Para qué sirve protestar
Por: Vanessa Barbara / The New York Times
Marzo 2018

La historia es as√≠: el gobierno anuncia otro aumento en la tarifa del transporte p√ļblico, as√≠ que unos cuantos brasile√Īos toman las calles, marchan unos kil√≥metros y despu√©s la polic√≠a decide que ya fue suficiente. Acto seguido, hay una especie de exhibici√≥n pirot√©cnica, con gas y explosiones. Todos se van a casa; algunos despu√©s de una corta estancia en la estaci√≥n local de polic√≠a, otros m√°s con unos moretones de recuerdo.

Unos d√≠as despu√©s, hay otra manifestaci√≥n. Y luego otra m√°s. La historia se repite unas cuantas veces hasta que todos est√°n cansados, satanizados o suficientemente intimidados. Las tarifas siguen siendo indignantes y subir√°n de nuevo el a√Īo pr√≥ximo.

En a√Īos recientes varias quejas han desencadenado este tipo de protestas: reformas laborales; la reorganizaci√≥n de las escuelas p√ļblicas; una presidencia ileg√≠tima e impopular; una Copa del Mundo costosa y tonta; unos catastr√≥ficos Juegos Ol√≠mpicos de Verano. Al final, todas esas cosas siguieron adelante, como si nadie hubiera perdido los dientes protestando en su contra.

Esta rutina comenz√≥ en junio de 2013, en lo que ahora se conoce como las Jornadas de Junio. Todo comenz√≥ con las manifestaciones en contra del aumento al precio del transporte p√ļblico. Cuando la polic√≠a recurri√≥ a la violencia para acabar con ellas, las protestas crecieron. M√°s de un mill√≥n de personas en todo el pa√≠s tomaron las calles.

Estas manifestaciones engendraron una peque√Īa generaci√≥n de militantes de izquierda opuestos al autoritarismo y apartidistas, que siguieron protestando durante varios a√Īos sucesivos contra todo tipo de problemas. Se les ha tachado de bandidos, v√°ndalos, peones pol√≠ticos o sencillamente ineficaces (esta √ļltima acusaci√≥n podr√≠a no ser del todo inexacta). Sin embargo, ahora tambi√©n se les responsabiliza por el avance de la derecha en la pol√≠tica brasile√Īa y por la destituci√≥n de la expresidenta Dilma Rousseff.

"Nos apresuramos a pensar que 2013 fue democr√°tico", declar√≥ el a√Īo pasado Luiz In√°cio Lula da Silva, el popular expresidente e icono de la izquierda brasile√Īa. "Creo sinceramente que la destituci√≥n de Rousseff no habr√≠a ocurrido de no ser por las Jornadas de Junio", escribi√≥ Fernando Haddad, exalcalde de S√£o Paulo y una figura importante del Partido de los Trabajadores de Lula da Silva. "En mi opini√≥n, ah√≠ fue cuando empez√≥ el golpe de Estado", escribi√≥ Da Silva en su cuenta de Twitter en enero.

¬ŅPor qu√© estos pol√≠ticos de izquierda consideran agentes de la derecha a los protestantes que sin duda son de izquierda? Bueno, en parte porque es f√°cil experimentar angustia ante un movimiento incontrolable y carente de l√≠deres cuyas demandas son plurales.

Sin embargo, existe otra razón. Después de junio de 2013, algunas personas protestaron contra la corrupción en general, incluyendo la del Partido de los Trabajadores, que estaba en el poder en ese momento. Eso acabó por desatar cinco manifestaciones multitudinarias de la derecha que exigían la salida de Rousseff, la presidenta electa que provenía de ese partido. En agosto de 2016, los manifestantes de derecha vieron cómo su deseo se materializó.

No obstante, no hay una línea recta que vaya desde las protestas de 2013 hasta la destitución de 2016. Los mítines callejeros no fueron la oportunidad de oro que todos estaban esperando para derrocar a Rousseff ni tampoco el factor principal que acabó por permitirles hacerse con el poder. Después de todo, muchos de los que están en la derecha trabajaron en el gobierno de Rousseff (recordemos que el presidente Michel Temer fue vicepresidente de Rousseff).

