¬ŅSer√°n los par√°sitos la cura para el alzh√©imer?
Por: Pagan Kennedy / The New York Times
Julio 2017

En 2011, Ben Trumble dej√≥ la selva boliviana y se llev√≥ una mochila que conten√≠a cientos de viales con saliva. Hab√≠a pasado seis semanas siguiendo a los ind√≠genas mientras se mov√≠an por la selva, lanz√°ndole flechas a los jabal√≠es. Estos hombres eran miembros del pueblo tsiman√©, que vive como lo hac√≠an nuestros ancestros hace miles de a√Īos: cazando, buscando comida y cultivando peque√Īos terrenos.

Trumble les había pedido a los hombres que escupieran dentro de los viales varias veces al día para poder mapear sus niveles de testosterona. Quería descubrir si los cazadores eran recompensados con un pico de testosterona, y así fue. Como investigador del Proyecto de Salud e Historia de la Vida de los Tsimané, se había unido a una prolongada investigación sobre el bienestar y el envejecimiento humano en ausencia de la industrialización.

Ese d√≠a, cuando se fue de la selva, se top√≥ con una pregunta nueva y m√°s urgente sobre la salud humana. Al llamar a su madre, recibi√≥ una noticia terrible: su t√≠o, de 64 a√Īos, se hab√≠a enterado de que ten√≠a demencia, quiz√° la enfermedad de Alzheimer.

En solo unos cuantos a√Īos, su t√≠o -antes un vigoroso abogado- dejar√≠a de hablar, ya no comer√≠a y morir√≠a. "No pod√≠a ayudar a mi t√≠o", dijo Trumble, pero quer√≠a entender la enfermedad que lo matar√≠a. Entonces se pregunt√≥: ¬Ņa los tsiman√© les da la enfermedad de Alzheimer al igual que a nosotros? Si no es as√≠, ¬Ņqu√© podemos aprender de ellos sobre el tratamiento o la prevenci√≥n de la demencia?

"En realidad a√ļn no hay una cura para la enfermedad de Alzheimer", me dijo Trumble. "No contamos con nada que pueda revertir el da√Īo ya hecho". Se preguntaba por qu√© miles de millones de d√≥lares y d√©cadas de investigaci√≥n han tenido tan pocos resultados. Tal vez se estaban ignorando algunas pistas importantes.

Trumble se form√≥ como antrop√≥logo, y su campo -la medicina evolutiva- le ha ense√Īado a percibir nuestro entorno como un parpadeo en la l√≠nea del tiempo de la historia humana. Considera que es un problema que la investigaci√≥n m√©dica se enfoque casi exclusivamente en la "gente que vive en ciudades como Nueva York o Los √Āngeles". Los cient√≠ficos a veces se refieren a estos lugares con una sigla que en ingl√©s tambi√©n quiere decir "raro": Weird, el acr√≥nimo de las palabras occidental, educado, industrializado, rico y democr√°tico en esa lengua.

Adem√°s, se√Īalan que nuestros cuerpos siguen estando dise√Īados para el ambiente no Weird en el que nuestra especie evolucion√≥. Sin embargo, pr√°cticamente desconocemos c√≥mo afect√≥ la demencia a los humanos durante los 50.000 a√Īos anteriores a ciertos avances como los antibi√≥ticos y las granjas mecanizadas. Trumble cree que estudiar a los tsiman√© podr√≠a arrojar luz sobre esta plaga moderna.

Los tsiman√© tienen tasas de mortalidad infantil muy altas, pero quienes llegan a la edad adulta viven tanto como la mayor√≠a de las dem√°s personas por lo que es posible medir su salud hasta los 90 a√Īos o m√°s. Los investigadores del proyecto sobre los tsiman√© han pasado m√°s de 15 a√Īos haci√©ndole seguimiento a sus voluntarios y provey√©ndoles con tratamientos m√©dicos. Han descubierto que los tsiman√© difieren del resto de nosotros en varios aspectos. Por ejemplo, tienen las arterias m√°s limpias que cualquier poblaci√≥n jam√°s estudiada, lo que significa que pueden ser ampliamente inmunes a las cardiopat√≠as.

