Los riesgos de la prudencia envenenada
Por: Jorge Zepeda Patterson / El País
Julio 2018
Fotografia: BBC

Desde el domingo en que autoridades electorales y rivales reconocieron su triunfo, Andrés Manuel López Obrador ha sido un dechado de prudencia y moderación. La noche misma de esa jornada electoral apaciguó a los poderes fácticos: no habrá expropiaciones, se respetará la autonomía del Banco de México, se mantendrá la disciplina financiera y fiscal; se reconocerán los compromisos contraidos con empresas y bancos nacionales y extranjeros; y se continuarán las negociaciones del TLC tal como se llevan.

Al d√≠a siguiente convers√≥ amigablemente con Donald Trump durante media hora y el martes tuvo una larga sesi√≥n en Palacio Nacional con Enrique Pe√Īa Nieto, que el propio l√≠der opositor calific√≥ de cordial y amistosa. En dos ocasiones en las √ļltimas horas, L√≥pez Obrador ha elogiado al presidente de M√©xico porque se mantuvo al margen del proceso electoral.

Se ha dicho, y con raz√≥n, que el ahora presidente electo virtual es un pol√≠tico pr√°ctico. Ahora me pregunto si los excesos de "practicidad" podr√≠an comprometer el potencial de cambio real de su Gobierno. No hay que perder de vista que el tsunami electoral que observamos el domingo entra√Īa no solo un voto a favor de L√≥pez Obrador sino tambi√©n un voto en contra de Pe√Īa Nieto y el PRI que representa.

No, la presidencia no fue neutral en las elecciones pasadas y all√≠ est√°n las intervenciones descaradas e ilegales de la Procuradur√≠a General de la Rep√ļblica (PGR) en contra de Ricardo Anaya, el otro candidato opositor; la instalaci√≥n en la boleta electoral del candidato independiente Jaime Rodr√≠guez, El Bronco, pese a que hab√≠a cometido il√≠citos para conseguir el registro (la decisi√≥n fue gracias a los votos de los magistrados del Trife vinculados al Ejecutivo federal); o los ingentes recursos p√ļblicos desviados para comprar el voto de manera directa o clientelar. Una cosa es no echar en cara esos delitos para llevar la fiesta de la transici√≥n en paz y otra hacer elogios innecesarios y contrarios a la verdad.

L√≥pez Obrador ha conseguido hasta ahora un peque√Īo milagro. Primero, convertirse en el catalizador del hartazgo de los ciudadanos en contra del sistema y barrer en las elecciones con las fuerzas pol√≠ticas que representan a los poderes f√°cticos; y, segundo, en las √ļltimas 72 horas ha logrado neutralizar e incluso revertir el nerviosismo de esos poderes f√°cticos. Lejos de sacar el dinero del pa√≠s o desatar la tan anunciada desestabilizaci√≥n, su triunfo reforz√≥ al peso frente al d√≥lar e incluso provoc√≥ una mejor√≠a en el √≠ndice de cotizaciones de la bolsa. Un verdadero acto de prestidigitaci√≥n pol√≠tica que todos agradecemos.

Pero hay razones para preocuparse. En los próximos meses habrá una cargada de las élites para acoger al nuevo presidente con los brazos abiertos, con la esperanza de mantener vigente el estado de cosas que los privilegia. Ya escuchamos a López Obrador elogiar a los viejos medios de comunicación, que operan como punta de lanza para la defensa de intereses corporativos, profesionales en el oficio de ensalzar al gobernante de turno.

Hace unos a√Īos, cuando Felipe Calder√≥n iniciaba su sexenio tuve con √©l una larga conversaci√≥n. Lo conoc√≠a desde 15 a√Īos antes y a pesar de no coincidir ideol√≥gicamente lo hab√≠a respetado en el pasado por su lucha democr√°tica en contra del r√©gimen autoritario del viejo PRI. Le reclam√© que no procurase fortalecer instituciones democr√°ticas capaces de erradicar el antiguo r√©gimen. Me contest√≥ que para cambiar al pa√≠s primero ten√≠a que fortalecer la presidencia y tales contrapesos le estorbar√≠an. Como sabemos, termin√≥ siendo una mala copia de los presidentes priistas y al final de su sexenio les regres√≥ el poder.

No pretendo comparar a los personajes; L√≥pez Obrador no se lo merece. Solo espero que en su af√°n de no enemistarse con Pe√Īa Nieto y sus c√≠rculos, con los medios tradicionales, con los poderes f√°cticos que ahora har√°n fila en el besamanos, no termine diluyendo el mandato de cambio que recibi√≥ de los ciudadanos. Ya dio muestras durante la campa√Īa del perd√≥n que extiende a los corruptos por el simple hecho de pasarse a su bando. Ser√≠a deseable que no suceda ahora con la clase pol√≠tica y las √©lites que han sido repudiados por los votantes.

Una cosa es amnistiar en aras de no desgastarse en rencillas del pasado y otra cosa es legitimar a los responsables de los cr√≠menes de ese pasado ominoso. No, AMLO no debe actuar como heredero agradecido, como si fuese presidente debido a una graciosa concesi√≥n de Pe√Īa Nieto. Por el contrario, lo es a pesar del priista, quien hizo todo lo posible por evitarlo. L√≥pez Obrador es presidente electo, insisto, gracias a los ciudadanos que repudiaron masivamente a ese que ahora elogi√≥ el nuevo mandatario. No se pide radicalismo o revanchismo, solo entereza moral y congruencia ideol√≥gica dentro de la prudencia. Esto apenas comienza. Ser√° una larga batalla entre lo posible y lo necesario.

 

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