La derecha tampoco "secuestr√≥" un movimiento intr√≠nsecamente an√°rquico, considerando el hecho de que muchas otras personas contin√ļan realizando sus m√≠tines progresistas, que han sido peque√Īos pero bastante molestos (piensen, por ejemplo, en las manifestaciones en contra de la Copa Mundial de 2014. En ese entonces, criticar ese acontecimiento por cualquier motivo se consideraba una afrenta para el gobierno de izquierda).

Esa perspectiva es simplista y solo sirve para evadir el peso de la responsabilidad. En trece a√Īos de gobierno del Partido de los Trabajadores, la izquierda tradicional perdi√≥ muchas oportunidades cruciales para conseguir un cambio efectivo en Brasil. Ahora necesitan a alguien m√°s a qui√©n culpar por sus derrotas. El actual chivo expiatorio parecen ser los protestantes de la extrema izquierda, aquellos que se atrevieron a criticar las decisiones del Partido de los Trabajadores en el pasado.

La verdad es que el movimiento que comenzó en 2013 ha protestado en contra de las malas políticas de todos los gobiernos, sean de izquierda o derecha, sin importar si esas acciones podían afectar o no a un partido político en particular.

Estos manifestantes no necesariamente se alinearon con otros movimientos sociales tradicionales, como el de quienes carecen de tierras o los trabajadores sin vivienda, los sindicatos o las organizaciones estudiantiles. Rechazan la autoridad jerárquica y son imposibles de controlar; además, traen a colación cuestiones importantes, a veces mucho antes que los demás.

Por ejemplo: el Movimiento de la Tarifa Gratuita, el principal grupo detr√°s de las protestas de 2013, no redujo los precios del transporte, pero s√≠ forz√≥ a los pol√≠ticos y a los ciudadanos de clase media a pensar seriamente, por primera vez, en la necesidad de dejar de dar prioridad a los autom√≥viles y comenzar a invertir en el transporte p√ļblico.

Otro ejemplo: poco a poco, la gente está comenzando a entender que los eventos deportivos mundiales no son tan buena idea después de todo, en especial para los pobres. Los activistas fueron los primeros en debatir el tema en los términos concretos en los que estaban siendo afectados, y los acontecimientos demostraron que estaban en lo correcto. A pesar de las acusaciones del Partido de los Trabajadores y sus seguidores, esos fueron argumentos progresistas.

Algunas veces, no se logra nada concreto de inmediato, pero nuevas ideas ingresan al √°mbito de lo posible. Tal vez m√°s tarde asciendan al √°mbito de lo necesario y, despu√©s, al de lo inevitable. Por ahora, el transporte p√ļblico gratuito sigue siendo una utop√≠a, pero los servicios m√©dicos universales y las escuelas p√ļblicas gratuitas no lo son.

Los mítines también podrían ser una forma de generar una nueva conciencia colectiva y promover la solidaridad a mayor escala. Desde la perspectiva del partido gobernante, nada es más democrático que aceptar esto. Las protestas también pueden tener una especie de belleza kantiana, independiente de los resultados. Como Daniel Cohn-Bendit, líder estudiantil de las protestas de 1968 en París, escribió: "Percibimos algo, fugazmente, que luego se desvanece. Pero basta para demostrar que ese algo puede existir".

Ya es hora de que el principal partido de izquierda de Brasil deje de culpar a las calles y se reconcilie con 2013. Quizá entonces pueda encontrar distintos caminos de acción, un destello de posibilidad, nuevas utopías y una alternativa viable para las próximas elecciones presidenciales.

 

 

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Vanessa Barbara es colaboradora de nuestra sección de Opinión, editora de la página web de literatura A Hortaliça y autora de dos novelas y dos libros de no ficción en portugués.

 

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