Mis d铆as con D铆az-Canel: la herencia triste de la Revoluci贸n cubana
Por: Mart铆n Caparr贸s/ The New York Times
Mayo 2018
Fotografia: Alejandro Ernesto/Agence France-Presse 鈥 Getty Images

Aquella tarde, cuando nos subimos en su Lada oficial, D铆az-Canel puso un casete de Fito P谩ez, empez贸 a repiquetear sus dedos sobre sus rodillas y me dijo: "Ya est谩s en Buenos Aires"; la canci贸n que canturreaba se llamaba Circo Beat. Aquella tarde no est谩bamos en Buenos Aires, sino en Santa Clara, Cuba, y Miguel D铆az-Canel andaba en jeans gastados y camiseta del Che pero no ten铆a el pelo tan largo como me hab铆an dicho ni hab铆a hecho todo lo que se dec铆a. Sobre 茅l corr铆an, ya entonces, las historias.

-No, eso yo no lo dije.

Me dijo, por ejemplo, cuando le cont茅 que un amigo en La Habana dec铆a que 茅l se hab铆a declarado "el secretario de todos, de los obreros, los estudiantes, los campesinos, los homosexuales".

-No lo dije, no, pero yo siempre he dicho que tenemos que dar un espacio para todos, trabajar para todos, 驴me entiendes?

Me dijo aquella tarde, hace ya m谩s de veinte a帽os. Yo estaba escribiendo sobre Cuba para una revista argentina y su due帽o, industrial farmac茅utico con negocios en la isla, me hab铆a conseguido un privilegio 煤nico: que me mostraran el mausoleo del Che Guevara, cerrado, en obras todav铆a. Para eso tuve que ir hasta Santa Clara, a unos 300 kil贸metros de La Habana, su lugar. Miguel D铆az-Canel era, entonces, el primer secretario del Partido Comunista provincial y por eso me recibi贸, me cont贸 cosas, me sac贸 a pasear, me aloj贸 en una casa para funcionarios extranjeros, me hizo sentir como un ruso que hab铆a llegado tarde. Cuando caminamos por el centro de la ciudad, personas lo paraban, lo interpelaban con retint铆n caribe:

-Oye, D铆az, a ver para cu谩ndo terminan con el camino aquel que t煤 dijiste.

Le dijo, por ejemplo, un vecino, y 茅l se par贸 para darle explicaciones. Otros lo saludaban, le preguntaban algo, lo trataban de cerca. "El secretario D铆az-Canel -escrib铆 entonces- es alto, bien hecho, mucho deporte encima. Tiene 36 a帽os y un diploma en ingenier铆a electr贸nica, pero siempre estuvo en pol铆tica y fue parte del equipo del ahora canciller Robertico Robaina en la Uni贸n de Juventudes Comunistas. Los cuadros dirigentes cubanos est谩n empezando a renovarse: de los quince secretarios provinciales, ocho tienen menos de cuarenta a帽os. En principio, los nuevos no tienen diferencias ideol贸gicas serias con sus mayores, pero en muchos casos se manejan distinto. Despu茅s de una 茅poca en que funcion贸 bastante el modelo sovi茅tico de bur贸crata encerrado, los nuevos buscan el contacto, la discusi贸n. Y adem谩s, me parece, esta nueva generaci贸n ha sido capaz de inventarse una 茅pica de la gerencia: frente a sus mayores, que hicieron revoluciones heroicas, su trabajo de producci贸n y distribuci贸n podr铆a parecer menor.

-驴Y no tienes cierta envidia de aquellos a帽os, de lo que ellos hicieron?

-驴Por qu茅? En estos momentos dif铆ciles, organizar una zafra, lograr la recuperaci贸n econ贸mica, convencer a la gente de que d茅 todos sus esfuerzos por la Revoluci贸n tambi茅n es una batalla que vale la pena pelear. Hacer la revoluci贸n fue importante, fundamental, pero construir el socialismo tambi茅n puede ser la pelea de una vida".

Fueron paseos muy ilustrativos, y el mausoleo me impresion贸 con sus masas de m谩rmol y de bronce, su pretensi贸n de eternidad, diez metros de Guevara con boina y metralleta. Pero la revelaci贸n -burlona, chiquitita- vino poco despu茅s. D铆az-Canel me llev贸 a una reuni贸n. Un a帽o antes un hurac谩n hab铆a asolado la provincia y, desde entonces, los responsables de las empresas y servicios provinciales se reun铆an con 茅l tres veces por semana: desde all铆 la manejaban al detalle.