Trumble no fue el primer miembro del proyecto sobre los tsiman√© en cuestionarse acerca de la demencia en esta poblaci√≥n. En 2001, uno de los fundadores del grupo, Michael Gurven, comenz√≥ a estudiar la condici√≥n mental pidi√©ndole a los ancianos que resolvieran crucigramas. Estos y otros datos sobre el desempe√Īo cognitivo se fueron juntando hasta 2015, a√Īo en que muri√≥ el t√≠o de Trumble. Fue entonces que junto a Gurven y otros investigadores decidieron profundizar en ello.

Trumble estaba particularmente interesado en el gen ApoE4, a menudo llamado el gen de la enfermedad de Alzheimer. Los estadounidenses con dos copias del gen tienen una probabilidad diez veces mayor que los dem√°s de presentar la forma de inicio tard√≠o de la enfermedad. Trumble descubri√≥ algo sorprendente cuando analiz√≥ los datos de los tsiman√©: muchos con una copia del gen parec√≠an tener un mejor desempe√Īo en las pruebas cognitivas.

Le dio vueltas a esta paradoja cuando regresó a su laboratorio de la Universidad Estatal de Arizona. Acababa de volver de otro viaje a los asentamientos de los tsimané y se había traído un pedacito de Bolivia con él: tenía una infección intestinal causada por la bacteria Campylobacter y dos especies nefastas de E. coli.

"Haber contraído infecciones parasitarias me dio perspectiva", dijo. Por lo menos el 70 por ciento de los tsimané tienen parásitos: lombrices en los intestinos e invasores que hacen surcos en su piel. Es muy probable que lo mismo haya pasado con nuestros ancestros. Comenzó a preguntarse si estas infecciones podrían alterar la forma en que los genes afectan nuestro cuerpo.

Tal vez el gen ApoE4 proporcionaba una ventaja para la supervivencia en los ambientes ancestrales. Hoy en d√≠a, solo un cuarto de nosotros tenemos una √ļnica copia del gen ApoE4, y solo cerca de dos por cada cien individuos tienen dos copias. No obstante, los an√°lisis del ADN de huesos antiguos han mostrado que, hace miles de a√Īos, el genotipo ApoE4 era omnipresente en los humanos.

Este gen, que ayuda a producir colesterol, pudo haber sido un paso crucial para el desarrollo de nuestros cerebros actuales, grandes y hambrientos de energ√≠a, y pudo haber desempe√Īado un papel clave para defenderlos de invasores pat√≥genos.

Después, Trumble estudió los datos referentes a la salud cognitiva de todos los voluntarios tsimané que habían obtenido resultados positivos en las pruebas para detectar la presencia de parásitos. Como era de esperarse, encontró que era más probable que los tsimané con infecciones mantuvieran una buena condición mental si poseían una o dos copias del gen ApoE4; para ellos, el "gen de la enfermedad de Alzheimer" constituía una ventaja.

En contraste, en la minoría que conseguía eludir las infecciones parasitarias, sucedía lo contrario, y el gen ApoE4 estaba vinculado con el declive cognitivo, como sucede con las personas de países industrializados.

"Los humanos evolucionaron conjuntamente con una buena cantidad de parásitos distintos, pero hoy en día, con nuestra vida citadina y sedentaria, hemos eliminado a los parásitos de la ecuación", dijo Trumble. Esto podría ser lo que provocó que el gen pasara de ser una ventaja a convertirse en una carga.

Como suele suceder, estos hallazgos coinciden con algunas nuevas investigaciones de laboratorios universitarios. En artículos publicados en 2016 y 2017, los científicos consideraron la demencia de manera novedosa: no solo como una enfermedad derivada de la decadencia gradual de nuestras células, sino como un trastorno en que el cerebro se vuelve contra sí mismo.

Changiz Beula, profesor de Neurociencia en la Northwestern University, ha estudiado el tejido cerebral de personas que murieron a los 90 a√Īos o a una edad m√°s avanzada. Descubri√≥ que algunas personas que mueren con agudeza mental tienen el cerebro lleno de la porquer√≠a asociada con la patolog√≠a del Alzheimer: placas amiloides y oscuras mara√Īas. Esto significa que es posible tener un "cerebro apto para la enfermedad de Alzheimer", pero no presentar demencia. Geula cree que, en casos as√≠, alg√ļn agente en el cerebro -llam√©mosle el opuesto al del alzh√©imer- protege las neuronas contra el da√Īo. Todav√≠a se desconoce cu√°l o qu√© es.

