como lo perjudicaba el argentino. Pero en el Camp Nou o en los videos de YouTube o en el patio de su casa nunca falla esos remates f√°ciles que no consigue meter cuando se pone la celeste y blanca. Algo le pasa, algo que la raz√≥n no explica, la magia no conjura, la patria no remedia y el Boca Juniors se impacienta:

-...Nosotro alentamo, ponga huevo, que ganamo...

Gritan, con m√ļsica de cucharita y copa. Ahora la Argentina juega por espasmos: de tanto en tanto se despierta, aprieta, amenaza, casi mete, amenaza de nuevo... y al final se desarma y pasan cinco o diez minutos sin m√°s nada. Y el tiempo se va y en los otros partidos hay goles -ese milagro raro- y algunos traen esperanzas y otros desaz√≥n y las puteadas, y Per√ļ pierde tiempo y la Argentina parece entregada, resignada. Hasta que un peruano atrevido voltea a Messi cerca de su arco y todos gritan: "Vamos, Argentina, carajo" y Messi se para frente a la pelota y todos gritan como si ya hubiera pasado pero todav√≠a no y la cara de Messi en el televisor es un poema y ya metiste tantos as√≠ no nos vas a cagar ahora dice uno y otro reza y otro y otro m√°s all√° y alguno grita "Gooool". Pero el tiro pega en la barrera. Y el partido se disuelve en la nada, que es lo suyo: suena el pito, se acaba. Si el martes no sucede un milagro, el mejor jugador del mundo va a mirar la Copa del Mundo por la televisi√≥n. Flor de televisi√≥n.

-And√° a cagar, Messi.

Grita uno, y pega un pu√Īetazo -flojo- en una mesa. La Bombonera cumpli√≥ con su promesa: otra vez el empate con Per√ļ, otra vez la clasificaci√≥n amenazada, otra vez la partida silenciosa. As√≠ que ahora todo parece igual pero pas√≥ m√°s de medio siglo y est√° oscuro y es Queens y llueve y la avenida -tan ancha, tan ajena- es un camino hacia el olvido.

 

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