-Esta semana no hemos tenido ning煤n caso de hepatitis. La diarrea baj贸 de 308 a 259.

Informa uno y otro dice que se encontr贸 carne salada en mal estado y otro que el agua sigue saliendo turbia y otros hablan del caso de un reci茅n nacido que muri贸, de la disminuci贸n de los apagones, de recuperar los atrasos en el plan de helados, de lo bien que va la producci贸n de ron, de la llegada de veinte bater铆as para micros escolares.

-Nosotros en la funeraria estamos dentro de las cifras. Tenemos siete cajones, que nos pueden alcanzar para diez d铆as m谩s.

D铆az-Canel opina, cita cantidades, da 贸rdenes menores:

-Bueno, hay que aumentar la producci贸n de reposter铆a. Atenci贸n, que con las vacaciones va a subir la demanda.

Despu茅s discuten c贸mo van a hacer para darles algo de comer a los chicos que tienen viajes largos en los micros escolares: es un l铆o pero est谩n dispuestos a solucionarlo, no puede ser que esos muchachos pasen hambre.

Entonces cre铆 que hab铆a entendido: all铆, en esa reuni贸n de funcionarios provinciales y datos burocr谩ticos estaba la explicaci贸n de todo. Lo que arruin贸 las experiencias comunistas fue, sabemos, la ineficacia, la paranoia, la concentraci贸n de poder, la "dictadura del proletariado". Pero fue, sobre todo, esa ambici贸n magn铆fica, imposible: la de ser todo para todos, hacerse cargo de cada detalle, proclamar que el Estado debe garantizar el bienestar de cada ciudadano. El capitalismo siempre fue m谩s astuto: consigui贸 hacernos creer que ese bienestar era la responsabilidad de cada uno, que si a alguien no le va bien en la vida es culpa suya: que el Estado debe ofrecerle ciertas bases y despu茅s cada cual que se arregle. No podr铆a haber dos sistemas m谩s opuestos: uno te deja librado a tu suerte so pretexto de la libertad y consigue perpetuarse; el otro te promete todo en nombre de la igualdad y falla porque todo no se puede.

-En el capitalismo, si alguien no tiene un ata煤d la culpa es suya, por no poder comprarlo. Aqu铆, en cambio, la culpa es de Fidel. Eso es muy dif铆cil de sostener, 驴no?

-S铆, claro. Pero t煤 no sabes la satisfacci贸n que te da cuando ves que va saliendo bien, que la gente va viviendo mejor. Eso no se paga con nada, chico, con nada.

Pas贸 hace m谩s de veinte a帽os. Despu茅s el joven pelilargo se torn贸 un funcionario atildado, siempre obediente, siempre dispuesto, que se fue volviendo el heredero de la diarqu铆a de los Castro. Ya entonces mostraba su ambici贸n; ya aquella tarde me cont贸 c贸mo, un a帽o antes, se hab铆a ganado el favor del primog茅nito organiz谩ndole de la noche a la ma帽ana un "gran acto de masas". Despu茅s sigui贸 subiendo: fue ministro de Educaci贸n Superior, vicepresidente del Consejo de Estado, esas cosas. Ahora es el primer mandatario en m谩s de medio siglo que usa otro apellido.

Pero se dir铆a que las diferencias con sus excomandantes no van mucho m谩s lejos. Leo, en estos d铆as, art铆culos de amigos cubanos que lo miran llegar sin sombra de esperanza; ellos, por supuesto, lo conocen y dicen que va a seguir por el mismo camino de estos a帽os: que nadie podr铆a llegar tan alto en el escalaf贸n de su aparato sin dar fidelidad garantizada. As铆 que es, suponen, muy improbable que el sistema cambie.

Y entonces yo no puedo dejar de recordar esa otra noche -Mosc煤, mayo de 1991- en que Vodimir Natorf, el exsecretario de organizaci贸n del partido Comunista polaco, beb铆a vodka con lim贸n, me hablaba del fracaso de los comunistas y me dec铆a que hab铆an cometido muchos errores, pero ninguno tan decisivo como "actuar como si el hombre fuera intr铆nsecamente bueno, como si existiera un hombre ideal, perfecto, ut贸pico".

No lo es, por supuesto. Pero tampoco sirve actuar como si fuera tonto, como si hubiera que hacer todo en su lugar, pensar y actuar por 茅l. No le gusta, se rebela un poco. Y, si no encuentra otras v铆as, puede incluso creer cosas tan raras como que la rebeld铆a, la libertad, el camino a la felicidad pasan por Miami. Esa es, ahora, la herencia triste de la "Revoluci贸n cubana".

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