Unos candidatos podr√≠an ser los astrocitos, que son c√©lulas que apoyan a las neuronas y las sinapsis, manteni√©ndolas sanas incluso en presencia de placas y mara√Īas. En un art√≠culo publicado este a√Īo en Nature, investigadores de Stanford describieron la forma en que estas c√©lulas, normalmente tranquilas, pueden cambiar a un "modo asesino" al modificarse y expulsar toxinas y destruir a las mismas c√©lulas que alguna vez nutrieron.

De acuerdo con Shane Liddelow, uno de los autores del art√≠culo, esta personalidad tipo Dr. Jekyll y Mr. Hyde de los astrocitos muy probablemente se desarroll√≥ hace miles de a√Īos para ahuyentar a las infecciones que invad√≠an el cerebro de nuestros ancestros. A la primera se√Īal de problemas, los astrocitos atacan, destruyendo todo lo que se cruza en su camino, incluyendo en ocasiones tejido cerebral sano. Las neuronas pueden convertirse en "transe√ļntes inocentes en este esfuerzo asesino protector", explic√≥ Liddelow.

Puesto que hoy en d√≠a la mayor√≠a de nosotros vivimos en ambientes m√°s est√©riles, este ej√©rcito en nuestro cerebro ya no est√° ocupado combatiendo pat√≥genos, as√≠ que en su lugar responde -a menudo con demasiada fuerza- contra las placas amiloides y las mara√Īas que son parte del envejecimiento normal.

"Hace diez a√Īos, muy pocos cient√≠ficos investigaban si el sistema inmunitario estaba relacionado con la enfermedad de Alzheimer, pero esta pregunta acaba de surgir con gran fuerza", dijo Liddelow. "Creo que la respuesta vendr√° de analizar c√©lulas inmunitarias de humanos de todo el mundo, que vivan en distintos ambientes".

Liddelow dijo que la hipótesis derivada de las investigaciones realizadas con los tsimané, que supone que el gen ApoE4 evolucionó para proteger nuestros cerebros de los efectos de las infecciones parasitarias, tiene mucho sentido. Ahora está preparando su propio laboratorio para comprobar esta teoría. Cree que este nuevo enfoque conducirá a "una rápida producción de tratamientos efectivos".

Trumble tiene la esperanza de que en alg√ļn momento su trabajo tambi√©n genere tratamientos. Actualmente, los cient√≠ficos que estudian el c√°ncer est√°n dise√Īando virus que ayuden al cuerpo a atacar los tumores. ¬ŅPor qu√© no se habr√≠an de dise√Īar par√°sitos?

"Por ning√ļn motivo quiero que la gente que lea esto salga a tratar de infectarse", dijo el Dr. Trumble. "Los par√°sitos pueden ser muy desagradables o peligrosos por s√≠ solos".

Sin embargo, dijo: "Ciertamente espero que, antes de que yo cumpla 80 a√Īos, ya hayamos podido descubrir el mecanismo" detr√°s de una terapia patog√©nica.

Quiz√° esto signifique un medicamento para las personas que porten el gen ApoE4, que imite los efectos de un par√°sito sin provocar los da√Īos de una infecci√≥n: una especie de bozal para el sistema inmunitario del cerebro, que impida que c√©lulas como los astrocitos ataquen a las neuronas sanas.

Trumble y el resto del equipo de investigadores deben recabar m√°s datos antes de poder contestar las preguntas m√°s b√°sicas: ¬Ņcu√°l es la tasa de demencia en la poblaci√≥n tsiman√©? ¬ŅAlgunos par√°sitos son m√°s ben√©ficos para el cerebro y otros m√°s da√Īinos? ¬ŅQu√© humanos tienen m√°s probabilidades de obtener beneficios cognitivos de una infecci√≥n?

Si los tsimané en realidad poseen la clave para una cura, Trumble y sus colaboradores no tienen tiempo que perder. Los celulares, los alimentos enlatados y otros utensilios de la vida moderna se están colando a las comunidades tsimané.

"Esta puede ser nuestra √ļltima oportunidad de entender si las enfermedades cr√≥nicas del envejecimiento, como la enfermedad cardiovascular y el alzh√©imer, siempre han atacado a los seres humanos o si est√°n relacionadas con la industrializaci√≥n", dijo Trumble.

Trumble teme que los tsimané ya se están volviendo Weird, como nosotros.

 

Pagan Kennedy es columnista de opinión y la autora de "Inventology: How We Dream Up Things That Change the World".

 

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