La Industria del conflicto
Edición "Dat0s 195"
Por: Cayo Salinas
Noviembre 2016

El conflicto por su propia naturaleza, est√° presente en todos los √°mbitos del quehacer diario. Ya sea en sociedad, familia, empresa, c√≠rculo social, religioso o deportivo, las facetas que se desarrollan en torno a √©l tienen gamas diversas que hacen que el tema adquiera niveles de complejidad. Nada nuevo anoto al se√Īalar que un determinado estado de situaci√≥n tiene variantes que se encasillan en disputas sociales, en intereses grupales o incluso en el prop√≥sito de predominio de valores -relaciones sociales de por medio- que tantas conflagraciones ha ocasionado.

En Bolivia, la situación no tendría por qué ser diferente. Los matices que nos caracterizan en términos de conflictividad nos hacen especiales en cuanto a su génesis, manejo, desarrollo y culminación. Vivimos por tanto, cotidianamente en conflicto. Ya sea porque existen razones con raíces y raigambre social poderosas que generan una permanente confrontación social y hasta cultural en una sociedad atizada por discursos belicistas, o porque el Estado en su variante municipal, departamental y central, es incapaz de lidiar con él en términos de pacificación, mediación y solución. Si la causa para que surja uno ha sido mitigada, hay que buscar otro, ya que las relaciones sociales y las de la sociedad civil con el poder del Estado, solo se entienden a través de la confrontación, la reyerta y el pugilato. Ejemplo lacerante y actual: el asesinato de varios mineros cooperativistas y del viceministro Illanes.

Queda claro que el conflicto como tal, siendo una consecuencia hasta hist√≥rica de las relaciones sociales, es base de transformaciones tambi√©n sociales, lo que no quiere decir que a t√≠tulo de ella, las sociedades deban constantemente hallarse en contienda. La evoluci√≥n tambi√©n debe encontrar cobijo en circunstancias en que las relaciones humanas asumen otro car√°cter admitiendo patrones de conducta diversos. Todo cambia, nada es perenne ni est√°tico. Esta una de las razones para que sobre el conflicto y sus teor√≠as mucho se haya escrito, desde Marx que se√Īalaba que √©ste seguir√° siendo parte de una estructura social mientras existan clases sociales, hasta los "conflictualistas liberales" como Dahrendorf, que hablaban de grupo social para identificarlo.

Sin embargo, a la gente poco habr√° de interesarle las teor√≠as respecto al conflicto y al entendimiento del comportamiento humano. Los hechos nos ense√Īan que los ciudadanos est√°n cansados de esta recurrente "hostilidad conflictiva" que nace de las relaciones de clase o de grupos sociales. Cuando en otros lados del orbe se ha logrado superar las barreras te√≥ricas que a muchos pol√≠ticos gusta y se ha trabajado pensando en cubrir las necesidades de la gente antes que la creaci√≥n de laboratorios sociales, el conflicto se ha reducido al punto de limitarse la gesti√≥n colectivista de ciertos sectores acostumbrados a √©l.

La mala noticia es que en Bolivia seguimos anclados en esta suerte de conflictividad en la que no hay suficiente Estado porque no existe institucionalidad preventiva ni mediadora. Antes al Gobierno del MAS, el propio MAS era el responsable de la articulaci√≥n del conflicto social en las calles. Ya en el Gobierno, se escucharon voces oficialistas que se√Īalaban que con el MAS controlando los movimientos sociales, la l√≥gica conflictivista radiografiada en las calles por movilizaciones, paros y bloqueos, iba a minimizarse. No fue as√≠. La realidad es que en el pasado no se asesinaba viceministros, ahora s√≠.

En el pasado moría gente en los conflictos, ahora, pese a los augurios, también. En resumen, somos una auténtica industria del conflicto. Si no lo hay, lo inventamos. La otra mala noticia es que a falta de institucionalidad, hasta socios y cogobernantes se permiten ingresar al terreno de la escaramuza, y con luto por delante.

 

Comentar
Imprimir
Enviar Articulo

Comentarios sobre el artículo
El contenido de los comentarios es de entera responsabilidad de los usuarios y no reflejan necesariamente la linea editorial de la revista Datos.
Nombre
E-mail
Comentario
Copie el código de seguridad:
 »» 
SUSCRÍBASE AHORA
Ingreso Suscritos
Lo más leido en:
Opinion
Corresponsales
El hambre no importa 
Por: Martín Caparrós / The New York Times
La morgue itinerante 
Por: Jorge Zepeda Patterson / El País
Vacantes: se busca pol√≠tico honrado 
Por: Jorge Zepeda Patterson / El País
Los riesgos de la prudencia envenenada 
Por: Jorge Zepeda Patterson / El País